*CEO y Fundador de Smartsolar, www.smartsolar.com.co

En Latinoamérica, por no hablar de Europa, el desarrollo de las energías renovables con mayores beneficios para las naciones han sido aquellas que se dan a menor escala en múltiples puntos. Las personas tienen no solo la capacidad de generar parte de la energía que consumen, sino que los excedentes de esa energía producida se aportan a la red eléctrica a cambio de remuneraciones. Este efecto se conoce como net metering o “neteo” en donde se cruzan los excedentes de energía aportados a la red, versus el consumo de energía de la red misma.

En Colombia, aun no se logra la seguridad y sostenibilidad energética, muestra de esto son los racionamientos de 1977, 1980, 1981, 1992 y la amenaza de racionamiento del 2016 que, aunque se logró evitar, queda como precedente la falta de capacidad del sistema tradicional de cubrir la demanda energética. Con cuatro décadas de diferencia entre los hechos descritos, se puede identificar la coincidencia en las causas: alta dependencia de las fuentes hidroeléctricas, malos manejos, fenómenos climáticos, errores en la planeación y bajos niveles de los embalses.

En la actualidad, la abundancia de fuentes alternativas de energía y su efectividad para abastecer parte de la demanda de energía ofrece una solución para este problema recurrente en el territorio nacional. Al día de hoy existen tecnologías implementadas exitosamente en diferentes países alrededor del mundo que muestran que las fuentes alternas son un sistema capaz de brindar seguridad en el abastecimiento energético, gestión eficiente de la energía, respuesta a la demanda, reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y desarrollo económico sostenible.

En términos económicos básicos, la implementación genera para los colombianos una reducción en costos de energía o lo que es igual, un aumento de ingreso. Para el Estado, la obtención de un sistema energético más diversificado que lo hace menos susceptible a los déficits en energía y la disminución en costos por las pérdidas de transmisión de energía y mantenimiento de termoeléctricas.

En 2014 el gobierno expidió la Ley 1715 con el fin de asegurar la diversificación del abastecimiento energético, se estableció la utilización de fuentes no convencionales de energía, como un “asunto de utilidad pública e interés social, público y de conveniencia nacional” y a su vez otorgó incentivos tributarios, no obstante, existen considerables obstáculos para lograr una plena incursión en estas “nuevas” tecnologías.

A la fecha no se puede acceder a los incentivos tributarios que ofrece la ley 1715 de 2014, si bien, en febrero de 2016 la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME) expidió Resolución por la cual se establecieron los procedimientos para obtener el beneficio de la exclusión del IVA y la exención de gravamen arancelario, incluyó como requisito la certificación del beneficio ambiental avalado por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), pero aun no existe la resolución por parte de ANLA.

De otro lado, está la imposibilidad legal de que las personas naturales y las empresas puedan inyectar los excesos de energía producto de una actividad de autogeneración o cogeneración.

Al respecto, el Ministerio de Minas y Energía expidió el Decreto 2469 de diciembre de 2014 que establece algunos lineamientos en materia de la entrega de excedentes de energía, no obstante, la misma será infructuosa hasta que la Comisión Reguladora de Energía y Gas (CREG) determine el mecanismo de implementación de contadores bidireccionales que contabilicen el aporte y salida de energía de la red, además del sistema de remuneración entre los operadores de la red eléctrica y los particulares.

De lo anterior se concluye que los esfuerzos del Gobierno por buscar alternativas para los problemas energéticos y la implementación de fuentes no convencionales de energía se han visto frustrados por la falta de regulación en cuanto a los procedimientos.

Colombia necesita transformar con prontitud su sistema energético con un único punto de generación muy lejos del sitio de consumo a un sistema sostenible e integrado entre ese punto de gran generación y múltiples generadores a pequeña escala.

En otras palabras, el camino a la sostenibilidad energética en Colombia permitirá blindar al país ante los cambios climáticos en materia de energía permitiendo satisfacer la demanda de las operaciones en el día a día y así crecer como país económicamente.

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