Las mediciones son, sin duda, herramientas útiles para establecer niveles mínimos de desempeño; conocer el grado de cumplimiento de los objetivos empresariales; gestionar la calidad e impacto de los procesos organizacionales; alentar las mejores prácticas y, en general, obtener elementos objetivos de decisión. La experiencia nos enseña, sin embargo, que ningún indicador o medida de gestión debe interpretarse de manera aislada o fuera de contexto y, más importante aún, que no debe ser un objetivo en sí mismo.

Esta reflexión toma relevancia cuando las empresas decidimos participar en un ranking, índice o proceso de medición frente a nuestros pares. En materia de sostenibilidad, hay múltiples ejemplos y el reto es cómo asumir estos procesos de manera inteligente, superando el afán de la simple figuración, tan seductora para la mayoría.

¿Cuál es el verdadero valor de estas mediciones? La experiencia de la participación en el Índice de Sostenibilidad Dow Jones, quizás uno de los más reconocidos en la materia a nivel global, nos ha permitido obtener varios aprendizajes. Nos permite hacernos las preguntas que se está haciendo el mundo empresarial, o por lo menos aquel que aspira a implementar las mejores prácticas. Es decir, nos llama la atención sobre qué asuntos estamos gestionando y en qué medida, y qué otros pueden estar desatendidos o no son prioritarios.

Tan acostumbrados, como estamos, a los indicadores financieros en el mundo de los negocios, enfrentarnos a extensos cuestionarios que indagan por información cualitativa en los más diversos aspectos de la gestión organizacional, ha sido todo un camino de aprendizaje. Algunos de esos aspectos, posiblemente, ni siquiera estaban en los mapas de gestión y se han ido incorporando a medida que se identifican como asuntos relevantes para la sostenibilidad del entorno y de las organizaciones.

Precisamente, al ser esta una evaluación integral, es también un examen exhaustivo sobre nuestras fortalezas y debilidades. Asumir sus resultados con seriedad, implica superar el interés de ocupar un sitio de honor, para enfocarse en entender dónde están las brechas y las oportunidades de aprendizaje y cuáles deben ser las prioridades de la organización para seguir avanzando en el camino de la sostenibilidad, que es, en todo caso, el del mejoramiento continuo.

La integralidad de este análisis también es útil en la medida en que involucra a todos los miembros de la organización en el proceso. No es un asunto de algunos directivos o de áreas específicas, sino más bien una construcción conjunta. Estas mediciones son el reflejo de la actuación de todo un equipo. Tanto el reporte de la información que se analiza como la socialización de los resultados, son momentos clave para que todos asumamos el compromiso que implica la evaluación e incorporación de las mejores prácticas en la gestión diaria de los procesos.
Por último, vale recordar que en un escenario tan exigente como el que hoy enfrentamos, mejorar día a día es un imperativo para seguir vigentes. Por ello, cuando una empresa aspira a ser llamada “de categoría mundial”, es decir, a estar a la altura de los mejores en su industria, es valioso que tenga referentes frente a los cuales pueda establecer su posición competitiva en diversos frentes.

En la organización a la cual he estado vinculado desde hace más de 35 años, la actuación responsable ha sido siempre parte integral de la filosofía corporativa y de la manera de hacer negocios. Esta esencia se ha fortalecido, sin duda, con la gestión consciente, transversal, formal, sistemática e integral a la cual nos invitan procesos de medición como el que adelanta RobecoSAM en torno al Índice de Sostenibilidad Dow Jones, uno de los muchos que identificamos hoy en esta materia. Asumir esta participación con rigor, apertura y disposición de aprender, ha sido una muy buena forma de aprovechar la ruta de mejoramiento continuo que nos propone.