*Julián Ballesteros Riveros, Cofundador de Value4Chain y PeaceStartup @ballesteros_j.

Colombia cada vez está más cerca de ver el final del proceso de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC. Una vez se firmen los acuerdos alcanzados no solo estaríamos frente a un hecho que marcaría la historia del país, sino frente a la parte más difícil de este proceso, la implementación de los acuerdos y la construcción de una paz estable y duradera.

Escenarios de participación ciudadana relacionados con el proceso de paz, como el “Foro Nacional Fin del Conflicto y refrendación, implementación y verificación”, realizado del 8 al 10 de febrero, le han dado voz a representantes de diferentes sectores de la sociedad como víctimas, campesinos, indígenas, afrodescendientes, sindicatos, exmilitares, población LGBTI y empresarios para que propongan alternativas para la puesta en marcha de los puntos 3 y 6 del acuerdo general. También se llevó a cabo la Conferencia “Cómo construir paz en los territorios” el 4 de marzo, en el que varios investigadores internacionales destacados intercambiaron sus puntos de vista frente al avance en el fin del conflicto colombiano con integrantes de la delegación del gobierno en La Habana, con líderes sociales y con la ciudadanía.

Sin embargo, no ha sido clara la cantidad y la calidad de las propuestas ciudadanas, y gran parte del resultado de estos escenarios ha sido una enorme lista de preguntas, reclamos y solicitudes realizadas al Gobierno Nacional o a los gobiernos locales por parte de quienes habitan los territorios en donde se ha vivido más de cerca el conflicto. Esto porque las condiciones en las que viven estas personas no son las mejores y porque aún no cuentan con soluciones al desplazamiento forzado, la baja productividad rural y al limitado acceso a los servicios básicos. Estas problemáticas deben ser parte de la agenda para alcanzar esa paz estable y duradera que se pretende.

Con antiguos reclamos no vamos a superar décadas de abandono de departamentos como Chocó o La Guajira, el dinero del Estado tampoco sirve de mucho cuando la corrupción tiene planes más elaborados y ambiciosos, y definitivamente el asistencialismo ha demostrado ser perjudicial tanto para las personas como para el desarrollo económico. Entonces las respuestas a las preguntas, reclamos y solicitudes también están en nuestras manos, como colombianos todos hemos vivido el conflicto de diferentes maneras y si el propósito es cambiar las condiciones actuales para apostarle a un país con mayor confianza, más cooperación, más próspero y más inclusivo, no deberíamos esperar a que otros, incluso el gobierno, hagan solos la tarea de hacer los cambios que todos queremos. En un contexto de conflicto y posconflicto como el de nuestro país, esta apuesta depende de varios factores, entre ellos de la reactivación económica de las regiones para tener una mejor calidad de vida y una mayor inclusión social.

La alternativa del emprendimiento sostenible

La reactivación económica en un contexto de conflicto o posconflicto no se logra solamente reduciendo a corto plazo las cifras de desempleo o entregando subsidios para que la población más pobre logre sobrevivir. Para generar transformaciones en las regiones se requiere de un cambio cultural en el que las personas se arriesguen más a hacer y encuentren un ambiente propicio para emprender nuevos negocios y empresas, se requiere también de que se acojan las inversiones siempre que se hagan de manera responsable, pero sobre todo debemos facilitar, entre todos, un ecosistema en el que construyamos cadenas de valor desde en las que la principal preocupación sea la cooperación y la confianza para la sostenibilidad, en lugar de la mera rentabilidad.

Hay grandes diferencias entre el caso colombiano y el escenario de conflicto y posconflicto que han enfrentado países como Bosnia y Ruanda, pero aun con las particularidades de cada contexto existen casos en estos países que demuestran las posibilidades del emprendimiento sostenible para el posconflicto.

Bosnia - Herzegovina

A partir de la desintegración de Yugoslavia en 1991 y siguiendo el deseo independentista que había llevado a Croacia y Eslovenia a declararse estados soberanos, Bosnia declaró su independencia en febrero de 1992 encontrando una fuerte oposición por parte de los serbios, quienes desataron una guerra que duró hasta diciembre de 1995, cuando se firmó el Acuerdo de Dayton. Durante la Guerra de Bosnia se reportó la muerte de cerca de 100.000 personas y 1,8 millones de desplazados.

Durante el conflicto y el posconflicto en Bosnia-Herzegovina, Vegafruit ha logrado producir, distribuir y exportar verduras, frutas y jugos, activando una cadena de valor sostenible que por momentos estuvo muy fragmentada, esto lo logró generando confianza con sus proveedores, a los cuales les ofreció pronto pago, asistencia técnica, financiación de cosechas e incluso llevó a cabo procesos de incubación con proveedores locales y de apoyo a la creación de cooperativas de productores.

Ruanda

Ruanda por su parte, enfrentó una de las mayores masacres de la historia producto de las diferencias entre las etnias Tutsi y Hutu, que se agudizaron desde 1990 con enfrentamientos entre guerrillas y que estallaron en 1994 cuando el gobierno Hutu intentó exterminar la población Tutsi, en lo que se convertiría en un genocidio con cerca de 800.000 personas muertas, más de 3 millones de desplazados externos e internos y violaciones de derechos a mujeres y niños.

Ruanda tiene varios casos de éxito, en el posconflicto las nuevas políticas del gobierno han logrado que bajen las cifras de pobreza, que aumente la escolaridad, que se facilite la puesta en marcha de negocios así como la creación de nuevas empresas, y la inversión extranjera está viendo grandes oportunidades en Ruanda, uno de los países con mayor tasa de crecimiento PIB del mundo.

El ecosistema emprendedor ruandés es hoy muy activo, existen organizaciones como African Entrepreneur Collective - AEC, que apoyan a emprendedores locales para que sus negocios crezcan rápidamente, ayudando a crear más de 700 empleos a través de la interacción entre varias aceleradoras. Desde el año 2000 la plataforma ‘IDEA for Africa’ ofrece programas especializados para líderes y emprendedores con alianzas globales. Se realizan diferentes competencias de emprendimientos digitales o startups, que se han materializado en inversiones por parte de fondos de capital de riesgo, pero además de esto, empresas como ROKA fundada en el 2008 y dedicada al procesamiento de minerales apunta al desarrollo económico de Ruanda, emplea más de 1000 personas, y su CEO Emery Rubanenga hace énfasis en el nuevo espíritu del país que reclama una transformación social.

En Colombia la situación es favorable, los departamentos de Vichada, Antioquia, Meta, Magdalena y Córdoba en donde se han concentrado múltiples actos violentos tienen en el posconflicto una enorme oportunidad para el desarrollo al ser considerados como los que tienen la mayor cantidad de tierra productiva, los retos de desarrollo agroindustrial y seguridad alimentaria podrían tener solución allí. El Ministerio TIC viene apostando al emprendimiento tecnológico a través de programas como Apps.co con resultados más que satisfactorios, varias empresas privadas han apoyado decididamente iniciativas como el Premio Emprender Paz y PeaceStartup que visibilizan y premian emprendimientos y negocios encaminados a la construcción de paz, y las universidades y centros educativos están en línea con lo que significa preparar una nueva generación de personas decididas a hacer con emprendimientos sostenibles.

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