Hace un par de semanas el equipo de La Pepa de Canal Capital me invitó a hablar sobre Ecopetrol y su reciente reporte de utilidades del ejercicio de 2016. La conclusión fue clara: es hora de cambiar de rumbo y dejar de invertir en la economía del siglo pasado. Tras la semana global por la desinversión en combustibles fósiles, la discusión recobra importancia.

Que Ecopetrol reporte utilidades es positivo para Colombia. Es una empresa de todos los Colombianos que, como bien dijo Andrés Ospina en conversación sobre el tema en La Pepa, produce recursos muy necesarios para nuestras finanzas públicas desgastadas, en momentos en que enfrentamos el gran reto de implementar una paz duradera en todo el territorio nacional. En otras palabras, no podía caernos mejor la noticia.

Mal haríamos, sin embargo, en dejarnos seducir por el espejismo del oro negro. La decisión de triplicar la inversión en exploración (650 millones de dólares en 2017, y $1700 millones de dólares hasta el 2020) para aumentar las reservas de hidrocarburos parece comprensible desde el punto de vista de la economía de la empresa a corto plazo. En palabras de su actual presidente, “desvela” que la empresa solo tenga reservas para los próximos siete años. Ese crecimiento basado en encontrar y explotar más combustibles fósiles es, no obstante, una quimera hecha de promesas enterradas. La economía ya cambió de dirección, y el futuro no será fósil.

Las señales de varios actores involucrados en el negocio del petróleo apuntan en otra dirección. Ya en 2015 el parlamento noruego decidió que el fondo público de pensiones de ese país (el más grande del mundo en su especie, administra 900.000 millones de dólares) desinvertirá de todas las compañías que dependan en más del 30% de actividades vinculadas al carbón, por los riesgos climáticos asociados. El gobierno saudí por su parte planea sacar a la venta una proporción importante de su empresa estatal petrolera, Saudi Aramco, enviando una señal que ha sido interpretada como un intento por capitalizar sobre sus activos antes de que la demanda global de petróleo llegue a su pico y declive.

El movimiento global de desinversión alcanza cifras históricas: más de 5,5 billones de dólares en activos ya están administrados por instituciones financieras que se han comprometido a desinvertir. Lo hacen porque tiene sentido económico: la Agencia Internacional de Energía (IEA) recientemente publicó su más reciente cálculo al respecto, estimando que cerca de 1.3 billones de dólares en activos de petróleo y gas pueden perder todo su valor y quedarse “varados” en 2050. Esto sumado al esperado estancamiento y declive definitivo en la demanda global de carbón en los próximos tres años son señales claras de la dirección en la que se mueve la economía.

El sector privado también le está apuntando a un futuro renovable. El número de multinacionales que se han comprometido con adquirir el 100% de su energía de fuentes renovables va en aumento. Google cumplirá la meta este año; Facebook y Apple le siguen de cerca. Más del 60% de las compañías de Fortune 100 ya tienen compromisos de reducción de emisiones o de compra de energía 100% renovable.

Hoy en día sabemos que entre el 60% y el 80% de las reservas de hidrocarburos ya conocidas de las compañías que cotizan en bolsa en el mundo deberán quedarse bajo tierra, si hemos de mantener un planeta habitable para la civilización humana. Según un estudio reciente en la revista Nature, en el caso de América Latina ello implicaría que el 42% del petróleo, el 56% del gas y el 73% de las reservas de carbón no se podrían explotar. Usarlas – es decir, quemarlas y por lo tanto producir emisiones de gases de efecto invernadero – conllevaría a un aumento en la temperatura global promedio muy superior a los 4 grados centígrados, con consecuencias devastadoras. 

Como mencioné en otra oportunidad, el tiempo apremia para embarcarnos en una transición acelerada hacia una economía baja en carbono. Invertir nuestras utilidades en aumentar las reservas de hidrocarburos es reflejo de una perspectiva cortoplacista y anticuada. Podríamos aprovechar la oportunidad para impulsar nuevos sectores que contribuyan a diversificar nuestro portafolio de exportaciones, y para profundizar la penetración de energías renovables en el país. Empezar a cortar la dependencia económica del sector hidrocarburos no sólo contribuirá a un crecimiento más robusto, estable, menos sujeto los albures de la volatilidad de precios internacionales, sino a garantizar que podamos prosperar en el largo plazo.

*Isabel Cavelier Adarve es co-fundadora y co-directora de Transforma, organización que busca incidir en procesos de toma de decisión públicos y privados para la promoción del desarrollo sostenible. Es asesora senior en Mission2020 para asuntos financieros. Representó a Colombia en varios procesos multilaterales sobre desarrollo sostenible y medio ambiente, incluyendo el Acuerdo de París. Autora de varios artículos y libros sobre política exterior, cambio climático, finanzas climáticas, igualdad de género y derechos humanos. 

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