El túnel del amor y de la naturaleza', en la hacienda 'El Bambusal', da la bienvenida antes del recorrido ecológico.

Un aroma suave, ligeramente dulce y ácido, con toques de lavanda y jazmín, flota en el aire que se respira dentro del 'túnel del amor y la naturaleza', un sendero de alrededor de 80 metros, flanqueado a ambos lados por Thyrsos tachys siamensis, una variedad de bambú tailandés. 

Los tallos y las hojas de esta planta se elevan unos 9 metros sobre el piso para encontrarse en el centro y proyectar su sombra sobre quienes visitan el Paraíso del Bambú y la Guadua, en la finca El Bambusal. 
En esta hacienda de 16 hectáreas, ubicada en la vereda 'La Esmeralda', en Montenegro (Quindío), crecen 58 especies de guadua, un pasto gigante que con sus tonos verdes y amarillos le pone más color al Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en junio de 2011.

Este reconocimiento le ha dado buen nombre a esta región del centro de Colombia y también ha contribuido al nacimiento de iniciativas como la de 'El Bambusal', que les permite a los visitantes aprender sobre la guadua, un vegetal presente en la vida cotidiana de los habitantes de varios municipios de departamentos entre los que están Caldas, Risaralda y Valle del Cauca.

"Nací en Cali, pero me crié aquí. Desde niña he tenido contacto con la guadua, me parece una planta maravillosa y me dediqué a estudiarla", cuenta Ximena Londoño, quien no solo es gerente del Paraíso del Bambú y la Guadua sino también su principal investigadora. 

Agrónoma y especialista en botánica taxonómica de bambusoideas del nuevo mundo, Londoño lleva más de 30 años dedicada a desentrañar los secretos de la guadua. Le fascinan sus excelentes propiedades físico-mecánicas, que, según ella, se pueden equiparar con las de la madera. "La guadua es muy flexible y versátil, es una planta integral que a la vez presta beneficios sociales, económicos, culturales y ambientales", indica.
En 'El Bambusal' la guadua no está solamente en las dos hectáreas en las que se cultiva. También se ve en vigas y columnas; en canaletas que conducen el agua; en asientos y sofás e incluso en cuadros, pocillos, cuadernos y otros adornos que se exhiben en una vitrina y que han sido elaborados por artesanos de la zona.

Caminando entre pasto gigante

El perfume delicioso que se percibe al caminar por el 'túnel del amor y la naturaleza' obedece, de acuerdo con Londoño, a las moléculas volátiles del proceso fisiológico de las plantas de bambú tailandés. "Hay días en que botan más y otros en que botan menos. A mí me huele a una mezcla de hierbas, como de pasto y limón", explica. 

El ambiente es fresco gracias al follaje denso, que impide que los rayos del sol golpeen plenamente sobre las cabezas de la gente. El camino, en el que las hojas secas crujen bajo las pisadas, se ciñe a una loma poco pendiente que gira a la izquierda y penetra en un mundo aún más oscuro. Allí, en un sendero angosto cercado por cañas tan altas como un edificio de tres pisos, las personas se ven como seres diminutos en una tierra de gigantes. 

Los entrenudos blancos de las guaduas marcan los tallos enormes que apuntan al cielo y la mirada se levanta para tratar de ver a los pájaros que anuncian su presencia con trinos alegres, pero la espesura vegetal no deja observarlos fácilmente. "Aquí hay 117 especies de aves que han sido identificadas por ornitólogos del Jardín Botánico del Quindío", dice Diana Carmona, quien además de ser guía para los turistas en 'El Bambusal' también trabaja en el vivero de la finca.

Ella y la gerente de 'El Bambusal' concuerdan al enumerar las ventajas que la guadua le representa al medio ambiente: entre otras cosas, mitiga el calentamiento global, reduce la temperatura, controla la erosión, consume poca agua y ayuda a conservarla al evitar que el sol seque las fuentes hídricas. 

