Esta pregunta subyace tras la controversia entre Camilo Herrera, fundador de Un Litro de Luz Colombia, y la electrificadora Essa que hace parte del Grupo EPM. Herrera acusa a esta de robarle su innovación social.

El 16 de abril de 2013, Camilo Herrera, creador de la Fundación Un Litro de Luz Colombia, recibió un correo que se convertiría en el problema más grande al que se ha enfrentado en su carrera profesional. El remitente era Édgar Augusto Álvarez, del área de servicios comerciales de Essa, electrificadora bumanguesa del Grupo EPM. 

En el correo, Álvarez le pedía a Herrera información sobre Un Litro de Luz Colombia para poder llevarlo a las comunidades donde tiene impacto su operación. 

La Fundación Un Litro de Luz Colombia fue creada por Herrera en 2011, año en que conoció la iniciativa del filipino Illac Díaz, quien instauró la primera Fundación Litro de Luz en el mundo y diseñó un modelo de empresa social que podía ser replicado en cualquier país y que, además, buscaba reinvertir las ganancias en la empresa para incrementar su impacto. Las primeras botellas fueron instaladas en Bogotá en dos localidades de Ciudad Bolívar: Divino Niño y La Colina. En total, más de 300 viviendas en zonas de Cali y varias decenas más en Cartagena y Bogotá han sido impactadas por la iniciativa de Herrera, que busca, para empezar, llevar un litro de luz a 1.000 viviendas del país.

Herrera estaba viajando por esos días por lo que no pudo responder el correo de Álvarez hasta casi dos meses después de recibirlo. En su respuesta envió una propuesta detallada en la que explicaba cuántas viviendas podrían beneficiarse del proyecto, qué costo tendría este tipo de instalación, cuál era el rol de cada parte y por cuánto tiempo. Además, incluyó el video oficial de Un Litro de Luz Colombia.

Después de enviarle este mensaje no obtuvo contestación y asumió que, por cualquier razón, Essa había desistido en su interés de trabajar con él. Sin embargo, casi un año después, a comienzos de 2014, recibió un nuevo correo de Álvarez en el que este le explicaba que los costos propuestos eran muy altos y le pedía una alternativa. En respuesta, Herrera le ofreció venderle licencias a Essa de manera que la empresa pudiera instalar sin que se violaran los derechos de propiedad intelectual de Un Litro de Luz Colombia. 

Después de este correo la comunicación entre Herrera y Essa cesó. Nunca recibió respuesta a esta segunda propuesta y tampoco les volvió a escribir. A comienzos de 2014, sin embargo, todo dio un giro inesperado. Esa noche, en plena Semana Santa, uno de sus amigos lo llamó para felicitarlo por el proyecto que estaba desarrollando en Bucaramanga. El problema es que, como le dijo Herrera a su amigo, él no estaba involucrado con este. 

Desconcertado, le pidió que le explicara de qué estaba hablando a lo que él respondió con un link que llevaba a un comunicado publicado por Essa. En este se anunciaban el lanzamiento de su proyecto Un litro de Buena Energía en las comunidades donde operaba en Santander. 

Al ver la noticia, Herrera pasó del desconcierto a la ira por las similitudes evidentes en el nombre y la instalación. Le impresionó que una línea del comunicado reprodujera casi exactamente lo que el gerente de Pepsi, Gabriel Tufaro, dice en el video oficial de la iniciativa. Inmediatamente, Herrera le escribió a Álvarez y trató de contactarlo en su celular y teléfono fijo, pero nunca logró hablar con él. A la fecha, la página donde estaba el comunicado ha sido eliminada. 

Un Litro de Luz

Para entender mejor esta historia es necesario hacer un alto y explicar qué es y cómo nace Un Litro de Luz en el mundo. 

En 2002, Alfredo Moser, un mecánico nacido en Uberaba, provincia de Minas de Gerais en Brasil, creó una lámpara que llamó Lámpara de Moser que no necesitaba electricidad para funcionar. La idea surgió durante uno de los apagones, ya frecuentes en el país, y cambió la vida de la comunidad.

El mecanismo de esta lámpara consiste en una botella plástica donde se mezcla agua y cloro y funciona por refracción solar. Para fijarlas en las casas se abre un hueco en el techo, se introducen las botellas y luego se pegan con resina de poliéster que no permite que se muevan o que haya filtraciones de agua. Su intensidad es de aproximadamente 60 vatios y no emite carbono. Su éxito ha sido innegable y ya está presente en comunidades de bajos ingresos de 15 países entre los que se cuentan Filipinas, India, Bangladesh, Tanzania, Argentina, Colombia, México y Fiyi.

Inspirado por este invento, Illac Díaz, creador de la fundación filipina My Shelter (Mi resguardo en español) –que usó para apoyar este proyecto–, lanzó esta tecnología como una empresa social en abril de 2011. Con la idea de que el descubrimiento de Moser creciera y se replicara de manera sostenible, Díaz comenzó por implementar un modelo de negocio de emprendimiento local en la comunidad filipina de San Pedro, donde estos bombillos de agua eran instalados por personas de la misma comunidad a cambio de una remuneración. Así, este proyecto llegó a instalar más de 15.000 botellas en pocos meses. Hoy, My Shelter ofrece cursos donde enseña a emprendedores de todo el mundo cómo se instala y escala Un Litro de Luz.

