El país es pionero en la masificación de la energía eólica. Foto: Archivo Semana

El cambio en Alemania en los últimos 30 años se hace visible cuando se aterriza de vuelta de un país extranjero. Así lo cree Jürgen Trittin, ministro de Medio Ambiente entre 1998 y 2005: “noto que estoy en casa por los aerogeneradores”. Actualmente, 26.000 aerogeneradores funcionan en Alemania para producir un tercio de la electricidad a base de energías renovables. En 1986, eso era una utopía. Trittin, miembro del partido Los Verdes, no oculta su satisfacción y, desde su oficina cerca del parlamento, el hoy diputado pasa revista a los últimos 30 años.

Ministerio por causa mayor

En 1986, Helmut Kohl era el canciller. Los Verdes eran un partido joven con cada vez más apoyo entre el pueblo. Cuando en abril de ese mismo año explotó el reactor de la central de Chernóbil, la nube nuclear amenazaba Europa Occidental. El accidente fue tema dominante durante semanas y Kohl reaccionó fundando el ministerio de Medio Ambiente. Probablemente, también para impedir que cobrase fuerza el joven partido Los Verdes.

Ahora, 30 años después, hay aerogeneradores y placas solares en todo el país y pronto ya no habrá centrales nucleares. Tanto Trittin como sus sucesores fueron responsables de algunos de estos avances, pero otros se quedaron en el tintero. Por ejemplo, la política de tráfico: “Al contario que en Estados Unidos, el ministerio de Medio Ambiente alemán todavía no consiguió actuar con decisión en la política de tráfico. Los permisos e inspecciones corren por cuenta del ministerio de Transporte. Con maldad, se podría decir que la industria automovilista de Alemania se controla a sí misma”, aclara Trittin. El ejemplo más claro: el escándalo de las emisiones de VW.

Buena imagen internacional

Sin embargo, los alemanes son considerados precursores en la protección medioambiental. No quiere decir que todos los lagos y ríos estén limpios, ni que la naturaleza esté intacta, puesto que el consumo de superficie en Alemania sigue siendo alto. Diariamente, se construyen o se usan superficies similares a 100 campos de fútbol, algo que tampoco ha podido cambiar este ministerio que, por otra parte, sí ha sabido impulsar iniciativas a nivel internacional.

También Trittin lo reconoce: “Sin Helmut Kohl y su ministro de Medio Ambiente Klaus Töpfer, no existiría el protocolo de Kyoto”. Töpfer, ministro entre 1987 y 1994, elevó la voz en la Conferencia de Naciones Unidas en Río en 1992, nadó en el Rin para demostrar la calidad de las aguas y posteriormente, fue nombrado jefe del programa medioambiental de la ONU. En 1994, su sucesora, Angela Merkel, terminó el trabajo y, por primera vez, la ONU declaró oficialmente su intención de proteger el medio ambiente. Un objetivo impulsado por Alemania.

Otra de las batallas del ministerio fue lo que se conoce como cambio energético. A menudo, enfrentándose al ministerio de Economía. Actualmente, la ley de impulso de energía solar y eólica sigue vigente y “el gran arco de energías renovables desde China hasta Estados Unidos no se habría conseguido sin el impulso del cambio energético alemán”, cree Trittin. Aun así, el panorama energético del país sigue marcado por el carbón, un tema en el que el ministerio no pudo avanzar. Sobre la energía atómica, casi todos los ministros de Medio Ambiente lucharon por la desconexión. Primero fueron el SPD, Los Verdes y La Izquierda, pero tras la catástrofe de Fukushima, en 2011, Angela Merkel también dijo un claro no a la energía nuclear.

El impuesto al plástico

¿Y qué hizo Trittin? Hoy todavía muchos hablan sobre el tema que le generó más rechazo entre la opinión pública: el depósito por los envases reciclables. Trittin consiguió imponer el pago de un depósito según un sistema originalmente ideado por Klaus Töpfer. Entonces, se enfrentó a un sinfín de comentarios en contra en los medios, pero en la actualidad no molesta a nadie. Para el político, es un ejemplo de que no hay que claudicar: “impusimos el derecho ante la presión de los lobbys”, dice Trittin. “Una buena política medioambiental genera el marco para que el ciudadano viva de acuerdo con el medio ambiente”, continúa. Y ahora los alemanes son un pueblo de ciclistas y separadores de basura. En parte, gracias al ministerio, aunque todavía les siga gustando conducir carros potentes.

 

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