En agosto de 2013, después de siete días de paro agrario, numerosos muertos y bloqueos en todo el país, el Presidente Juan Manuel Santos, aseguró que “el tal paro nacional agrario no existe”. Ahora, somos nosotros, los habitantes de Bogotá los que parecemos estarlo negando.

Estar en la capital, en un país sumamente centralista, suele hacer que nos olvidemos de lo que pasa en el resto del país. Nuestros gobernantes incurren igualmente en esta situación. Parecen mandar para el centro y olvidan la periferia, como los medios de comunicación, que no le prestan mayor importancia a nada de lo que ocurre fuera de Bogotá, incluyendo la Minga Agraria, Campesina, Étnica y Popular que se desarrolla en las regiones.

El 30 de mayo de 2016 inició la Minga Agraria, Campesina, Étnica y Popular, una movilización social con vocación de ser pacífica, que tiene como objetivo expresar la inconformidad de muchas comunidades con el modelo de desarrollo económico actual que limita la justicia social y ambiental. Dentro de las exigencias especificas del pueblo se encuentra el desmonte de la Ley Zidres y el cumplimiento de los acuerdos pactados en el paro agrario de 2013.

Las exigencias hechas por los diferentes pueblos y comunidades que participan en la Minga a lo largo de todo el país, son, por decir lo menos, razonables, además de supremamente justas. Por dar un ejemplo, está la anulación de la Ley Zidres. Esta norma permite la concesión de terrenos baldíos para el desarrollo de proyectos productivos  a gran escala, cuando estos deberían ser adjudicados a los  campesinos.

Respecto a los acuerdos del paro agrario de 2013, la Minga manifiesta que el gobierno se comprometió a negociar ocho puntos de un pliego en 2014, pero hasta el momento sólo se han tocado 3 puntos, sin llegar a ningún acuerdo. Por esta razón, los diferentes pueblos y comunidades afectadas han decidido volver a marchar. Aproximadamente 70.000 personas se han movilizado en más de 15 departamentos del país.

Hasta el momento, se han registrado varios muertos y muchísimos más heridos en las protestas, debido a enfrentamientos entre el ejército y los manifestantes. Pese a todo esto, la capital del país parece mantenerse totalmente ajena a toda esta realidad, en una burbuja de desinformación y, peor aún, de desinterés.

La vocación agrícola de este país es sumamente alta, contando con 40 millones de hectáreas potenciales para agricultura. Sin  embargo, de estas solo se explotan aproximadamente 7 millones de hectáreas, ni siquiera una cuarta parte del total. A su vez, el 70% de los alimentos que se producen en el país viene de pequeños campesinos.

A pesar de todo esto, las personas que vivimos en Bogotá y las grandes ciudades no apoyamos lo suficientemente a nuestras comunidades rurales. Muchas veces pensamos que lo que ocurra no nos afecta directamente, sin evaluar que nuestra seguridad y la misma soberanía alimentaria dependen de ellos.

*Investigadora- Asociación Ambiente y Sociedad

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