*Director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”. Es considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian.

Un estudio reciente de la revista Nature revela hasta qué punto el aumento de dióxido de carbono (CO2) ha reverdecido a la Tierra durante las últimas tres décadas. Debido a que el CO2 actúa como un fertilizante, alrededor de la mitad del total de las tierras con vegetación está persistentemente más verde en la actualidad. Esto debería ser un motivo de gran alegría. En cambio, la BBC se centró en advertir que no debemos dejar de preocuparnos por el calentamiento global y por amenazas tales como el derretimiento de glaciares y tormentas tropicales más graves. Muchos otros medios de prensa importantes ni siquiera informaron sobre el estudio.

Nuestra conversación climática está ladeada. Existe un amplio margen para sugerir que el cambio climático ha causado tal o cual problema, pero cualquier mención a aspectos positivos es desaprobada. Hemos sabido durante décadas que el aumento de CO2 y de precipitaciones haría que el mundo sea mucho más verde -hacia finales de siglo-, es probable que la biomasa mundial haya aumentado en un 40%. Del mismo modo, sabemos que muchas más personas mueren de frío que de calor. El mayor estudio sobre las muertes causadas por el calor y el frío, publicado el año pasado en la revista The Lancet, evaluó más de 74 millones de muertes en todo el planeta, desde la fría Suecia hasta la caliente Tailandia. Los investigadores descubrieron que el calor causa casi 0,5% de todas las muertes, mientras que más de un 7% son causadas por el frío.
A medida que el calentamiento global hace subir las temperaturas, más personas morirán por las olas de calor, un punto enfatizado por activistas y funcionarios, como la Secretaria Ejecutiva sobre Cambio Climático de la ONU, Christiana Figueres. Lo que no escuchamos de ella es que un número menor de personas morirán de frío.

Sólo mencionar los aspectos negativos distorsiona y degrada la conversación política. Cualquier persona razonable puede reconocer ambos aspectos, positivos y negativos, entre las propuestas políticas de diferentes partidos. Quien insiste en que cualquiera de los lados ofrece solo aspectos negativos es un partidario extremo.

A medida que el mundo se desarrolla, se hace mucho menos vulnerable: un huracán que golpea Florida mata a pocas personas, mientras que un evento similar en Guatemala mata a decenas de miles. De hecho, las muertes relacionadas con el clima han caído de medio millón por año en la década de 1920 a menos de 25.000 por año en la década de 2010. Un estudio reciente en Nature que esperaba huracanes más severos por el calentamiento global, encontró sin embargo que el daño económico podría reducirse a la mitad, desde el 0,04 por ciento al 0,02 por ciento del PBI, debido a que el aumento de la ferocidad sería más que compensado por el aumento de la prosperidad.

Si nuestra conversación climática lograra incluir lo bueno junto con lo malo, tendríamos una comprensión mucho mayor de nuestras opciones. La economía climática hace justamente eso, tomar todos los aspectos negativos (como el aumento del nivel del mar y más muertes por calor) y todos los aspectos positivos (un planeta más verde y menos muertes por frío). Un enfoque económico climático encuentra que hoy -contrariamente a la insistencia masiva de los alarmistas que ven solo los aspectos negativos- el calentamiento global causa tanto daño como beneficio. Con el tiempo, el cambio climático se convierte en un problema neto: en la década de 2070, concluye el Panel del Clima de la ONU, el calentamiento global causará un daño equivalente a hasta el 2% del PBI. Esto ciertamente no es un costo trivial, pero tampoco es el fin del mundo. Es tal vez la mitad del costo social del alcohol en la actualidad.

Esto sugiere que una política que pudiera erradicar el calentamiento global por el 1% del PBI, probablemente sería un buen negocio. Lamentablemente, no tenemos tal negocio sobre la mesa. El tratado sobre el clima de Paris costará alrededor del 2% del PBI y solucionará mucho menos de una décima parte del problema. Políticas climáticas menos eficaces pero más ambiciosas cuestan al menos 6% del PBI por año. La energía eólica y solar, que cubre menos de la mitad del 1% de las necesidades energéticas mundiales, cuesta decenas de veces más que sus beneficios climáticos. Los automóviles eléctricos proporcionan quizá una milésima en beneficio climático respecto de sus cuantiosas subvenciones públicas. Los biocombustibles son enormemente costosos, mientras que aumentan las emisiones.

Cuando cambiamos la conversación climática para describir aspectos positivos junto con los negativos, y nos enfocamos en los costos y beneficios de las políticas -tratando básicamente este reto como cualquier otra política de la agenda- se hace obvio cómo muchas de las políticas climáticas aceptadas actualmente son deficientes. No es de extrañar que los activistas del clima no quieran este tipo de conversación.

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