Proyecto de explotación apícola en una zona recuperada.

Tras la vitrina de una joyería de lujo se esconden historias cuyo comienzo se traza a miles de kilómetros, lejos de los centros urbanos donde se han asentado los locales comerciales. Antes de que el trabajo del joyero le dé forma al oro, otros artesanos han hecho lo propio para que este mineral pueda ser moldeado: aquellos mineros que lo han extraído, bien sea del suelo o del agua.

La palabra artesano resulta más que conveniente para describir la práctica de este oficio en Colombia, donde –según cifras del Ministerio de Minas y Energía– casi 87 por ciento de la actividad se realiza por fuera del marco legal, situación que deriva en un detrimento social y ambiental de las zonas sometidas a esta actividad.

Precisamente, la minería a pequeña escala se ha convertido en el enfoque de la Alianza por la Minería Responsable (AMR), una organización que ya ha empezado a trabajar en Colombia, con su estrategia de certificación de buenas prácticas sociales y ambientales, a través el sello Fairmined.

La Cooperativa Agro Minera de Iquira, en el Huila, es el logro más reciente de AMR. La asociación de mineros obtuvo la certificación Fairmined y se ha constituido como un caso de éxito en la formalización de la extracción artesanal de oro, un ejemplo de que las cosas se pueden hacer bien. Pero ¿concretamente qué hay detrás de este sello de calidad?

Obtener este estándar de minería justa, que dispone el trabajo de la cooperativa a una revisión constante, permite que quienes se dediquen a la obtención del oro de manera responsable puedan ofrecerlo a un precio preestablecido, superior a la media, de 4.000 dólares por kilo. 

Así que, mientras grupos de trabajadores como los del municipio de Iquira se preocupan por reducir su huella ambiental, del otro lado de esta iniciativa se encuentran oferentes dispuestos a pagar más dinero por el metal precioso por excelencia, el número 79 en la tabla periódica.

Lina Villa, directora de AMR en Colombia, describe de manera positiva el cambio de actitud en los intereses de compra de las marcas asociadas a la industria del lujo: “anteriormente, si se le preguntaba a una marca de dónde provenía su oro, su respuesta era: ‘De un banco’. En una agenda de sostenibilidad, está no es una respuesta válida. El sello Fairmined asegura que no se están financiando conflictos a través de las cadenas de suministro”.

Áreas reforestadas en el Bajo Cauca antioqueño.

El recorrido del oro extraído en áreas como el Huila llega hasta las manos de tres segmentos. El primero lo conforman joyeros independientes, quienes –en palabras de Villa– “quieren estar seguros de que lo que le ofrecen a sus clientes tiene una trazabilidad y un origen demostrado, este nicho compra poco volumen pero es un aliado muy importante porque nos ayuda a difundir nuestra labor”. En segundo lugar está la gran industria del oro, desde las refinerías y las grandes marcas de joyería, como en el caso de la marca suiza Chopard. Por último, está el segmento de los productos electrónicos: “En una consola de Xbox puede haber 0,3 gramos de oro, eso es muy poco, pero si se tiene en cuenta la producción anual, se convierte en un actor relevante”.

El caso de la Cooperativa Agro Minera de Iquira sienta un precedente de transformación en la ética de este sector, donde la etiqueta de informalidad agrupa a todo tipo de iniciativas, algunas de las cuales merecen la oportunidad de legalizarse para no hacer parte del mismo porcentaje mayoritario que agrupa a quienes sí les conviene mantenerse a la sombra de la ley.

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