Con esta ley el Estado está dando un paso sólido hacia el desarrollo sostenible del país.

El firmante de la ley 1715 de 2014 fue el autor, José David Name, que también es presidente del Senado.  Según Name, "Colombia como país cuyas exportaciones dependen principalmente de sus riquezas naturales, entre ellas el petróleo, tiene la necesidad de evaluar nuevas fuentes de energía para enfrentar la crisis energética que los expertos pronostican a corto y mediano plazo".

Al acto de lanzamiento asistieron del Ministro de Minas y Energía Amylkar Acosta Medina,  la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luz Helena Sarmiento, directivos de la Asociación Nacional de Empresarios, Andi, Asocaña, Fedepalma, Acolgen, Andeg, Creg, Fedebiocombustibles, entre otros especialistas del sector energético colombiano.

La ley, además de incentivar el uso de energías renovables no convencionales y de minimizar los conflictos ambientales causados por la dependencia actual del país de las fuentes de energía a base carbón y petróleo, generará también incentivos arancelarios, contables y tributarios que abrirán la importación de nuevas tecnologías al país y fomentaran la investigación en este campo.

Name también espera que con esta ley se instaure “una nueva política, en relación con la forma cómo se genera, transporta, distribuye y comercializa la energía en nuestro país".

La ley lleva dos años esperando ser sancionada y busca encontrar un nuevo modo de aportar al desarrollo sostenible del país al salirse de los sistemas de generación y transmisión nacionales que priorizan las matrices energéticas basadas en hidroeléctricas o combustibles fósiles con el objeto de abastecer a los grandes emprendimientos productivos y a los centros urbanos de pequeña a gran escala.

En Colombia la  abundancia del recurso hídrico ha hecho que la generación eléctrica se centre en esta fuente  lo que ha traído consecuencias adversas para el medio ambiente que se ven reflejadas en las externalidades  de estos proyectos. Para dar un ejemplo de estos casos Name citó  la situación del embalse del Muña, que ha afectado negativamente a la población de Sibaté y les ha impedido volver a frecuentar los ríos Aguas Claras y Muña.

Pero estas externalidades no son lo único negativo de las fuentes de energía convencionales. En  medio de una sequía anómala, el país verá con más fuerza los daños causados por estas fuentes entre los que pueden contarse:  la disminución de los caudales de agua, la afectación de la calidad del agua por la sedimentación excesiva, la alteración del aire, el incremento del material particulado debido a los procesos de extracción y transporte del carbón, los procesos de erosión potenciados por la construcción, el deterioro del paisaje, el desplazamiento de la fauna y la disminución de la cobertura vegetal.

A esto se suma el cambio climático que, para países como Colombia, representa una amenaza real ya que  podría, en los próximos 30 años, afectar la manera en que la fauna, flora y habitantes humanos se desarrollan. Name añadió que según el Informe sobre la situación mundial de las Energías renovables, estas aportan al consumo energético mundial el 16.7 por ciento de la totalidad de la capacidad energética.

El mayor desafío a corto y mediano plazo de esta ley es el impulso y promoción de las Fuentes No Convencionales de Energía con metas definidas en las políticas del Ministerio de Minas y Energía y en los Planes energéticos nacionales.

También falta saber cómo garantizar que la inversión y producción de este tipo de energías sean los correctos. Así, es clave que el gobierno, en cabeza del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, comience a evaluar una política que impulse el uso de energías limpias.

Algo importante de esta nueva ley es que le permite a cualquier ciudadano que lo desee y que esté en capacidad de hacerlo volverse un participante activo de la oferta de generación eléctrica a pequeña y mediana escala. ¿Cómo? Un buen ejemplo es la energía obtenida a través de paneles solares. Cuando una persona usa este tipo de paneles para obtener energía puede generar su propia energía. Pero el tema no se queda ahí. Si a esa persona le sobra alguna cantidad de energía generada por sus paneles tiene la opción de inyectar este sobrante a la red  o a redes no interconectadas. Esto es posible gracias a una figura  llamada generación distribuida que permite incrementar la oferta energética y la expansión del sistema energético Nacional sin restricciones sometidas por terceros.

En Colombia, sin embargo, las inversiones que se han hecho para desarrollar o importar tecnología que ayude a que estas fuentes penetren de manera significativa el mercado de energía son mínimos por lo que este tipo de inversión y de modelo de negocio sería uno de los principales retos a los que se enfrenta esta ley.

Como primer piloto de implementación de la ley el gbierno va a hacer una socialización en San Andrés y Providencia en la que se proyecta  que la isla se sirva de alternativas energéticas de bajo costo con indiscutibles beneficios para la actividad turística y las áreas residenciales.

Otro aspecto trascendental  de la nueva ley es la constitución del Fondo de Energías no Convencionales y Gestión Eficiente de la Energía (Fenoge), cuyo objetivo es financiar iniciativas de fuentes no convencionales de energía y su gestión eficiente, con recursos tanto públicos como privados y de carácter internacional.

Hay, sin embargo, algunos recelos frente a este tipo de energías ya que en países como España terminaron fracasando de manera rotunda. Esto se debió a varias razones: primero, después de que la obtención  de paneles solares se hizo muy económica el gobierno español comenzó a cobrar un “peaje” por inyectar energía a la red lo que hizo que muchos generadores a pequeña y mediana escala dejaran de inyectar la energía que les sobraba y optaran por usarla ellos mismos. Segundo, el autoconsumo es difícil de cuantificar por lo que muy pocos gobiernos han logrado saber las cifras reales de estos generadores “domésticos”.

Pero este no es el único caso. En otros países europeos donde el autoconsumo energético está más consolidado las políticas son muy diferentes. En vez de cobrarles  los ‘peajes’, lo que han hecho gobiernos como el de Holanda ha sido bonificarlos para permitir que los consumidores viertan la energía que recogen a la red para recuperarla cuando la necesiten o que la vendan a las compañías eléctricas.

Lo cierto es que a partir del 5 de agosto, fecha de sancionamiento, el Gobierno tiene 9 meses para reglamentar lo consignado en esta ley. Queda por ver  cómo o si se adaptará el sector energético a esta nueva forma de generar  energías más limpias y democratizadas.

¿Qué son las energías renovables no convencionales?

Se entienden como energías renovables no convencionales energías que se caracterizan porque en sus procesos de transformación y aprovechamiento en energía útil no se consumen ni se agotan en escala humana. Entre estas fuentes pueden contarse la hidráulica, la mini hidráulica, la de biomasa, la de geotermia, la solar, la eólica  y la de los océanos.

Lo que  clasifica algunas energías renovables como no convencionales es el grado de desarrollo de la tecnología para su aprovechamiento y la penetración que tengan en los mercados energéticos. Un ejemplo es la solar, que necesita de paneles solares para poder existir.

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