Héctor Mario Correa nació en Segovia, pero antes de sus 20 años supo que en ese pueblo del Bajo Cauca no estaba su futuro. “Allá lo que más da trabajo es la minería, pero alrededor de eso se mueven muchos conflictos armados. Por eso yo decidí irme a Medellín a buscar otras oportunidades”, explica.

Mientras estaba en esa ciudad rebuscando en varios oficios, Correa se enteró de la convocatoria que estaban haciendo la Corporación Tener Futuro y la Universidad Católica de Oriente a jóvenes entre 18 y 28 años que quisieran especializarse en la instalación de redes eléctricas. Luego de superar varias pruebas físicas y sicológicas, se convirtió en uno de los 173 estudiantes de la Escuela de Formación de Linieros ubicada en La Ceja, en el oriente antioqueño.

A mediados de 2014, las tres grandes empresas propietarias de las redes de transmisión eléctrica (EPM, ISA y la EEB) se dieron cuenta de que la falta de operarios capacitados era un obstáculo para la expansión del sistema. Según datos de esas compañías, en los próximos cinco años en Colombia se tendrán que construir 2.500 kilómetros de líneas de alta tensión para satisfacer las demandas energéticas del país.

La creación la escuela surge de esa necesidad en el mercado laboral. La instalación de líneas de energía siempre fue un oficio empírico y llegó un momento en que escasearon los operarios. Como no había un centro de formación dirigido a satisfacer esa demanda, las propietarias de las redes de transmisión se aliaron con cinco empresas contratistas para financiar el primer proyecto de educación especializado en esa labor.

El objetivo es formar 500 operarios hasta el final de 2017 con una inversión de 8.500 millones de pesos. Las convocatorias se realizan cada seis semanas y se abren 30 cupos cada vez. El programa dura un año y es totalmente gratuito, y los estudiantes que vienen de otras regiones tienen la posibilidad de hospedarse dentro de la Escuela y recibir la alimentación y el dinero para los gastos personales.

“Si bien la Escuela responde a una necesidad de las empresas, para todos estos jóvenes se ha convertido en una oportunidad de mejorar sus perspectivas de vida. Hoy precisamente se gradúa la primera cohorte de 23 estudiantes y ya todos tienen trabajo fijo”, afirma Piedad Hernández, directora de la Corporación Tener Futuro.

Según Hernández, un operario recién graduado recibe aproximadamente 1.200.000 pesos de sueldo. “Y cuando cogen más experiencia ganan más dinero. Esa es una oportunidad que estos jóvenes difícilmente habrían encontrado en otro lado”. Correa está de acuerdo con eso. “Apenas llevo dos meses en la Escuela pero sé que es mejor que la violencia de Segovia o la informalidad de Medellín. Ya estoy hablando con unos amigos que se quedaron en mi pueblo para que se vengan a estudiar conmigo”, concluye.

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