*Director Ejecutivo de Volans / Director de SustAinability.

La federación japonesa de empresarios, conocida como el Keidanren, ha invitado a Haruno Yoshida –presidente de la filial local de la compañía británica de telecomunicaciones del grupo BT– a convertirse en junio de este año en su primera ejecutiva femenina. Será la vicepresidente del Comité de Asesores del jefe de Keidanren, Sagayuki Sadkakibara. Este espera que el nombramiento de Yoshida sea el primer paso para que las mujeres sean más activas en sus lugares de trabajo.

Keidanren, además, hizo un llamado a sus más de 1.300 compañías para que adoptaran planes que permitieran el nombramiento de más mujeres en sus juntas directivas e incentivaran su presencia en la fuerza de trabajo. Sorpresivamente, a la fecha solo 16 compañías miembro de Keidanren están dirigidas por mujeres. Hay muchas razones para promover una mayor participación femenina en la economía, pero un argumento que toma fuerza con el tiempo es la resiliencia, que ayuda a superar cualquier crisis.

Recuerdo haber oído este término por primera vez durante una conversación en el Foro Económico Mundial (FEM) entre 2006 y 2007, mientras una gran firma de consultoría insistía en que la resiliencia iba a ser la nueva sostenibilidad. En ese momento no creía que eso fuera cierto, y sigo sin pensarlo. Entendida cabalmente, la sostenibilidad habla de condiciones sistémicas más grandes, mientras que la resiliencia se refiere a la capacidad de soportar los cambios generados cuando esos sistemas toman el camino incorrecto.

Dentro de esta realidad, la de la resiliencia, es inevitable que el rol de las mujeres en puestos de poder –y de los estilos femeninos de liderazgo– se vuelva, una parte central de la discusión sobre sostenibilidad y resiliencia.

Hay un interés creciente por la relación entre género y desarrollo sostenible. En un informe de 2014, las Naciones Unidas destacaron tres razones para reforzar esta conexión: que la equidad de género es un deber, que le estamos poniendo presiones enormes a nuestras mujeres y que sostenibilidad e igualdad siempre estarán ligadas.

Otro enfoque que está relacionado con la importancia de la resiliencia es el de aprovechar las oportunidades, tal como lo mostró el primer Reporte de Oportunidad Global, publicado en enero por el Monday Morning Global Institute (MMGI por sus siglas en inglés) y que coincidió con el informe del FEM sobre Riesgos Mundiales.

Sorprendentemente este ranking de oportunidad, hecho con base en más de 6.000 entrevistas con líderes del sector privado pertenecientes a 21 países, muestra que las inversiones en resiliencia están al final de las 15 oportunidades más importantes. Sin embargo, las otras 14 oportunidades listadas, como “agua y agricultura”, contribuyen, en últimas, a la sostenibilidad y la resiliencia.

Me pregunto cómo habría sido este análisis si los resultados hubieran sido divididos según el género de quienes respondían. Creo que las mujeres habrían visto otro tipo de oportunidades, entre las que las inversiones en resiliencia estarían mucho más alto. Justamente esa diversidad de pensamiento ayudará a progresar compañías como Keidanren en Japón y, en general, al mundo entero.

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