Rachel Gutter es una de las invitadas centrales de Construverde.

Reducir el proceso de aprendizaje escolar al currículo que enseñan los profesores sería un tremendo error. La definición de la educación formal es mucho más amplia e incluye por supuesto la alimentación, los espacios y momentos de juego, las formas en que se relacionan los alumnos entre sí y con los maestros y autoridades y, por supuesto, el entorno en el que todo esto sucede.

El pasado mes de julio el Gobierno Nacional anunció que invertirá 4.5 billones de pesos en infraestructura educativa para construir y adecuar más de 30.000 aulas en más de 1.500 colegios. La inversión se realizará a lo largo de los próximos cuatro años. (Vea: Los invernaderos ecológicos de Google)

Esa inversión es una gran oportunidad para la educación ambiental, aunque en principio la asociación resulte poco familiar esa asociación. Como señala Cristina Gamboa, directora ejecutiva del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS), existe una enorme posibilidad para “educar a los estudiantes a que tengan competencias en sostenibilidad”. 

Entre otros motivos, este llevo a Gamboa y al CCCS a invitar Rachel Gutter, la directora del Center for Green Schools, a ser una de las conferencistas destacadas en Construverde, el foro anual de diseño y construcción Sostenible que inicia este miércoles 9 de septiembre en el cubo de Colsubsidio, en Bogotá. (Vea: Ciclovías y pasos peatonales subterráneos para mejorar la movilidad)

Gutter se propone lograr que todos los estudiantes del mundo asistan y aprendan en colegios sostenibles dentro de una generación. Esta tarea recae en tres pilares principales: reducir gradualmente y hasta cero el gasto tanto en energía (incluyendo el transporte) como en agua y la generación de residuos, lograr que el plantel tenga un impacto positivo sobre la salud y enseñar aptitudes en temas ambientales y de sostenibilidad.

Para Gutter, algunas sencillas intervenciones que se pueden incluir en la ambiciosa inversión que va a hacer Colombia en los próximos cuatro años para mejorar la educación y el bienestar de los alumnos no necesariamente resultarían en costos adicionales.

De hecho, lo más factible es que resulten en ahorros sustanciales si las inversiones se hacen de una forma muy inteligente: construir de forma en que las aulas tengan acceso a luz natural no solamente baja el gasto de energía sino que mejora la atención; disminuir al máximo el CO2 en las aulas a través de los sistemas de ventilación puede mejorar la retención de información y el rendimiento académico y proporcionar espacios y herramientas para reusar y reciclar el material educativo resultaría en menores gastos tanto para las escuelas como para las familias de los estudiantes. (Vea: La cicloruta de energía solar inspirada en Van Gogh)

Separar residuos, reusar todo lo posible e incluso tener sistemas de compostaje en las escuelas constituyen importantes lecciones para los estudiantes, que internalizarán una nueva forma de hacer las cosas aprovechando al máximo todos los recursos que están a su alcance. De las instalaciones depende la posibilidad, por ejemplo, de almacenar recursos para ser utilizados posteriormente.

Como señala Gutter “estamos antes una nueva generación de estudiantes con una inteligencia particular, sostenible, mediante la cual pueden manejar integralmente el lenguaje del desarrollo sostenible e intuitivamente tomar decisiones de utilizar lo que necesitan en lugar de todo lo que podrían”.

Vale la pena que nuestras autoridades educativas y ambientales escuchen el mensaje de Gutter en Construverde. Esta inversión histórica en infraestructura educativa no se va a repetir en los próximos años. Lograr estudiantes hábiles en el manejo de recursos escasos puede ser fundamental para el bienestar de nuestro país.

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