En 50 años los matrimonios han demostrado que el estudio y mejores ingresos van de la mano.

No es novedad, de hecho es un cliché, ver en televisión la historia de amor entre un hombre o mujer rica que se enamora de un hombre o mujer pobre. La idea  que se siempre se vende es que el amor va más allá del dinero, de los estudios, de la familia. De hecho en la música, Carlos Vives en una canción describe que le es imposible comprar un reloj Cartier a su mujer, sin embargo, le da el sol, un nuevo amanecer.

¿Romántico? Sí ¿Práctico? discutible. Un reciente estudio publicado por la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas en Estados Unidos concluye que la relación matrimonio,  educación y beneficios ha estado marcando la parada en el matrimonio desde 1960 y que además, este vínculo explica que la inequidad haya aumentado un 25 por ciento en el país.

No es difícil de creer. Para 1960, 42. 5 por ciento de las mujeres casadas apenas tenían estudios de bachillerato y sólo el 4.5 por ciento de los matrimonios estaba conformado por un hombre y una mujer que habían ido y terminado sus estudios universitarios.  Para la época, era normal que el hombre fuera más educado y buscara, no quien aportara a los gastos del hogar, sino una buena mamá. Esta era la idea del matrimonio.  

Sin embargo, el mundo cambió. Las mujeres empezaron a  llegar las universidades y las tendencias en términos de qué era el matrimonio y para qué servía, se transformaron. Un dato relevante es que en los países en vía de desarrollo, la educación primaria, por ejemplo, ha logrado llegar a las niñas, esto ha significado que la tasa de finalización de la primaria pasó de 88 a 94, según el Banco Mundial.

Para el 2012 el 37.5 por ciento de las mujeres en el mundo tenía estudios universitarios y el 57.7 por ciento estaba vinculada a algún tipo de trabajo, lo cual demuestra el cambio a nivel social. Pero los investigadores demostraron que el otro gran cambio se dio en los recursos del hogar. Mientras en 1960 una familia tradicional tendría 103 por ciento de ingresos superiores al promedio, para el 2005 la cifra había llegado a 83 por ciento. Es decir, que hubo una reducción de 20 puntos porcentuales en el presupuesto del hogar.

De esta manera, explican los investigadores, a medida que el tiempo fue pasando las personas fueron más conscientes de la necesidad de conseguir parejas no sólo con quienes hubiera “química”, sino que fueran similares en materia de educación, ya que las cifras apuntan a que a mayores estudios, mejores salarios.  

De acuerdo con cifras del observatorio de educación del Ministerio de Educación Nacional de Colombia los especialistas tienen una tasa de enganche laboral del 91.5 por ciento, y un salario promedio de 2.701.503 pesos; Magíster tienen tasa de enganche laboral del 92.6 por ciento, y un salario promedio de  3.396.815 pesos y los doctores tienen una tasa de enganche laboral del 94.2 por ciento, y un salario promedio de  5.249.673 pesos.

Bajo esta premisa, la investigación sugiere que la relación educación y matrimonio ha afectado el coeficiente Gini, el cual mide la inequidad en los países. En la década de los sesenta en Estados Unidos este llegaba a 0.35 y para 2005 estaba en 0.43. El incremento en la desigualdad, según los autores del estudio, encuentra una causa en los matrimonios que se han hecho basados pensando en el nivel de educación y por tanto en la estabilidad financiera. “ El emparejamiento selectivo es importante en la desigualdad de ingresos ", afirma la investigación.

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