| 2017/10/02

Pasado y futuro de una tradición

A pesar de tener una centenaria historia minera, California enfrenta varios retos por delante para convertir por fin esta riqueza en fuente de desarrollo sostenible. Minesa puede ser fundamental en ese propósito.

Pasado y futuro de una tradición

A escasos 51 Kilómetros de Bucaramanga, la capital de Santander, se encuentra el municipio de California. Entre montañas imponentes que parecen resguardar celosamente esta pequeña población, viven casi 3.000 habitantes que se benefician de los muchos cuerpos de agua que bajan del páramo, la biodiversidad que estos alimenta y los inmensos depósitos de metales preciosos como el oro y la plata.

En todo el centro de la plaza principal está el monumento del minero, una estatua con la forma de un hombre de tamaño natural adornada con incrustaciones doradas que representa la importancia que la minería ha tenido y sigue teniendo en California. No solo en la economía de este municipio y sus alrededores, sino en la memoria y la tradición de cada una de las familias que lo habitan.

La tradición

Por una calle destapada y angosta que separa la montaña de una hilera de casas que bordean la quebrada Chicagua, se llega a la casa de Miguel Safra. Con sus más de 70 años recuerda claramente cómo en su juventud comenzó a barequear de la mano de su tío. Como las jornadas de trabajo daban sus frutos rápidamente, nunca pensó en una actividad diferente para ganar dinero. Ni siquiera en las épocas de violencia cuando los grupos armados llegaban a los pequeños sitios de acopio para llevarse la mayoría del producto recogido.

Sus hijos también se dedican esa actividad, pero no han tenido la misma suerte que él. La incertidumbre de los últimos años y la legalización de los diferentes títulos mineros que antes eran de uso común en California, han generado el desplazamiento de algunos de ellos hacia municipios vecinos para buscar nuevos lugares de explotación, con lo que de todas formas terminan vinculados a la minería informal.

Safra, ya retirado de la actividad minera, espera en su casa a que se defina qué va a pasar con él y sus vecinos. Desde la compra de la mayoría de los títulos mineros que rodean su casa han pasado empresas nacionales y multinacionales intentando retomar las actividades de extracción, pero finalmente ninguna ha logrado permanecer en la zona. Ya no recuerda en cuántas reuniones ha estado, ni cuántas cosas les han prometido, pero sí está consciente de que la extracción de oro no puede seguir siendo como cuando él comenzó.

Los principales cambios han sido la relación con los trabajadores mineros y los criterios ambientales en la explotación que antes no se tenían muy en cuenta. “Cuando llegaron las primeras empresas que contrataban personal se vieron beneficios que no sabíamos que existían”, explica Miguel, “pero además nos enseñaron a tener un control y cuidado con el río que ha sido tan generoso con nosotros”.

Los otros caminos

Jorge García, habitante de Suratá, municipio vecino de California, ha vivido durante sus 60 años de la agricultura. Su casa, levantada en medio de un paisaje boscoso, está rodeada por cultivos de café. Él recuerda que en sus mejores épocas alcanzó a tener hasta 500 matas, pero ahora ya solo le quedan menos de 100.

Las bondades del suelo de Suratá son infinitas, pero nunca se ha visto un gran progreso económico en las familias campesinas que se dedican a la agricultura. No solo por la falta de apoyo por parte de las entidades encargadas de estos temas, sino porque la mano de obra siempre ha sido escasa.

La minería de oro desplazó la posibilidad de otras actividades económicas. Los dividendos de las duras jornadas agrícolas no son comparables con las ganancias obtenidas con mucho menos esfuerzo en la minería informal. “No hay quien trabaje la tierra”, dice García, y por eso que cada vez es más difícil mantenerse cultivando en la zona.

“El oro y los metales preciosos que se encuentran en esta zona no van a desaparecer y la necesidad de extraerlos siempre va a estar presente en estas comunidades”, reconoce García. “La esperanza que tenemos todos los que nos dedicamos a labrar la tierra es que con la legalización de la actividad minera se regule la vinculación de la gente a esta labor y que la empresa que obtenga la Licencia Ambiental nos ayude a incentivar otro tipo de actividades económicas, como la agricultura.”

Minesa, la empresa que actualmente adelanta el proceso de Licenciamiento Ambiental, tiene el reto de ayudar a que la tradición minera comience a darle paso a otras alternativas de vida. La explotación de recursos naturales no renovables es compatible con otras opciones económicas, pero para ello deben existir programas y proyectos concretos como los que se formulan en los Estudios de Impacto Ambiental que soportan el Licenciamiento Ambiental.

La tarea ya está hecha en ese sentido. Luego de un meticuloso proceso de construcción social de su Estudio de Impacto Ambiental, Minesa está preparada para enfrentar los grandes retos que tiene actualmente la minería bien hecha. Miguel y Jorge, cada uno desde su perspectiva, esperan que por fin después de tantos años el progreso de California y sus municipios aledaños sea sostenible y no bonanzas pasajeras que dejan a la final miseria y afán por el dinero fácil a costa del medioambiente, la salud y la vida de sus habitantes.

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