*Profesora de la Facultad de Administración, Universidad de Los Andes. (Foto: Valentina Fonseca)

Mucho se ha escrito sobre la tragedia de los ríos del Pacífico, destruidos y contaminados por la entrada de retroexcavadores y dragas de mineros ilegales. Mucho se ha escrito sobre la incapacidad de las comunidades de detenerlos y la complicidad de algunos que por unos pesos al mes no se imaginaron la destrucción que venía. Muchas veces se ha denunciado la ausencia estatal y el silencio de las autoridades ambientales que se han quedado paralizadas frente a la destrucción. Sin embargo, poco se ha habla de las comunidades que resisten.

Hace un par de meses estuve en la vereda de Juntas en la parta alta del río Yurumanguí (Valle del Cauca). Una comunidad minera desde la época de La Colonia (y la esclavitud). Con un grupo de investigadores y estudiantes, en el marco de un proyecto de investigación de la Universidad de los Andes y la Universidad de Duke, fuimos hacer talleres con mineros artesanales. Queríamos aprender sobre la minería artesanal en territorios colectivos de comunidades negras.

Foto: Lina Moros

El recorrido desde Buenaventura lo hicimos por el manglar. Un laberinto de raíces que recuerda la entrada a otro mundo. La lluvia demoró la salida y la marea se llevó el agua. Tuvimos que esperar unas horas en la comunidad de Las Contras. Cuando la marea regresó, pudimos continuar nuestro recorrido. Siguió lloviendo durante todo el viaje. Después de un par de horas, un letrero de madera colgado de un manglar gigante nos anunció que estábamos en el territorio colectivo y ancestral de Yurumanguí.

Foto: Valentina Fonseca

El Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Cuenca del Rio Yurumanguí tiene cerca 55.000 hectáreas tituladas como propiedad colectiva amparadas bajo la Ley 70 de 1993, y una larga tradición organizativa. El Consejo está compuesto por 13 veredas distribuidas a lo largo de la cuenca: parte baja, media y alta.

La primera noche nos quedamos en Veneral, en la parte baja del río. Un pueblo alegre y ordenado; llegamos justo para la novena de la Virgen del Carmen. Nos quedamos en la casa de los Arroyo, los papas de Álvaro, quien era parte del equipo de investigadores. La mamá de Álvaro es maestra y su papá promotor de salud. Todas sus vidas dedicadas a la comunidad. Álvaro como todos sus hermanos, es profesional. Ya no vive en el río, pero todo el tiempo está conectado con lo que allí pasa.

Foto: Valentina Fonseca

Al amanecer del día siguiente nos recogió la lancha comunitaria de la vereda de Juntas. Richard vino por nosotros. Richard tiene una sonrisa adornada con dientes de oro y una energía arrolladora. Está pasando una temporada en la casa pues ahora vive en Palmira, estudiando para ser vigilante aunque la verdad él quiere ser joyero para trabajar el oro. Nos mostró su anillo preferido. Lo mandó hacer en Buenaventura pero él mismo encontró el oro.

Comenzamos a subir….

Foto: Valentina Fonseca

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