*Magister en Maestría en Administación Pública de la Universidad de Nueva York experto en desarrollo sostenible.

Colombia se ubica aproximadamente en el puesto 40 de los países que más emiten gases de efecto invernadero. Nuestra huella per cápita es 8,6 veces menor que la de un estadounidense o 7,1 veces que la de un canadiense. Esto es algo que debería darnos un cierto aire de orgullo patriótico. A su vez nos confirma que cuando hablamos de la reducción de emisiones de carbono a nivel global, el reto se concentra en los países industrializados o mega-poblados: Estados Unidos, China, Rusia, India, Japón, Alemania, entre otros. La cruda realidad es que la mayor probabilidad de mitigar el cambio climático depende de un puñado de países, sus industrias y sus ciudades.

Este argumento puede sonar desmotivante para los apasionados del tema en Colombia y al mismo tiempo causarnos varias preguntas. Por ejemplo: ¿por qué deberíamos preocupamos de reducir emisiones en Colombia si nosotros no somos directamente los causantes del problema? ¿realmente tendrá una diferencia para el planeta si Colombia cumple con sus compromisos del Acuerdo de Paris — es decir, una reducción del 20%  de nuestras emisiones actuales? ¿no deberíamos enfocar nuestros esfuerzos y presupuestos en otras necesidades más urgentes?

Hay múltiples maneras de responder estas preguntas. Tal vez la más aceptada está basada en el principio de corresponsabilidad. Todos los países deben hacer un esfuerzo sin importar el tamaño de su huella de carbono, porque el valor agregado a escala global es el que hace la diferencia al final. De ahí nace la cooperación internacional para temas climáticos y el gran interés en proteger los bosques y selvas tropicales de países como el nuestro. Por ejemplo, es ampliamente aceptado que todo el planeta se beneficia si conservamos el ecosistema amazónico y por esto hay una buena fuente de recursos que llegan a Colombia en este sentido. Adicionalmente, esta idea se complementa si tenemos en cuenta que economías emergentes como Brasil, Indonesia, Sudáfrica y Colombia deben tomar decisiones en el presente que garanticen una reducida huella de carbono en el futuro, así su actividad industrial y sus poblaciones crezcan.

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En este artículo propongo una aproximación complementaria. Encontrar nuevas maneras de reducir las emisiones de carbono es también un motivo de competitividad para Colombia. Desde todas las esquinas en el mundo se están buscando soluciones que puedan cumplir con las promesas de desarrollo sostenible y que a su vez aporten a la reducción de la huella de carbono global. La urgencia del cambio climático no debe limitarse a la tradicional dinámica donde países en desarrollo reciben donaciones de los países más industrializados y los proyectos son diseñados por expertos extranjeros. Hoy más que nunca es que claro que no hay un único líder global, una institución o una empresa que tenga en su portafolio las soluciones que necesitamos. Las soluciones pueden llegar de cualquier territorio y aquellos que sean los primeros en encontrar soluciones tendrán una ventaja en el mercado global.

Como colombianos somos muy buenos en adoptar innovaciones de otros países y adaptarlas a nuestro entorno local. Sin embargo, creo que también podríamos exportar conocimiento e innovación a través de modelos de negocio, productos y políticas públicas que estén basadas en modelos bajos en carbono. De hecho, ya lo hemos hecho antes. Bogotá y Medellín han servido de ejemplo para ciudades en Latinoamérica y en el sudeste asiático.

Si podemos influenciar a que consumidores y poblaciones de otros países reduzcan su huella de carbono con soluciones colombianas — como nuestros vecinos, pero también en el continente africano y asiático donde existen condiciones similares a las nuestras —  estamos aportando de mayor manera a este fenómeno global y no limitándonos a reducir nuestra huella nacional de carbono que de hecho es relativamente baja. Empresas, ciudades y gobiernos necesitan implementar nuevas soluciones a una escala y en escenarios que nadie ha probado anteriormente y profesionales de todas las disciplinas están a la búsqueda de buenas prácticas y modelos a replicar.

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Existen múltiples sectores donde Colombia puede ejercer un liderazgo natural como en la agricultura y ganadería sostenible, en la planeación urbana y ordenamiento territorial, en la gerencia de los parques nacionales naturales, y en el desarrollo técnicas para evitar y contener la deforestación o para la restauración de bosques. Sin embargo, el ingenio colombiano puede extenderse a cualquier sector. Por ejemplo, hace poco se anunció el proyecto de “Eolo”, un carro impulsado con energía eólica diseñado por un ingeniero colombiano.

Para todos los que están pensando en montar nuevos negocios en Colombia o aquellos innovando en el sector público, es importante conectarse a redes de intercambio de conocimiento en sus disciplinas. Puede ser el caso que ideas que prosperan en Colombia, también tengan potencial en otros países. Ganan los innovadores, gana Colombia y contribuimos a un problema global donde todos debemos hacer parte de la solución. 

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