| 2012/07/09

Consumir y consumir

El exceso sobre los ecosistemas de la Tierra sólo se podrá reducir con la transformación drástica de los patrones de producción y consumo. Una meta que no es factible alcanzar simplemente invocando la responsabilidad social corporativa, sino que requiere también de la acción decisiva de los estados. Importante que en Rio+20 se llegue a algún acuerdo en esta dirección. Por: Manuel Rodríguez Becerra

Exministro de Medio Ambiente y profesor titular de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y consultor internacional en política ambiental.
Exministro de Medio Ambiente y profesor titular de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y consultor internacional en política ambiental.

Cuando estamos en vísperas de Rio+20, vale recordar que el cambio de patrones de consumo y el cambio de patrones de producción fueron dos temas principales de la Agenda 21 que fue acordada en la Cumbre de la Tierra en 1992, conjuntamente con las convenciones de cambio climático y de biodiversidad, el acuerdo sobre bosques y la declaración de Río.

De la Agenda pocos se acuerdan, pero allí se encuentran muchas de las claves sobre la concepción de desarrollo sostenible. Y es que esta fue formulada como un programa de acción para poner al mundo en la senda del desarrollo sostenible, que tiene como metas fundamentales erradicar la pobreza, crear una sociedad más justa y detener la destrucción ambiental, a la par de que se adelante un tipo de crecimiento económico que asegure el cumplimiento de estos tres grandes propósitos.

Y ahora cuando, para escribir esta columna, repaso la Agenda, recuerdo vívidamente las arduas negociaciones que, por dos años, llevaron a lograr un consenso sobre todos y cada uno de los temas fundamentales de desa-rrollo sostenible en lo social, lo económico y lo ambiental, en acuerdos que están contenidos en 40 capítulos a lo largo de 500 páginas. Pero la Agenda tuvo una lánguida implementación y la ONU parecería haberla archivado en el baúl de los trastos viejos.Y, entonces, ¿por qué y para qué esculcar en este baúl, para referirse a los patrones de consumo y producción? Es que el hecho de que este tema y el de pobreza encabezaran la Agenda refleja una de las principales concepciones de la Cumbre de Río: no es posible erradicar la pobreza, ni detener la destrucción ambiental si simultáneamente no se transforman esos patrones.

En efecto, en la Agenda se acordó “promover patrones de consumo y producción que reduzcan la amenaza ambiental y sirvan para satisfacer las necesidades básicas de la humanidad” y se establecieron unos lineamientos de acción para lograr este objetivo. ¿Qué se puede decir 20 años después? En el lado de los patrones de producción hay algu-nas noticias positivas, entre otras: un mejor uso de energía y materiales por unidad de producto, y el aceleramiento del proceso de transición para remplazar las energías basadas en los combustibles fósiles por energías renovables.

 Además, muchas empresas anuncian haber implantado el enfoque de producción más limpia, uno de los lineamientos de la Agenda, aunque la investiga-ción académica ha concluido que no son tantas las que han logrado insertarlo en el corazón mismo de la estrategia corporativa.

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