Carolina Oquendo C. – Gerente Medio Ambiente – Tetra Pak Colombia

Alguna vez se ha detenido a pensar qué opinaría un padre de la economía moderna Adam Smith si se enterara que 200 años después de haber escrito “la riqueza de las naciones”, las empresas las manejan mujeres, el lejano oriente (como se conocía por aquel entonces) puso a temblar a medio mundo, existen empresas que ofreciendo productos/servicios gratis son rentables o que proteger el medio ambiente se ha convertido en un imperativo para operar.  Todo esto es una evidencia de que así como la vida, la economía y las empresas, deben evolucionar.

Claro que esta evolución no es gratuita, es la consecuencia de los cambios de la sociedad, sus intereses y sus preocupaciones.  De hecho, todos los cambios que han afectado a la humanidad a través de su historia, han implicado cada determinado tiempo la modificación de los paradigmas de los agentes económicos existentes.  Tal fue el caso de la adopción de la religión católica como la única en el imperio romano, la eliminación de los sistemas monárquicos después la revolución francesa, el ingreso de las mujeres a la fuerza laboral o más recientemente, el surgimiento de las redes sociales como un nuevo poder social.  Todos ellos han llevado al mundo y especialmente a la economía a evolucionar a lo que es hoy, y la nueva revolución que estamos viviendo, es la del triple efecto: socialmente benéfica, ambientalmente amigable y económicamente viable.

En este sentido, la sostenibilidad está presentando nuevos desafíos a las empresas de hoy en día para ser más “atractivas” a todas las partes interesadas. Por ejemplo, el talento de los profesionales no solo se obtiene a través de buenos salarios, sino ofreciendo “el mejor lugar para trabajar, donde se puede crecer y las ideas son apreciadas”.  Otro ejemplo clásico, es hacia los proveedores, con quienes se necesita generar alianzas estratégicas y relaciones de confianza que permitan aprovisionamientos a tiempo y de calidad; o hacia los clientes o consumidores finales, entregando productos o servicios que creen un mundo mejor.  En otras palabras, ser percibida como una empresa sostenible logra mantener clientes fieles y comprometidos a continuar haciendo negocios, genera sentido de pertenencia en su capital humano, permite encontrar ahorros operativos (la mayoría de las herramientas de optimización de uso de recursos redundan en la reducción de costos de operación) y garantiza la permanencia de la empresa a futuro.

El paradigma que las empresas de hoy tienen que superar entonces es el tradicional (y supuesto) antagonismo entre la rentabilidad y la sostenibilidad, entendida ésta última como la maximización del valor que una empresa le aporta a la sociedad, es decir, el grupo conformado por sus accionistas, empleados, proveedores, clientes, gobierno y la comunidad.  En otras palabras, las empresas ya no se pueden pensar como entidades cuyo único objetivo es minimizar el costo y maximizar la ganancia, hay que pensarla con una entidad viva cuya supervivencia dependerá del ecosistema en el que se encuentra.  Esta es la razón por la que la sostenibilidad no es contraria a la rentabilidad, por el contrario, es el pre-requisito de esta última.

En conclusión, la sostenibilidad no se puede entender como un tipo de negocio, es un modelo no solo de cómo actuar sino de ser para sobrevivir, es la red que va a mantener unidas todas las piezas del rompecabezas del mundo de los negocios de hoy y del futuro.  La pregunta entonces no es ¿Cómo los negocios sostenibles pueden ser rentables?, la pregunta es: ¿Cómo entender que la sostenibilidad es la que permite la rentabilidad? Entender que lo bueno va más allá de un slogan, es lo que define nuestra existencia como empresa.

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