Díaz logró replicar la innovación de Moser de manera masiva y a un bajo costo. Aunque el primero no pensó las botellas para que generaran ingresos, Díaz quiso añadirle este elemento para hacer de Un Litro de Luz un emprendimiento social donde hubiera apropiación de tecnologías a un bajo costo.

La Fundación Un Litro de Luz Colombia es un negocio social inspirado en su modelo. El impacto que ha tenido en el país y el hecho de haber sido pionera en la implementación y desarrollo de Un Litro de luz Noche, hizo que Naciones Unidas la premiaran en la convención del Cambio Climático en Durban.

¿A quién le pertenece el © de la innovación social?

Al contactar a Álvarez, Semana Sostenible obtuvo la misma respuesta que Herrera, salvo un poco más de información: él no hablaría con nadie porque no era un vocero oficial de la organización. Sin embargo, Carlos Alberto Gómez, gerente general de Essa, sí estaba dispuesto a hacerlo. 

En una conversación vía Skype con Semana Sostenible, Gómez afirmó que no existe ningún tipo de licencia o de patente que certifique Un litro de Luz Colombia y dijo que el proyecto de Herrera era como “si alguien se apropiara del aire”. También afirmó: “Herrera nunca había enviado el ejemplo de la licencia” y que “lo que hacemos con nuestro programa, Un litro de Buena Energía, es usar la lámpara tal como la desarrolló Moser, que la pone al servicio de la humanidad. El agua lluvia y cloro vienen de cualquier parte. Ahí no hubo plagio”.

Aquí las versiones comienzan a estrellarse: Herrera sí les mandó el ejemplo de cómo se usaría e implementaría la licencia; además, él certifico la Fundación Un Litro de Luz Colombia y la instalación que hace ante la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC).

Al preguntarle por la similitud en los nombres Gómez respondió: “No sé. Esto surgió aquí con la gente que desarrolló el tema. El programa se llama Un Litro de Luz internacionalmente en Filipinas. Como nuestro proyecto de recuperación de pérdidas se llama Proyecto de Buena Energía para Todos, lo que hicimos fue asociar el litro. Que no es un litro sino dos o uno y medio”.

Para Álvaro Correa, representante legal de la Fundación Un litro de luz Colombia y abogado de la firma Baker &Mackenzie, el hecho de que esta sea una marca registrada le da derecho de exclusión a la Fundación y también le permite inhabilitar el uso de nombres similares o iguales al suyo a otras compañías. En esto coincide Juan Francisco Ortega Díaz, director de la Maestría en Propiedad Intelectual de la Universidad de los Andes, quien dijo a Semana Sostenible que “si en este programa se están utilizando elementos similares a los de Un Litro de Luz Colombia a título de marca, no hay ninguna duda. El derecho oclusivo lo tiene concedido Herrera”. Ortega Díaz añade que en este caso lo que hay es “una vulneración del derecho de marca por algo que se conoce como confusión por asociación y el señor que tiene la marca podría ejercitar la prohibición”.

Al contactar a EPM Mónica Pérez, vicepresidenta de relaciones públicas, afirmó que Juan Esteban Calle, presidente del grupo, prefería no dar declaraciones al respecto. Sin embargo, Pérez alcanzó a comentar que para ellos como grupo es importante estar dentro de índice de sostenibilidad del Dow Jones y hacer parte de su Yearbook, por lo que las filiales, como Essa, deben actuar dentro del accionar del grupo. “Ese no es el accionar de la empresa. Y cuando no actuamos correctamente o algunos funcionarios no lo hacen, buscamos los correctivos correspondientes; pues si nos sentimos orgullosos de la empresa, es por los hechos”, aseguró. 

Al no obtener más respuestas de Essa, Herrera procedió a enviarle un correo directo a Juan Esteban Calle explicándole su incomodidad al encontrarse un proyecto idéntico al suyo después de haber intercambiado estos mensajes con Álvarez un año atrás. A los que Calle contestó que comunicaría la queja a su Vicepresidente de Relaciones Corporativas y a su línea ética para profundizar en el tema. Sin embargo, Herrera no ha vuelto a saber de EPM.

Según reportes de la Delegatura para la Propiedad Industrial de la SIC, el volumen de personas que han decidido registrar marcas ha aumentado considerablemente en los últimos años. En 2010 se registraron 24.506 solicitudes mientras que en 2013 hubo 37.000. En la oficina de Felipe García, delegado para asuntos jurisdiccionales de la SIC, hay más de 50 casos de infracción de propiedad intelectual. Así mismo, entre 2013 y 2014 hubo otros 27 casos que se terminaron a través de conciliaciones o sentencias. 

Lo que esto muestra es que el caso de Un Litro de Luz Colombia no es el primero ni será el último, pero sí es un capítulo nuevo en una historia que lleva un año tejiéndose; que estaba oculta y que hoy sale a la luz pública para abrir la puerta a una nueva discusión en la que el tema es definir si, en realidad, vivimos en un mundo abierto, donde la información fluye y está disponible; donde los commons y las redes colectivas marcan la parada y donde las innovaciones le pertenecen a quien quiera beneficiar a los más vulnerables; o sí, por otra parte, hay que terminar de definir el camino de este tipo de organizaciones sociales y reconocer su calidad como empresas.

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