*Coordinadora de Política Pública del Fondo Acción / @lemavelez



Si las encuestas no fallan, el domingo 25 de octubre habremos reconfigurado el mapa político del país. Con los cambios de nombres de gobernadores, alcaldes y corporados para el periodo 2016 - 2019 llegarán nuevas agendas, otras alianzas y un aire fresco para la gestión territorial. A los elegidos por el pueblo se les sumarán los directores entrantes y repitentes de las autoridades ambientales regionales. Independiente de los resultados, el cambio es siempre una oportunidad.

Aun cuando el medio ambiente fue una vez más un tema secundario en las promesas electorales, a los elegidos les quedan varios meses para construir sus planes de desarrollo y descubrir la importancia de la gestión ambiental en sus gobiernos. La clave es reconocer que la administración de los recursos naturales está estrechamente ligada con temas productivos, de servicios, infraestructura y manejo de conflicto, todos ellos prioritarios para el éxito de un gobernante.

Confiando en esta ventana de oportunidad y en la buena voluntad de nuestros entrantes mandatarios, me atrevo a plantear tres elementos sencillos que quisiera que todo dirigente local asumiera:

1. Primero el agua

Una buena gestión ambiental comienza por el cuidado del agua; ésta tiene que convertirse en una obsesión para los gobernantes. Es común preocuparse por la que sale de la llave –siempre aparece en campañas políticas- pero hay que pensar en ella en todas sus formas: en la que se desecha por las cañerías, la que corre por las quebradas torrenciales, la que fluye entre ríos y ciénagas, la que está en el mar, la que nace de los páramos, la que llega en exceso y la que no llega. Esto, que en el medio llamamos gestión integral del recurso hídrico, debe ser el eje articulador de las políticas ambientales de los entes territoriales.

El agua tiene dos ventajas, primero, no hay que ser un profesional en administración de recursos naturales para entender su importancia y, segundo, está interrelacionada con muchos elementos de la gestión ambiental. Así, no es necesario pedirles a los alcaldes que estudien la conectividad de los bosques o cómo es la dinámica de la población de manatíes, pero si pensando en el agua ellos hacen esfuerzos para mejorar su calidad, reducir los vertimientos, conservar y recuperar nacimientos, coberturas ribereñas y humedales, los bosques y los manatíes van a estar mucho mejor que hoy. En el día a día, los gobernantes deberán plantearse cómo no afectar el agua cuando planean vías, promueven un proyecto agrícola, o cuando piensan en la construcción de nueva infraestructura; con solo eso, su gestión ya será mejor.

2. El cambio climático es con todos

Los nuevos mandatarios locales asumirán sus cargos en un momento complicado para el país. Enero y febrero, los meses más secos para la porción del territorio en donde vivimos la mayor parte de los colombianos, coincidirán con un fenómeno de El Niño que podría estar entre los más fuertes en la historia reciente. Los cultivos se perderán, la ganadería sufrirá, la generación eléctrica se verá en problemas, tendremos más incendios y habrá dificultades en el abastecimiento de agua. Esperaría uno que semejante curso intensivo a la entrada de su mandato sea suficiente para que los gobernantes entiendan la importancia de la gestión del riesgo y, en particular, de aquel generado por el cambio climático.

Pero no se confíen. La experiencia de la Ola Invernal 2010-2011 nos enseñó que la política no aprende ni de los mejores profesores. En ese entonces el fenómeno de La Niña llegó como “la tormenta perfecta”, en palabras de Carolina Urrutia, especialista en temas ambientales, para enseñarle al país que el cambio climático está acá y es con todos. Más de 3.500.000 hectáreas inundadas, 2.350.000 damnificados, pérdidas por más de 2 billones de pesos. Pero no aprendimos. Silenciamos las recomendaciones de los expertos para tomar dictatorialmente la decisión de que la adaptación al cambio climático era reconstruir jarillones, diques y carreteras. Contrario a aprovechar la oportunidad para aprender, seguimos revelando nuestra ignorancia para gestionar el ambiente. Los nuevos gobernantes tendrán el reto de demostrar que son diferentes, que aprenden, y que entienden que mitigar el cambio climático y adaptarse a él es indispensable para garantizar el desarrollo.

3. Hay que tener recursos

La gestión ambiental no se puede dejar a merced de términos como “transversal”. Tiene que tener recursos asignados, financieros y humanos. Hay dineros que por ley se deben destinar al cuidado del medio ambiente, pero en ello todo el país tiene una deuda histórica. Sólo la voluntad política de dar el uso legal a estos recursos marca una gran diferencia.

Un ejemplo evidente está en el último gobierno de Antioquia; entre 2012 y 2015 la Gobernación, en un trabajo coordinado con municipios y corporaciones ambientales, logró adquirir casi 13 mil hectáreas para protección de fuentes abastecedoras de agua, como lo ordena el Artículo 111 de la Ley 99 de 1993 con sus modificaciones. Todos los gobiernos departamentales anteriores habían hecho lo propio, sumando poco más de 9 mil hectáreas para protección. La última gestión, con voluntad, transparencia y coordinación, está fortaleciendo sistemas de áreas protegidas y cambiando el mapa de conservación del departamento, como debería cambiar el de toda Colombia.

Para pocos gobernantes el medio ambiente es hoy una prioridad; sin duda la paz es el tema más recurrente en los planes de gobierno, pero es importante que descubran que el cuidado del medio ambiente es una herramienta invaluable para la construcción de paz. Tener ríos descontaminados, agua potable y aire limpio, hace parte de tener paz. Construir colectivamente un proyecto territorial, defender ecosistemas que a todos benefician, pensar en el interés común antes del particular, es construir paz.

Aparte de la tan buscada paz, los entrantes mandatarios no encontrarán retos novedosos en materia ambiental. No lo harán porque los desafíos que tenemos hoy son básicamente los mismos que hemos tenido en las últimas décadas, y que como gobernantes y ciudadanos no hemos sabido asumir. Sobre semejante línea base, la oportunidad para que los administradores entrantes marquen la diferencia es enorme.

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