"El bambú puede alcanzar una altura de entre 35 y 40 metros en seis meses", afirma Londoño, quien hace énfasis en la importancia que esta planta ha tenido para la construcción de viviendas. "Los primeros pueblos de la región se levantaron con ranchos de guadua", añade.

10 estaciones para el café

Así como en Montenegro se revelan los misterios de la guadua, en el municipio de Calarcá es posible penetrar en el mundo del café. Allí se encuentra la Hacienda Combia, un lugar en el que justamente la guadua es útil para comprender mejor la importancia del Paisaje Cultural Cafetero. A esta planta está dedicada una de las 10 estaciones que en Combia han sido diseñadas para vivir la experiencia cafetera. 


Uno de los primeros contactos que los recién llegados tienen en esta finca es con Jhon Freddy Collazos, un artesano de 38 años, nacido en el vecino municipio de Quimbaya, que se dedica a mantener vivo el arte de la cestería. Su labor pedagógica consiste en enseñarles a los viajeros cómo emplear las cañas de guadua para elaborar canastos y otros elementos decorativos. 


Con la naturalidad de alguien que ha desempeñado el mismo oficio toda la vida, en unos cuantos segundos corta con un machete la vara verde y la pela con un cuchillo, como si se tratara de las capas de una cebolla. Luego extrae unas fibras delgadas que, aún húmedas, despiden un inconfundible olor vegetal.

Él es el artista. Su público, las cuatro personas que, sentadas en bultos de café, intentan no perder detalle de los movimientos fluidos de sus manos. Sentado en un banco hecho de tronco de árbol, Collazos usa sus piernas como base para armar un entramado de láminas de guadua que va amarrando entre ellas. En menos tiempo de lo que toma preparar una taza de café, un pequeño cesto brota de sus dedos como si se tratara del conejo que un mago saca de su sombrero. 

"Ahora les toca a ustedes", dice medio en serio, medio en broma. Los turistas lo miran incrédulos. A pesar de lo difícil que resulta, cada uno de los asistentes sale de allí con un canasto que, con mucho orgullo, puede decir que ha hecho con sus propias manos y, por supuesto, gracias a la ayuda y a la paciencia de Collazos.
De la misma manera en que los cafetales y los guaduales no están lejos uno del otro en la región, la estación de cestería está junto a la de la cata, en la que una sesión permite aprender a distinguir entre un café de alta calidad y otro de baja calidad, y a identificar algunos de los 36 aromas que se pueden encontrar en un pocillo.

¿Por qué 36? El número obedece a la investigación que el francés Jean Lenoir, quien había escrito 'La nariz del vino', hizo en los años 90 a pedido de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. Como fruto de sus pesquisas nació 'La nariz del café', un catálogo en el que Lenoir describe aromas evocadores como los de almendra tostada, tabaco, grano de cilantro y mantequilla fresca.

Después de aprender que no es mala educación acercar la nariz a la taza para percibir más nítidamente el aroma, el recorrido continúa por estaciones que sirven para que el guía -inspirador, como lo llaman en Combia- haga énfasis en distintos aspectos que son fundamentales para obtener un excelente café. 

Tras caminar por un sendero que a veces se interrumpe por la presencia de trabajadores que recolectan los granos más maduros de los cafetales, se atraviesa un túnel que fue construido con el objetivo de explicar lo que siente la raíz del café bajo el suelo. En ese sitio, el guía hace énfasis en la importancia de la tierra. 

Más adelante habla sobre la necesidad de tener plantaciones de café a campo abierto y otras con provisión de árboles de sombrío. En Combia, como parte de un plan de reforestación, se han sembrado 34.000 árboles, entre ellos nogales, robles y cedros, que se han convertido en el hogar de 119 especies de aves.

De esta manera, la biodiversidad aumenta y quienes llegan al departamento del Quindío tienen la posibilidad de vivir experiencias que les ayudan a comprender que el café, la guadua y otros árboles nativos conforman un territorio único en el mundo: el Paisaje Cultural Cafetero.

*Fotos y Textos: Juan Uribe

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