*Gerente mercados responsables - Fundación MarViva.

En Colombia, los negocios y las principales instituciones que deciden sobre la planificación territorial, la inversión y el desarrollo nacional se concentran en las ciudades del interior. El mar y sus recursos son percibidos como de escasa relevancia para el país. Sin embargo, nuestros mares representan el 50% de nuestro territorio (988.000 km2).

En nuestros espacios marinos se encuentran ecosistemas únicos y de gran diversidad como arrecifes de coral, pastos marinos, manglares, cañones submarinos, sistemas de estuarios e incontables especies de fauna y flora de las que depende la salud e integridad de los mares. Con acceso a dos mares, Colombia tiene una posición geoestratégica envidiable en Sudamérica. Por los puertos salen más del 83% de las exportaciones y millones de familias dependen de la pesca y el turismo que se da en las costas. El consumo de productos marinos sigue en ascenso en nuestras ciudades, sólo Bogotá viene incrementado su consumo de pescado a una tasa anual del 3.53%.

Lo que pase con el mar y sus recursos debe de importar a todos los colombianos. Sin embargo, existe un panorama desalentador para nuestros mares que pone en riesgo a las poblaciones y negocios que dependen de él. El aumento de los índices de contaminación se dispara especialmente en el Caribe, donde las actividades turísticas se han incrementado notablemente y con regulaciones muy limitadas. Nuestros 2.900 kilómetros de costas se exponen a los efectos del aumento en el nivel del mar, impactando infraestructura clave para nuestro comercio, turismo y desarrollo urbano. Las poblaciones de peces vienen en un marcado descenso, producto de la sobrepesca y la pesca ilegal.

El manejo de nuestros mares es una tarea para la que no estamos preparados. El control de nuestras pesquerías es mínimo, la pesca sin permisos se da en ambas costas. Nuestra producción pesquera no logra abastecer el mercado nacional y tenemos que importar casi 20 millones de dólares de pescado mensualmente para satisfacer un consumo anual de 6,7 kilos per cápita.

La protección de la biodiversidad marina es mínima. Hoy en Colombia, solo el 2% de nuestro mar se encuentra protegido. La cantidad de consumidores preocupados por obtener productos pescados responsablemente, tienen dificultades en abastecerse. Nuestra lejanía de las costas y la escasa valoración que le damos aleja los temas marino costeros de la agenda pública y de los intereses de los consumidores.

La consolidación de una red de actores preocupados por el mejor uso de los recursos marinos y costeros y su sostenibilidad es imperante. El fortalecimiento de instituciones como la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP) y el Ministerio de Ambiente permitiría el manejo técnico de las pesquerías y la conformación de una red de áreas marinas protegidas. Se debe lograr que los pescadores incrementen el uso de artes selectivos, respeten los periodos de veda, no capturen especies amenazadas, respeten las zonas protegidas de pesca y cuenten con programas de trazabilidad para informar a sus clientes corporativos sobre la procedencia y certeza de las especies de pescado comercializadas.

Mientras exista un comprador, existirá un vendedor y sin trazabilidad del producto y concientización del consumidor no podremos detener la explotación ilegal y desmedida de nuestros recursos pesqueros. Sin una red de áreas marinas protegidas, manejadas efectivamente no lograremos conservar la biodiversidad marina y las opciones que estas representan.

No valorar nuestros mares es un error estratégico. Conservar y manejar bien sus recursos es mantener opciones de desarrollo para el país y nuestras poblaciones costeras.

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