La Guajira también hace parte del mundo macondiano.

El mayor litoral del país, al lado de imponentes cadenas montañosas como la Sierra Nevada y los Montes de Oca, que mueren en extensas dunas del desierto en donde se levantan oasis de abrumadora belleza como Makuira, es un paisaje que engrandece el alma que remata con la vista al infinito océano que nos brinda el Cabo de la Vela.

Este alucinante paisaje guajiro no podría más que engendrar un mosaico de posibilidades culturales. Albergar y perpetuar una de nuestras ancestrales culturas como la wayúu ha sido uno de los retos más grandes del territorio. Si bien las presiones del mundo actual y la problemática que presentan las regiones de nuestro país en medio del conflicto y de la ausencia de soluciones para la pobreza de nuestro pueblo indígena amenazan permanentemente la supervivencia de este extenso grupo humano, su tenacidad y lucha por un papel activo en una dinámica de desarrollo ajena a su esencia ha permitido su trascender. (Vea: Una esmeralda entre las nubes)

En la creación literaria de nuestro premio nobel, el escenario convertido en el mundo mágico de Macondo lleva el sello de La Guajira. Si bien Aracataca brindó el espacio perfecto para un imaginario infantil de una creatividad única, las raíces guajiras de sus pensamientos alimentaron los frutos del realismo fantástico de sus obras.

“La casa de Aracataca estaba llena de indios guajiros, no de habitantes del departamento. Eran gente distinta que aportaba un pensamiento y una cultura a esa casa que era de españoles y que los mayores no apreciaban ni creían, pero yo vivía más a nivel de los indios y ellos me contaban historias y me metían supersticiones, ideas que yo notaba que no tenía la abuela”. García Márquez en entrevista de 1994 a la revista Gaceta de Colcultura titulada ‘La edad de las palabras’. (Vea: Mavecure una isla en el tiempo)

La Guajira se atreve a soñar

Las noticias que inundan de tristeza y desesperación al ver un pueblo muriendo de sed y desnutrición deben alentarnos a volcar nuestras miradas como agentes activos en el camino a la sostenibilidad de las regiones del país con problemáticas recrudecidas por la naturaleza y los modelos anacrónicos de política que le han arrebatado la posibilidad de mejores horizontes.

La solución a estas delicadas problemáticas sociales y medioambientales trasciende la caridad y filantropía que con campañas mediáticas inunda de bienes y servicios de manera mágica y efímera, a comunidades que luego guardan como recuerdo los empaques (botellas, bolsas, cajas) de una bonanza que sirvió para aumentar exponencialmente sus problemas de basura y contaminación. (Vea: Cinco buenas razones para visitar los Parques Naturales)

Se acaban las donaciones, se alejan los medios y la miseria sigue en su puesto. La respuesta no está escrita y menos aún contiene la receta mágica para devolver la esperanza y las ganas de una vida mejor que aun refleja la sonrisa de miles de niños y jóvenes indígenas y ‘arijunas’. Pero así como la construcción de un Macondo inolvidable fue posible en una mente en donde los dioses se entremezclaron para poder explicar la idiosincrasia de un pueblo mestizo, así mismo de variadas, creativas y multiculturales deben ser las acciones a desarrollar para soñar una Guajira mejor.

La Guajira se atreve a soñar con un futuro mejor, en donde además de volar mariposas amarillas se pueda apreciar su riqueza y mejorar la calidad de vida de sus miles de habitantes.

‘La Ruta de la Riohacha de Gabo’

Macondo comenzó a engendrarse en lengua wayúu, tal como el mismo autor lo dice en su obra Vivir para contarla.

En el marco de los 50 años, la Gobernación de La Guajira, la Alcaldía de Riohacha, el Banco de la República y Cerrejón lanzan para el deleite de todos nosotros los colombianos y de los miles de extranjeros que visitan nuestra patria, la Ruta de la Riohacha de Gabo para conmemorar el importante paso de Macondo por el norte del país articulando la obra literaria con el conjunto mítico wayúu, el universo social y religioso guajiro. (Vea: La ciudad comestible: frutas y verduras gratuitas)

La ruta comprende el Parque Nicolás de Federmán, el muelle de Riohacha, la casa de la familia Márquez Iguarán en donde fue concebido Gabo, la casa del telegrafista y la Catedral Nuestra Señora de los Remedios.

La oferta turística de la región se ha consolidado para poder brindar opciones de alta calidad. Con el hotel Waya se apuesta al desarrollo de proyectos sostenibles e integrales, pues no solo abre las puertas de una zona poco explorada sino que se ha dedicado a desarrollar proveedores locales para prestar sus servicios. En total se han vinculado 54 proveedores locales.

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