| 2016/12/05

Criticamos pero consumimos

Si usted habla por celular, escucha la radio, toma café en taza, bebe agua en botella, usa tenedores metálicos y se transporta en algún tipo de vehículo; la minería, gústele o no, hace parte de su día a día.

* @efrainpenam - Abogado, Especialista en Derecho de Minas y Energía, Máster en Gestión Ambiental y Doctorando en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad.
* @efrainpenam - Abogado, Especialista en Derecho de Minas y Energía, Máster en Gestión Ambiental y Doctorando en Derecho Ambiental y de la Sostenibilidad.

Habitualmente tenemos la tendencia de señalar a las industrias y a las empresas por sus desempeños ambientales. Sin embargo, permanentemente consumimos sus productos. ¿Por qué?. Me pregunto dónde radica el corto circuito entre el juicio y la acción. Es decir, consumimos sin cuestionarnos de dónde vienen ni cómo fueron elaborados los productos, pero si hay alguna noticia o iniciativa en contra de determinada empresa o sector productivo, somos los primeros en juzgarlos, olvidando que también somos parte del problema.

Los consumidores jugamos un papel fundamental, ya que nosotros decidimos si compramos o no. Por fortuna, estudios e incluso informes de gestión de algunas empresas indican que una gran parte de la generación de ‘millennials’ en Colombia basa sus decisiones de consumo en los desempeños ambientales del productor.

Si bien es cierto que no podemos dejar de satisfacer nuestras necesidades, si no encontramos artículos que hagan parte de una cadena sustentable, debemos cuestionarnos sobre cuáles son nuestras necesidades reales y cuáles son nuestras necesidades creadas.

Según la Fundación de la Sociedad para la Minería, Metalurgia y Exploración, se estima que cada persona  nacida en el hemisferio occidental consumirá alrededor de 1,5 millones de kilos de minerales, metales y combustibles en su vida. Esto incluye la sal, la arcilla, el carbón, el cemento y derivados del petróleo como cremas y plásticos, entre otros. Así que si usted consume huevo con sal, vive en una casa que tenga algún material de construcción, usa reloj, habla por celular, escucha la radio, toma café en taza, bebe agua en botella, come en platos de cerámica, usa tenedores metálicos y se transporta en algún tipo de vehículo con ruedas y motor; la minería, gústele o no, hace parte de su día a día.

Entonces, ¿cuál es la razón para satanizar a las industrias y a las empresas por desempeños ambientales? ¿Se deberá a la desinformación sobre el ciclo de vida del producto que consumimos?  ¿Será que nos queda más fácil juzgar que cambiar?

Estamos en un momento en que debemos detenernos y reflexionar acerca de la responsabilidad que nos atañe a todos sobre el cuidado al medioambiente y sobre nuestros hábitos de consumo. La minería, así como muchas otras actividades económicas que estigmatizamos porque sí, es necesaria y hay territorio suficiente en el país para que esta actividad se desarrolle racionalmente; claro está, bajo los más altos controles y exigencias de desempeño.

Por último, cabe resaltar que para exigir minería bien hecha, esta tiene que ser legal. No se trata de negar que existe minería que ha impactado e impacta severamente al medioambiente, pero también es nuestro compromiso entender qué tipo de minería es, cuál es la legalidad de la misma y averiguar los orígenes de los minerales que consumimos. Solo desde el consumo responsable podremos ser congruentes y consecuentes con nuestras opiniones.

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