| 2015/11/19

El sí y el no

Así suene contraintuitivo, preguntar simplemente por sí o no permite que cada uno valore sus creencias, afectos, miedos y opiniones en la forma que mejor represente sus preferencias reales maximizando la libertad de opinión personal.

*Profesor e investigador, facultad de administración, Universidad de los Andes.
*Profesor e investigador, facultad de administración, Universidad de los Andes.

Cada vez más se calienta el debate sobre la refrendación de los acuerdos de paz. Llueven posiciones a favor y en contra del posible plebiscito mediante el cual a los colombianos se les preguntará simplemente si están o no de acuerdo, un aparentemente simple sí o no.

Es una decisión que tendrá efectos determinantes en la sostenibilidad social, económica y ambiental de nuestro país por razonas que han sido ampliamente discutidas. Los ataques a este mecanismo se han centrado en descalificar la simpleza de la pregunta argumentando que la gente debería poder votar punto por punto de los acuerdos.

Vale la pena abordar el asunto desde un lado distinto al político o al jurídico. ¿Qué implica esta decisión desde el individuo que debe elegir? Existen amplios estudios científicos sobre el comportamiento en toma de decisiones que pueden iluminar un poco la discusión. Primero, entendamos que el sí o el no a los acuerdos es conceptualmente igual a cualquier otra elección que realizan los individuos y que las elecciones son dicotómicas por definición. Siempre que se elige una alternativa se renuncia a las otras, y esto es una manifestación de las preferencias de las personas. Sin embargo, el proceso de decisión que conduce a la elección puede ser muy complejo y cargado de diferentes aspectos afectivos y cognitivos. Durante este proceso previo a la elección, cada individuo acumula y procesa la información necesaria para elegir y ejecuta difíciles cálculos mentales para valorar y ponderar dicha información. Permitir que esto ocurra es determinante para maximizar la libertad del individuo frente al proceso de decisión y elección. Unos usan mucha información y ponderan cada parte. Otros toman unos pocos elementos y estos son los determinantes. Otros se dejan llevar por su intuición y otros seguirán sus emociones directamente. Todas éstas son formas válidas de llegar a una elección.

Así suene contraintuitivo, preguntar simplemente por sí o no permite que cada uno valore sus creencias, afectos, miedos y opiniones en la forma que mejor represente sus preferencias reales maximizando la libertad de opinión personal. Por el contrario, si se pide una aprobación punto por punto, se obliga una ponderación uniforme de todos los aspectos del acuerdo y además se suprime la interdependencia que por naturaleza se da entre ellos, por ejemplo entre mecanismos de justicia y reparación de víctimas. Para verlo simple, es como si al llegar a casarse, el sacerdote en lugar de preguntarle a los novios si aceptan o no, sacara un referéndum de pareja para que se aprobaran unos aspectos si y otros no. ¿Qué matrimonio funcionaria así? ¿Qué compromiso se puede obtener de eso? Así como lo novios que pesan y sopesan lo que quieren y no quieren de su pareja para llegar al sí o al no frente al altar o al juez, los colombianos tendremos que ver lo que nos gusta y no nos gusta, ponderarlo de acuerdo con nuestros propios criterios y convicciones y llegar a un resultado neto positivo o negativo que será el que nos lleve a marcar la elección. Lo que si deber hacer el gobierno una vez acaben las negociaciones es una extensa campaña de difusión y explicación, responder preguntas, hacer aclaraciones y permitir así el ejercicio libre de decisión y elección.

Capítulo aparte merecen las implicaciones prácticas de no preguntar si o no. Más allá de la obvia dificultad de la mayoría de personas para emitir una opinión con significado sobre cada punto del acuerdo ¿Qué se haría con la opinión favorable sobre solo algunos de los puntos? ¿Volvería el acuerdo a La Habana para tratar de arreglarlo? Esto no tendría sentido frente a meses de negociaciones donde delicados equilibrios fueron alcanzados. Se causarían grandes y peligrosas demoras. Un solo punto que no salga aprobado sería un no para el acuerdo total y esto es un riesgo que no se debe correr ya que no es justo ni con el proceso de negociación mismo ni con la libertad de elección de las personas que en un sí o un no pueden manifestar de mejor manera sus opiniones, juicios y emociones.

Relacionados

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.