Zamia Encephalartoide / Foto: Cristina López Vallejo

Basta con navegar por internet y digitar el nombre científico de alguna zamia colombiana y encontrar con total facilidad diversas especies a la venta, no se sabe si de forma legal o ilegal. En una tienda virtual, se puede llenar un carrito de compras con semillas de Zamia Encephalartoides (zamia de las rocas o cacao indio) una especie exclusiva de Colombia en peligro crítico de extinción, perfecta para usos ornamentales y que habita en zonas rocosas y escarpadas; y la Zamia roezlii (Chigua o Zamia de los manglares) especie en categoría de vulnerabilidad asociada a las zonas inundables del Pacífico colombiano y las áreas de manglares.

Ambas integran el gran stock de productos que, con seguridad, han llegado a miles de lugares en el mundo a través de un correo certificado por varios cientos de euros. A simple vista no hay un aviso que legalmente presente el negocio con el respaldo necesario para pensar que todo se vende estrictamente bajo la regulación de las leyes internacionales de comercio de especies amenazadas. Tranquilizan a sus compradores presentando como parte de la legalidad del negocio, garantías de germinación de las semillas y lineamientos de comercio justo reconociendo que dan a sus recolectores, como mínimo, la mitad de lo que ganan con la venta argumentando que: “no solo ayudamos a los recolectores de países en muchos casos muy pobres, sino también a muchas plantas que en su hábitat natural a menudo están amenazadas por la deforestación”.

Suena responsable, es lo que muchos podrían pensar, sobre todo si quienes se benefician del negocio económicamente reconocen que con él contribuyen al mejoramiento de vida de las comunidades locales y a la conservación de especies. Esto al evitar que con la recolección y venta de semillas, las plantas se saquen de sus entornos naturales condenándolas a desaparecer mientras pasan a conformar colecciones exóticas en cualquier lugar del mundo.

Pero, ¿cómo saber que pasa realmente detrás del negocio y qué tan legal es? Tener una respuesta de los comerciantes no ha sido una tarea fácil, lo que sí han dejado claro, es que no se hacen responsables de los reglamentos internacionales de cada país en el momento que el comprador reciba las semillas.

Y aunque el comercio de las semillas de zamias no está prohibido, al estar en el apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres CITES, todo debe hacerse con el respaldo y conocimiento de las autoridades ambientales de cada país.

Por ahora lo único que queda claro es que se están comercializando semillas de una especie como la Zamia Encephalartoides, que según el Libro Rojo de Especies de Plantas del Instituto Humboldt y la Universidad Nacional de Colombia, estaría en peligro debido a la extracción indiscriminada para fines comerciales y por la la degradación de las zonas en las que habita.

Su diferencia y gran atractivo radica en que esta zamia, parecida a una palma, tiene conos con espirales grandes y llamativos de color café y verde claro con hojas duraderas, muy diferente a otras especies cuya característica son los conos café rojizos. La Zamia de las rocas presente en suelos con pocos nutrientes es polinizada por un coleóptero y la viabilidad de las semillas que caen de los conos son de un 50% de germinación, estas características la hacen una ficha de colección perfecta que la condena a la extinción con un agravante, si desaparece la planta del medio agreste de pendientes rocosas en el que crece, desaparecen los coleópteros que dependen de ella.

Para muchos de los investigadores, que han venido trabajando de forma articulada en la investigación de las zamias, la recolección de semillas y su comercialización legalmente podría ser una clave para la conservación. Al facilitar su propagación en viveros se reduciría la presión sobre poblaciones naturales, teniendo en cuenta que el desarrollo de la actividad de manera ilegal podría igualmente contribuir con la extinción de estas antiguas plantas.

“Dinosaurios vegetales, fósiles vivientes”


Las zamias, miembro del gran grupo de las Cícadas, un linaje de plantas muy antiguas, con conos que producen semillas pero no tienen flores, (Gimnospermas) tienen un sello que las condena: ser “dinosaurios vegetales” que han vivido en la tierra desde el periodo Pérmico hace unos 230 millones de años y que tuvieron su máxima expansión en la era Mezozóica durante el Jurásico hace 150 millones de años cuando compartían territorio con los dinosaurios.

Estos “fósiles vivientes” se han convertido en símbolo de status, al integrar las más exóticas colecciones seguramente con muchas plantas de las 340 cicadas reconocidas y 76 especies del género Zamia todas, distribuidas en las regiones tropicales y subtropicales de África, Australia y América incluyendo las Antillas.

Colombia es el país más biodiverso del mundo en zamias al tener una representación de 21 especies, algunas compartidas con Panamá, Ecuador y Venezuela, distribuidas en toda la región tropical del país y presentes en costas, desiertos, acantilados, sabanas, bosques secos, bosques húmedos y hasta en manglares. Pero la riqueza de Colombia en zamias contrasta con un el 50% de estas plantas amenazadas incluidas en categorías en peligro, peligro crítico y vulnerable.

El 62% de las Zamias de Colombia son endémicas es decir, 13 de las 21 especies son exclusivas del país, las exploraciones botánicas realizadas de 1970 hasta 1990, dieron pie a la descripción de la mayoría de las especies conocidas hoy. Sin embargo, en los últimos años se han encontrado cuatro especies más que están en proceso de ser descritas y que son potencialmente nuevas.

Por esta razón es que al día de hoy la Zamia de las Rocas y 20 zamias más, integran el Plan de Acción para la Conservación de las Zamias en el país que se ha venido gestando desde hace cinco años con la Universidad de Antioquia y el Instituto Humboldt con el apoyo del Ministerio de Ambiente. 




Plan para la conservación de las Zamias en Colombia

Para Crisitna López Gallego profesora del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquía uno de los grandes problemas para conservar las zamias es su desconocimiento “no podemos conservar lo que no conocemos, si no sabemos en dónde están y si no conocemos su importancia y no las valoramos, no las vamos a conservar, incluso alguien con buenas intenciones en una corporación o en una comunidad local puede extraerlas ignorando lo que están usando, confundiéndola con un helecho u otra especie sin saber lo que es realmente” aclara López, “por eso no conocerlas impide que podamos hacer una conservación más efectiva”, concluye.

Sin embargo, la bióloga especialista en el tema, explica que las zamias están desapareciendo del país por la deforestación que se genera sobre los bosques, hábitat de este género y por el tráfico de especies que en Colombia es una amenaza latente.

Por eso la realización de un Plan de Acción para la Conservación de Zamias, desarrollado con el apoyo de los institutos de investigación del país, los jardines botánicos y la academia, se convertirá en una base para articular esfuerzos de gestión hasta el año 2025 en el que principalmente se genere conocimiento y acciones concretas para la conservación de las zamias en Colombia, especies carismáticas y sombrilla para la conservación.

*Periodista y conductora de Blu Verde

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