Foto: Cortesia

“Convertirme en peladora fue un gran paso para mí. Por lo menos ya no tengo que estar todo el día al sol y al agua como cuando trabajaba en el cafetal”, dice Luz Edilma Díaz, la mujer cuya foto acompaña cada uno de los paquetes de plátanos de la marca Natuchips. Aparte de retratar la dureza del trabajo agrícola, la frase de Luz Edilma también resume el sentimiento de otras 80 mujeres que, como ella, hacen parte de un novedoso proyecto productivo.

Se trata de la Asociación de Productores de Plátano de Belén de Umbría (Asplabel), una cooperativa de 250 agricultores de este municipio risaraldense que, desde 2008, abastece el 40% de la materia prima para estos pasabocas. “En ese año decidimos asociarnos porque nos cansamos de que los intermediarios nos robaran a cada rato. Como no teníamos maneras diferentes de comercializar nuestro producto, nos tocaba entregarlo al precio que a ellos dijeran y muchas veces hasta por debajo del precio de producción”, recuerda Javier Castaño, presidente de Asplabel.

Tras la conformación de Asplablel, llegó la oportunidad de convertirse en proveedores exclusivos de plátano para Natuchips, una marca de la gigante multinacional de alimentos Pepsico. “El contacto con la Asociación coincidió con un cambio en nuestro modelo de abastecimiento en el que, por intermedio del Ministerio de Agricultura, dejamos de lado a los comerciantes intermediarios y establecimos una alianza productiva que garantiza el suministro continuo del producto a cambio de precios estables y justos”, cuenta Lisardo Ñustes, gerente de compras agrícolas de la compañía.

Esto ha significado un gran cambio en la mentalidad de los asociados de Asplablel. Como explica Castaño: “Nosotros siempre hemos estado acostumbrados a pensar a corto plazo y a depender de la volatilidad del mercado. Entonces si el precio está alto somos felices, pero si baja nos va muy mal".

Por eso no ha sido fácil adaptarse al nuevo modelo. “Hoy, por ejemplo, los asociados de Asplablel reciben 850 pesos por cada kilo de plátano cosechamos, pero como la producción ha bajado por culpa de esta sequía tan brava, en el mercado están pagando el kilo a 1.150 pesos”, cuenta. No ha faltado quien haya preferido romper el contrato para vender por fuera.

A pesar de estas dificultades, lo cierto es que la alianza entre la compañía y Asplabel ha dado muy buenos frutos. Tantos, que apenas dos años después del comienzo del contrato se inauguró una planta de pelado de plátano para generar mayores ingresos para la Asociación. “Ellos empezaron entregando plátano con cáscara como un agricultor cualquiera, pero luego vieron que había la posibilidad de darle un valor agregado. Apenas nos manifestaron esa intención acordamos juntos todos los temas de costos y rentabilidad”, recuerda Ñustes.

Para ese entonces, Luz Edilma era una de las empleadas favoritas de una extensa finca cafetera. Ella asegura que el trabajo era tan duro, que una vez la pusieron a rozar un potrero a punta de machete. “Me salieron unas ampollas de sangre que me dolían tanto que yo prefería agarrar duro el machete en vez de soltarlo para evitar el dolor de volverlo a coger”, dice.

Esa tenacidad para el trabajo fue la que le permitió ganarse el premio como mejor recolectora de café de Belén de Umbría. Y aunque apenas se llevó dos millones de pesos (el ganador en la categoría de hombres recibió diez), aún sonríe cuando se acuerda que esa plata le sirvió para comprar el televisor y la nevera que le hacían falta en su casa.

En esas andaba cuando se enteró de que iban a abrir una maquila para el pelado de plátano y que las mujeres madres de cabeza de familia del municipio tendrían prioridad para recibir un trabajo. Luz Edilma, madre de cuatro hijos y viuda desde que a su esposo lo mataron en circunstancias que ella prefiere no recordar, no lo pensó dos veces para enviar su hoja de vida con la esperanza de encontrar un empleo en el que no tuviera que trabajar al sol y al agua.

“En Belén de Umbría hay un gran déficit de empleo. De hecho Asplabel es la principal empresa generadora después de la Alcaldía. Por eso con la peladora quisimos, por un lado, involucrar a la población más vulnerable del municipio, y por el otro, aprovechar la gran habilidad que tienen las mujeres para las tareas de pelado de la fruta”, afirma Castaño.

Luz Edilma cuenta que la llamaron a entrevista y al día siguiente peló más de 6 toneladas de plátano junto con otras 39 mujeres que fueron seleccionadas para trabajar en la maquila. “Trabajamos casi 15 horas sin parar y al otro día queríamos que nos colgaran de las manos del dolor tan berraco que teníamos en los tendones”, recuerda.

Desde entonces el crecimiento ha sido constante. Según cifras de Castaño, en ese primer año la peladora de Asplablel entregó 750 toneladas de plátano transformado, mientras que en 2015 superaron las 4.000 toneladas. En ese lapso, la planta de peladoras se ha duplicado siguiendo el mismo criterio: darle la oportunidad a las mujeres que, como Luz Edilma, tienen una historia de lucha y persistencia.  “El foco siempre ha sido trabajar con las más vulnerables, con aquellas que por su edad o por su condición no tenían otras oportunidades de empleo. Usted visita la planta y encuentra experiencias de vida impresionantes”, asegura Ñustes.

Luz Edilma puede llegar a pelar, ella sola, 350 kilos de plátano en una jornada. Por esa labor recibe 35.000 pesos y en una quincena puede llegar a percibir 400.000 pesos, ya que no trabaja todos los días. Aunque el sueldo que recibe le alcanza apenas para lo necesario, ella encuentra una compensación adicional en unas condiciones de trabajo menos agrestes.

“Económicamente no es pues que uno viva holgado, pero nunca falta la comidita ni la plata para los servicios. Pero lo más importante es que, a diferencia del anterior trabajo en donde no tenía vida por fuera del cafetal, ahora sí me queda tiempo para descansar y para estar con mi familia”, concluye.

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