Páramo de Iguaque.

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) junto al Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) publicaron recientemente el V Informe Nacional de Biodiversidad.

El documento  presenta una radiografía del impacto ambiental de las industrias, en especial de las denominadas locomotoras, en los ecosistemas del país.

La investigación expone algunas cifras como que “de 2004 a 2008 los títulos para la extracción de carbón aumentaron en un 87 por ciento” y que las “más de 19.000 solicitudes (para títulos mineros) equivaldrían a 40 millones de hectáreas de las 114 millones de hectáreas que componen el territorio nacional”.

Otros sectores con un impacto importante sobre el medio ambiente son analizados, como es el caso de la ganadería. En los últimos 50 años, las hectáreas de bosques naturales convertidas en pasturas degradadas para esta actividad productiva han pasado de 14 millones a 39,8 millones.

Las industrias están creciendo aceleradamente, reza el reporte, sin embargo “las políticas, planes y programas ambientales están aún en proceso de adopción”.

Pese a que existe la figura de las compensaciones y sanciones ambientales y los programas de responsabilidad social de las empresas se fortalecen a medida que los criterios de sostenibilidad cobran mayor relevancia, aún restan muchas dificultades por superar a la hora de devolverle a la naturaleza lo que se ha extraído de ella.

En el caso de las compensaciones, que son los planes y acciones que las empresas implementan para restaurar ecosistemas degradados o conservar otros, se tiene un alto desconocimiento “sobre la titularidad y la ubicación de los predios donde se están llevando a cabo”.

En gran parte esto ocurre porque “las autoridades ambientales no cuentan con una base de datos para realizar seguimiento y control a las medidas de compensación que se deben ejecutar en cada jurisdicción”.

Así lo explica el documento Hacia los bancos de hábitats como herramienta de compensación ambiental en Colombia elaborado por la Fundación para la Defensa del Interés Público-Fundepúblico- que propone los bancos de hábitats como una solución al problema de la gestión y el control de actividades compensatorias ambientales  en Colombia.

Este enfoque relativamente nuevo, se implementó por primera vez en 1995, cuenta con precedentes exitosos en Estados Unidos, Australia y Alemania, al igual que proyectos piloto en Francia e Inglaterra.

Un banco de hábitat o banco de tierras es una figura ambiental por medio de la cual zonas del territorio se destinan a actividades de conservación y restauración.

Una persona, empresa u organización puede adquirir un terreno bajo la figura de banco de hábitat para luego ofertarlo a empresas que realicen actividades con un alto impacto ambiental, como ocurre en el caso de las mineras o de las empresas dedicadas a la infraestructura.

Por ejemplo, una organización adquiere 100 hectáreas y crea un banco de hábitat. Luego, una empresa minera puede comprar 20 de estas hectáreas y realizar actividades compensatorias.

“Lo que se vende a estas empresas no es la tierra, sino el derecho a la ganancia en biodiversidad que se asocia a ese banco de hábitat” dijo Mariana Sarmiento, autora del informe de Fundepúblico, en diálogo con Semana Sostenible.

Sarmiento explicó que esta figura se diferencia de las demás medidas compensatorias en cuanto que haría más fácil el seguimiento de las actividades de restauración y conservación en el país.

“En Colombia hay suficientes áreas bien tituladas, que son marginales para la agricultura y que podrían tener vocación de protección y conservación” continúa Sarmiento “Lo que se evidencia en otros países es un registro claro de estos bancos. Es una solución viable para Colombia y es importante abrir esta discusión” concluyó.

Bancos de hábitat en Colombia:

Bancos de hábitat en el mundo:


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