No podía nuestra recientemente creada columna Antropoceno dejar de pronunciarse sobre los hechos que en los últimos días han estremecido al planeta: el anuncio del presidente republicano de los Estados Unidos de “retirarse” del Acuerdo de París ha generado una respuesta sin precedentes. Confusión y asombro reinaron finalizada la transmisión desde la Casa Blanca, probablemente producto del nuevo grado de surrealismo que han alcanzado las comunicaciones desde la capital estadounidense. Al mejor estilo de una saga de los ochentas, el desarrollo amerita varios episodios. En este, empiezo por repasar algunas de las características más notables del anuncio, relacionadas con la enigmática (in)comprensión del Acuerdo de París que parece tener el presidente norteamericano.

Se clausuró un largo periodo de suspenso que la actual administración republicana se encargó de alimentar durante meses. Un melodrama que no obstante, se reveló perfectamente vacío. Como cualquier mente curiosa puede comprobar tras una sencilla lectura del artículo 28 del Acuerdo de París, los Estados Parte de este tratado internacional únicamente pueden manifestar su intención de retirarse del mismo pasados tres años desde la entrada en vigor del Acuerdo para dicho Estado. En el caso de Estados Unidos, un país que ratificó el Acuerdo de París y por lo tanto, es un Estado Parte, ese término vence el 5 de noviembre de 2019. Pasada esa fecha, y hecha la notificación, debe transcurrir un año más para que el retiro tenga efecto. Así las cosas, Washington tendrá que esperar hasta dos meses antes del final del periodo de gobierno actual, noviembre de 2020, para salir efectivamente del Acuerdo.

El mensaje político, dirigido a una base electoral ávida de movidas populistas como ésta, carece de cualquier efecto legal. A esta fachada falaz, se suman afirmaciones que denotan la más profunda ignorancia de las premisas básicas de la diplomacia y el derecho internacional. Promete el mandatario que “renegociará” el Acuerdo para garantizar que deje de ser un documento que injusta y desproporcionadamente desfavorece los intereses su país. Como bien lo afirmó el propio Secretario General de las Naciones Unidas, un tratado multilateral firmado por 194 países, ratificado por 147, y en vigor, no puede ser renegociado por una de sus partes. Es legal y políticamente inviable.

Esa promesa retórica recae además sobre el desconocimiento absoluto del contenido del Acuerdo. Afirmar que hay en él un tratamiento injusto hacia Estados Unidos es exactamente contrario a la razón misma por la que fue posible llegar a un acuerdo en primer lugar. París crea un sistema de contribuciones que cada país determina libremente en función de su propio contexto nacional. Su característica paradigmática es haber logrado un diseño que incluye tanto a países desarrollados como en desarrollo, de Estados Unidos a China, de Rusia a Haití. El Acuerdo de París establece igualdad de condiciones a todos los países que son parte (es decir todos los países excepto dos: Nicaragua, que no se sumó al Acuerdo por considerarlo muy poco ambicioso, y Siria, cuya guerra civil impide la definición de su contribución nacional). Todos ponen y cada uno define cuánto pone. 

Así las cosas, el Acuerdo de París no se va a renegociar, y Estados Unidos permanecerá en él al menos durante los próximos tres 4 años, en que seguiremos lidiando con el albur permanente de una administración errática, desinformada y arrogante en la Casa Blanca. Son los mismos tres años en que tenemos que acelerar exponencialmente la acción climática. La posibilidad de detener el cambio climático depende de que en 2020 la transición hacia la economía limpia se selle con una inflexión de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Retroceder no es una opción, y rendirse ni siquiera una consideración.

Espere en una próxima entrega de esta columna porqué agradecerle a Donald Trump por su estelar anuncio.

*Isabel Cavelier Adarve es co-fundadora y co-directora de Transforma, organización que busca incidir en procesos de toma de decisión públicos y privados para la promoción del desarrollo sostenible. Es asesora senior en Mission2020 para asuntos financieros. Representó a Colombia en varios procesos multilaterales sobre desarrollo sostenible y medio ambiente, incluyendo el Acuerdo de París. Autora de varios artículos y libros sobre política exterior, cambio climático, finanzas climáticas, igualdad de género y derechos humanos. 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.