*Profesor e investigador, facultad de administración, Universidad de los Andes.

La condición de ser ex (de cualquier cosa) es muy subvalorada en nuestra actual cultura. Vivimos bajo una fuerza invisible que nos obliga a sobre comprometernos con todo: con la gente, con las ideas, con las empresas. Esto niega la posibilidad más humana de todas: la contradicción, como lo reconoce el cantante argentino Alejandro Lerner en su ya no tan famosa “Todo a pulmón”.  

Ser ex es una salida muy decorosa de las ideas, relaciones y cargos que ya no nos quieren o ya no queremos, pero que nos cuesta mucho negar, por el susto a contradecirnos. Pero cuando uno reconoce su ex cargo, o su ex cónyuge, no se niega el pasado, se acepta y se sigue adelante con lo presente. Puede uno ser nostálgico, reconocer las bondades del ayer, pero abre la puerta al presente. Y la ex, sigue ahí, lo que fue y ya no es, y lo asumimos con altura, y nos la encontramos y la saludamos con amabilidad.  

Pero parece que es más fácil ser ex esposo que ex militante. Hace poco demostraba una de esas periodistas que posa de inteligente, al criticar y humillar a los políticos que cambian de opinión, que no hay nada más tentador para un periodista de gustos sensacionalistas que encontrar una grabación trasnochada de un político importante en la que se declara a todo pulmón (para no olvidar a Lerner) una idea contraria a una propuesta o proyecto presente.  

Decía la reencauchada periodista que no hay nada más peligroso para la democracia que un político que cambia de opinión. Yo le digo lo contrario: Dios nos libre de los líderes tercos, obstinados y agarrados de sus ideas como si su vida dependiera de eso. Sean de derecha, izquierda, arriba o abajo. ¡La terquedad no es una virtud, es un defecto! La defensa irreversible de las ideas lleva a los fundamentalismos.

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La ciencia, por ejemplo, se fundamenta en exactamente lo contrario. Lo que hace a la ciencia lo que es, es que su método incluye sus propios mecanismos de contradicción y actualización. El camino del conocimiento humano es el camino de la renuncia y la apertura. Las otras formas de conocimiento son seudo ciencias o supersticiones. ¿No es buena idea que los lideres estén en un proceso científico constante?  ¿Que siempre dejen una puerta abierta al escepticismo y a la información objetiva? ¿Que estén dispuestos a corregir el rumbo frente a las cambiantes circunstancias de la realidad social? En parte somos nosotros los electores, avivados por el susto al cambio, por la valoración del obstinado, los que obligamos a los políticos a prometer lo incumplible o de lo contrario nunca votaríamos por ellos. 

Por esto, amigos fanáticos y enemigos del ex presidente Uribe, sigan adelante, abran la puerta a escuchar y analizar quién ofrece para el futuro salidas aceptables para sus convicciones políticas. Ningún ser humano es infalible, sea quien sea, o haya hecho lo que haya hecho. El señor Uribe ya no puede ser presidente, dejémoslo en el pasado. La defensa o ataque a este señor ha roto amistades y familias. ¿De verdad lo vale? ¿Usted se pelearía con su mejor amigo por defender a su ex? ¡Ya para qué!  

La sostenibilidad de nuestra cohesión social está en juego. Se aproxima un proceso electoral que es al tempo preocupante y fascinante. Pero con él vienen las sucias estrategias del mal llamado marketing político: las difamaciones, las exageraciones, las grandilocuencias, las seudo verdades viralizadas por Twitter y las falsas dicotomías: guerra y paz, conmigo o contra mí, la deblace y el cambio extremo. La militancia ultra comprometida solo nos hace más sensibles a esas formas aberrantes de comunicación. La ciencia ha demostrado que tendemos a creer solo lo que confirma lo que ya pensábamos. Solo podemos avanzar y evolucionar si usamos nuestra capacidad para contrarrestar la tendencia natural a la terquedad. Que el abanico de candidatos sirva para hacer un shopping ideológico sin precedentes. ¡Anímese a ser un ex! 

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