El hombre libra la batalla frente a la desconexión de la naturaleza en dos frentes. El ofensivo, en el que prima la necesidad de satisfacer necesidades básicas a cualquier precio; en el otro, está el pasivo, quizás más perjudicial porque al no tener conciencia de lo que ocurre a limita sus posibilidades de actuar. Diagnósticos como el Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN), reflejan dicha desconexión. Pero para empezar a enderezar el camino, sin convertirse en un extremista, se puede hacer con medidas tan simples como reconocer el origen de los alimentos y aprender a cultivarlos, lo cual se puede desarrollar sembrando una huerta.

Una huerta puede surgir con diferentes objetivos que van desde construir una fuente saludable de nutrición, hasta el desarrollo de aptitudes para la vida. En cada objetivo se pueden desarrollar un sinfín de conocimientos y generar un tejido socio - ambiental, que inspire a las actuales y futuras generaciones para preservar la naturaleza.

Para una familia que lucha por la sana alimentación de sus hijos, es mucho más productivo llevarlos a una experiencia de inmersión o hacer un pequeño huerto donde el pequeño se estimula y se antoja de los colores, reconoce sabores y moldea sus sentidos a los productos que están al alcance de su mano. Asimismo, en el recorrido de la siembra a la cosecha tanto adultos mayores, niños y jóvenes pueden ejercitar su cuerpo y mente, en una convivencia con la naturaleza que permite que todos sean ganadores.

Desde la siembra se pone a prueba la paciencia, la disciplina, las habilidades motoras y se ataca de frente el sedentarismo que nos está generando la tecnología. En el arte de esperar, que pacientemente lo forja la germinación de la semilla o el desarrollo del cultivo, el mensaje es claro y puntual para una generación que se desespera ante la falta de inmediatez.

Estas sensaciones descritas anteriormente las podemos experimentar con un ejemplo sencillo, como el cultivo de rábano, que en menos de 40 días desde su semilla empieza a revelar sus llamativos colores y al tener que recolectarlos en lo profundo de la tierra, generan experiencias que incitan al consumo. Una campaña de mercadeo natural mucho más efectiva que las desarrolladas por cualquier genio del
marketing.

Sembrar la huerta no debe verse como una tarea anticuada o primaria, todo lo contrario ha sido la forma más vanguardista de subsistir y de enseñar que la responsabilidad de cultivar se puede delegar, pero que quizás conocer de dicho proceso es sumamente importante. Al desarrollar la siembra como un proyecto familiar se exploran habilidades y talentos que pueden ser ignorados en la cotidianidad.

Consejos para iniciar su huerta familiar:

  1. Revise el espacio de su casa o apartamento, ubique un lugar fresco y con buena luz
  2. Si definitivamente el espacio es muy limitado, puede ubicar un sitio de alquiler de espacios para esta práctica. Sitios cercanos a Bogotá como la Ecohuerta La Caleruna ofrecen estas alternativas.
  3. Empiece con un ejercicio pequeño como dejar una semilla de frijol en agua, descubra y disfrute el proceso involucrando a los niños.
  4. Asesórese, busque un profesional que le guie para evitar pérdidas de tiempo y dinero
  5. Disfrute del proceso, recuerde este es un escenario para aprender, desconectarse de la tecnología y de ahí en adelante todo lo que produzca debe ser ganancia.

 *Cultivador y CEO Ecohuerta La Caleruna

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