Durante la visita a Ishinomaki y Onagawa, dos de las ciudades devastadas por el terremoto que azotó el este de Japón en marzo de 2011, y al recorrer las calles en medio de un aire glacial que sopla del Océano Pacifico hacia el interior. Debo confesar mi admiración al constatar las capacidades humanas para enfrentar los efectos del tsunami y la dinámica de reconstrucción de una ciudad-región devastada por un desastre natural.

Esta lección del noreste del Japón es digna de ser contada al mundo cuatro años después, sobre todo cuando acabó de terminar la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Reducción del Riesgo de Desastres donde se acordaron nuevas estrategias mundiales entre delegaciones de 160 países para poner en marcha el nuevo Marco de Acción de Sendai (MAS) para la Reducción de Riesgos de Desastres, con metas al 2030. 

Este nuevo marco negociado entre las delegaciones nacionales constituye un complejo tejido de textos redactados por la diplomacia internacional coordinado por las Naciones Unidas. El documento reemplazará al Marco de Acción de Hyogo (2005-2015), que guio la política de gestión del riesgo en los países firmantes durante los últimos 15 años.  

Sin embargo, la conferencia más allá de arrojar nuevos acuerdos también mostró las rupturas existentes entre los negociadores, comunidades afectadas, gobiernos locales y expertos. Desde la perspectiva de política internacional, en la conferencia de Naciones Unidas en Sendai se puso en evidencia una fuerte fragmentación conceptual y política entre los desastrólogos, los agentes de ayuda humanitaria, los expertos en desarrollo y biodiversidad, los climatólogos y los planificadores del territorio. Asimismo, se sintió la brecha entre los negociadores y los llamados los “nueve grupos mayores” que representan a la sociedad civil y a los gobiernos locales y sub-nacionales.

En Colombia, y en la mayoría de los países, existen todavía instituciones nacionales, departamentales y municipales que manejan cada una, por su cuenta, la gestión del riesgo, la planificación urbana y regional, y la adaptación al cambio climático; sin tener en cuenta las necesidades de planificar integralmente la realidad local. Un claro ejemplo es la fragmentación existente en el manejo del agua potable y de las aguas servidas, todo el proceso que incluye desde el nacimiento de las aguas, hasta cuando estas se arrojan a las alcantarillas, ríos, humedales o al mar, sin tratar. Esto sucede de manera impune, bajo la ceguera de los ministerios, las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) y las empresas de servicios públicos municipales. Esta es una de las principales causas de inundaciones y tragedias que atienden los “desastrólogos”.  

La separación de poderes institucionales en el sistema nacional ambiental y en el sistema de gestión del riesgo, con sus respectivos presupuestos de inversión, constituyen “silos” con fuertes oposiciones de integrar acciones. Esta separación se refleja claramente a nivel de las delegaciones de los países en las negociaciones internacionales, como en la conferencia de Sendai. Los países no quieren dar su brazo a torcer para integrar de manera institucional lo que debería estar mejor amarrado a nivel de los gobiernos Locales: la gestión integral del agua, la identificación de sitios de alto riesgo en los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y la educación para mejorar las capacidades para enfrentar los desastres y los efectos del cambio climático de forma integral y eficiente. En otras palabras, la construcción de resiliencia, un mandato de la conferencia de Sendai que obliga a los Estados a repensar su propia forma para enfrentar los desastres naturales y de origen tecnológico.   

Reflexiones para Colombia

- Buscar una forma de aterrizar las recomendaciones del Marco de Acción de Sendai a nivel nacional, regional y urbano, comprometiendo los medios de comunicación, el sistema educativo formal e informal y mejorando el sistema de redes de alertas tempranas para múltiples riesgos. Experiencias del pasado sirven de lección para no repetir los mismos errores y evitar pérdidas humanas y de biodiversidad.

- La conferencia de Sendai ratifica la importancia de construir resiliencia: para esto la pedagogía sobre la resiliencia debe permear la educación, la salud y acciones del Estado que comprometen varios sectores que afectan el territorio: el sistema minero-energético, la infraestructura vial, la agricultura extensiva, la expansión de la ganadería y las comunicaciones, entre los principales. 

El compromiso de Colombia en la Conferencia mundial de Reducción de Riesgo de Desastres reclama la voluntad política para robustecer las capacidades ciudadanas en distintos frentes, para enfrentar los cambios globales que ya están en curso y que se acercan a umbrales de insostenibilidad.

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