*Director ejecutivo de Volans y director no ejecutivo de SustainAbility.

Los líderes de los negocios toman su motivación de muchos lugares. Sin embargo, los factores de riesgo superan las oportunidades en el mundo de la sostenibilidad. Ha llegado el momento de que haya un cambio. Con base en esta idea es que el expresidente de Puma, Jochen Zeitz, y yo estamos trabajando para escribir un nuevo libro que se llamará El reto de la disrupción. Afortunadamente, el reflector está cambiando de dirección y ha pasado a iluminar más oportunidades que riesgos en la medida en que los ‘garrotes’ regulatorios son remplazados por las ‘zanahorias’ de los mercados. 

Nuevos mercados se están abriendo, pocos tan rápido como los de las tecnologías limpias llamadas cleantech. Es por esto que el Global Innovation Index (GII) 2014 hecho por el Grupo Cleantech y la WWF es una lectura fascinante. Las tecnologías limpias, alguna vez consideradas un área de nicho por los inversores del capital, ahora están entrando con fuerza en los mercados impactando sectores como los de salud, alimentos, electrónicos, químicos y retail. Esta nueva corriente busca lograr cosas como tener acceso a agua limpia, el cultivo de comida sostenible y el transporte bajo en carbono.

Aunque la inversión no es muy grande, las tecnologías limpias podrán suplir el vacío generado por otras ‘burbujas’ de renovables que están en declive, como la energía solar. Al igual que la industria de aparatos electrónicos, las compañías de energía solar y eólica están bajando sus precios. Esto hace que los combustibles fósiles sean menos atractivos y se estima que la inversión en renovables podría alcanzar los 500.000 millones de dólares para 2020.

Hace una década, las energías limpias se reducían a unos cuantos startups. Aunque el mercado ha tenido sus altibajos, muchas marcas conocidas han entrado en la lucha por hacerse un nombre en este negocio. Entre ellas están: el constructor de carros Tesla, la desarrolladora de energía hídrica, solar y eólica, Hanergy, y la manufacturera de turbinas impulsadas con aire, Suzlon. Así mismo, se espera las ventas de productos relacionados con energías limpias sobrepasen las de productos relacionados con gas. Para 2015 se espera que lleguen a los 390.000 millones. 

Algo sorprendente es que, según el GII 2014, el país que lidera esta reconversión energética no es Estados Unidos, que ocupa el tercer puesto, sino Israel seguido de cerca por Finlandia. Sin embargo, el país donde más fondos van a ser destinados para promover este tipo de energías es China. Por otra parte, los países más quedados en el tema son Rusia y Arabia Saudita.

Entonces, ¿cómo pueden los gobiernos ambiciosos mejorar en este ranking? Primero, deben incrementar su inversión en investigaciones académicas sobre el tema. Segundo, deben considerar la idea de asumir la lucha contra el cambio climático usando este tipo de energías. Tercero, deben modernizar la infraestructura energética existente, y en muchos casos prehistórica, y remplazarla por una que reciba bien las nuevas tecnologías. Y cuarto, deben asegurar que los emprendedores del futuro reciban la educación y entrenamiento adecuados sobre estos temas hoy.

Ninguno de estos es un reto pequeño. Pero los cuatro son cruciales para las economías que quieran hacer parte de una disrupción empresarial y de innovación que nos ayudará a combatir los estereotipos a los que nos enfrentemos en los años por venir. 

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