A principios del año pasado, funcionarios de Corantioquia recibieron el reporte de que un perro “muy extraño” estaba rondando por la zona rural del municipio de La Estrella, al sur del Valle de Aburrá. De inmediato se desplazaron hasta la zona y comprobaron que se trataba de un animal parecido a un lobo, cosa que solo pudieron comprobar semanas más tarde tras un examen de ADN realizada por un laboratorio estadounidense.

Pese a la incertidumbre, en ese momento decidieron decomisarlo, pues estos animales no habitan en ecosistemas tropicales como los de Colombia. Según explican los expertos de esa entidad, no se sabe exactamente cómo entró al país. Se presume que lo hicieron pasar por un perro siberiano, lo cual se facilitó por su gran parecido con estos animales domésticos y porque se habría necesitado un ojo muy entrenado para detectar la diferencia.

Cuando lo encontraron, el lobo estaba desnutrido y con marcas de cadena en su cuello. Por eso la Corporación se dio a la tarea de recuperarlo e iniciar con él un proceso de rehabilitación antes de iniciar las gestiones para devolverlo a su hábitat natural. Durante un año, Ámarok, como fue bautizado el animal, permaneció en el zoológico Santa Fe recibiendo los cuidados necesarios para su supervivencia.

Entre tanto, la Corporación estableció los contactos necesarios para trasladar a Amarok a un lugar en el que pudiera retornar a su vida normal. Tras varias averigüaciones, consiguieron que el Colorado Wolf and Wildlife Center, un santuario natural especializado en el cuidado de estos animales ubicado en la ciudad estadounidense de Denver, se comprometiera a recibir al lobo.

Luego de varios meses en los que se surtieron los trámites legales para el traslado, finalmente este miércoles Ámarok viajó a Estados Unidos para instalarse en su nuevo hogar. El lobo fue  levemente sedado para evitar el estrés del viaje, pero no dormido totalmente para que pudiera alimentarse. El trayecto desde Medellín hasta el santuario tuvo duración de unas 10 horas y el animal estuvo acompañado todo el tiempo por personal veterinario.

En su primer día en libertad, el lobo socializó por primera vez con otro ejemplar de su especie, lo cual significa un gran avance en medio del proceso de rehabilitación. La expectativa es que pese al tiempo que pasó por fuera de su hábitat, Ámarok se adapte fácilmente a su entorno y adquiera de nuevo los hábitos naturales, los cuales había perdido por el cautiverio al que fue sometido.

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