La búsqueda de las respuestas pasa por diferentes visiones, porque aunque es indudable que se ha avanzado en múltiples dimensiones, también lo es que en ese camino hemos dejado a un lado asuntos fundamentales para el futuro del planeta y por ende de la humanidad. 

Para 2015 nos habíamos propuesto cumplir ocho objetivos que a primera vista parecían fuera de contexto, sobre todo en un momento en el que como nunca antes se cuenta con los recursos para investigar, eliminar las distancias y suplir las necesidades básicas. Sin embargo, la pobreza, la inequidad, los niveles de educación y las condiciones de salud siguen siendo una preocupación y generan un desbalance en un alto porcentaje de la población.

 Al evaluar el cumplimiento de esos objetivos, seguimos con tareas importantes, y por eso surge la necesidad de ponernos de acuerdo en unas nuevas metas, esta vez a 2030, representadas en 17 objetivos de desarrollo sostenible –ODS–, que abren las dimensiones de lo que antes habíamos declarado, y que integran la voluntad de gobiernos, de empresas y de la sociedad civil. Hoy los ejes son las personas, el planeta, la prosperidad, la justicia y las alianzas intersectoriales como camino para alcanzar cada una de las aspiraciones definidas.

 Han sido muchas las voces que en este sentido y durante varios años se han pronunciado frente a la necesidad de tener horizontes de largo plazo como un llamado a la sostenibilidad en un entorno cambiante, y en el que los recursos se agotan por fuerza de la actividad humana. Ya no hay vuelta atrás.

 Si cada uno, como ciudadano, dedica unos minutos a pensar en lo que le espera a sus hijos, nietos o cercanos en el 2050, solo como un ejercicio de prospectiva básico, seguramente tomaría acciones correctivas desde ya, porque el presente es el único momento que tenemos para revertir los efectos y sentar las bases de un futuro viable, en condiciones de dignidad, bienestar, equilibrio y competitividad. 

La apertura de los mercados y la conectividad han traído consigo la globalización. No podemos estar ajenos a las problemáticas de otras latitudes, porque al final del día son condiciones transfronterizas que afectan o movilizan acciones globales. Es ahí justamente donde encuentran su verdadero sentido la tecnología y la innovación en esta cuarta revolución industrial en la que debemos enfrentar juntos los desafíos que plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para ello, es clave entender que los múltiples riesgos y amenazas que existen, son también oportunidades para desarrollar estrategias y nuevos negocios que den las respuestas que se requieren. 

Hablar y trabajar por el agua, la vida submarina, los ecosistemas terrestres, la salud, la educación, la igualdad de género, el empleo decente, la justicia, erradicar el hambre, y el consumo responsable, por nombrar algunos, no puede seguir siendo solo un lugar común en las agendas de los gobiernos y de las empresas, debe ser un llamado a la acción y un propósito común de todos como sociedad.