En el momento en que mi cuerpo aterrizó en las frías aguas noruegas mi mente entro en modo de supervivencia. Era finales de mayo y estaba en una pequeña isla con varis eminencias en materia de negocios sostenibles. El mar en al que acababa de llegar tenía solo 10 grados centígrados y muchas aguamalas de diferentes tamaños y colores. Sin embargo, am i lado estaba Paul Gilding, exdirector de Greenpeace Internacional, y sentí que debía portarme a la altura.

Más tarde, mientras me descongelaba, pensé que los miembros de la C-Suite global—que son los equipos de las 1.000 compañías más poderosas del mundo— también tienen que portarse a la altura y asumir lo que desde Volans— think-tank especializado en hacer consultoría sobre sostenibilidad—hemos llamado La agenda ampliada (Stretch Agenda en inglés).

Este es el nombre de algo que nació como un reporte pequeño, ligado a un programa de investigación de la Generation Foundation y a la Generation Investment Management (GIM) de Al Gore y David Blood. Más adelante mostró potencial para un documento similar al de GIM sobre cómo invertir mejor el capital para tener ingresos a largo plazo. Sin embargo, en ese momento del proceso un miembro de nuestro equipo propuso algo completamente nuevo: ¿por qué no escribir una obra de teatro, una dramatización de una junta de gerencia extraordinaria?

Eso fue lo que hicimos. El resultado, evaluado de forma favorable por Joel Makower, editor ejecutivo de GreenBiz, se llama La agenda ampliada: Irrupción en la sala de juntas y es un juego de rol en el que participan los altos ejecutivos de las empresas para cambiar de fondo su estrategia corporativa. La reacción a este proyecto ha sido tremenda. Cuando le explicamos lo que proponemos a un vicepresidente sénior de una de las empresas de telecomunicaciones más grandes del mundo inmediatamente nos preguntó si podíamos adaptar una versión de este “juego” para su equipo.

Esto fue inmenso porque, para empezar, no sabíamos cómo iban a recibir las empresas este ejercicio. El primer lanzamiento lo hicimos en la Cumbre de transformación global de Bonn donde hice dos presentaciones tipo TED. El segundo fue en Seúl, donde fui el conferencista principal de la Cumbre de Líderes del Pacto Global de las Naciones Unidas sobre la agenda post-2015. Ambos fueron bien recibidos. El final fue en esa isla helada, Noruega, con la que comencé este texto.

Uno de mis héroes es el noruego Jørgen Randers, coautor del estudio Los límites del crecimiento de 1972, que fue el primer documento que creó una base estadística para el movimiento ambiental moderno. Pueden imaginarse mi asombro cuando me invitó a contribuir en su libro 2052 subtitulado “Un pronóstico global para los próximos 40 años”. Esa fue la primera vez que hablé de esta nueva agenda que busca transformar las salas de juntas para que se alineen y amplíen sus horizontes para trazar y alcanzar metas que permitan asegurar la sostenibilidad en el largo plazo.

Esto hizo que todo fuera más fácil en Noruega. En la dramatización que hicimos usando nuestra Agenda ampliada quedó claro que la presión que se vio sobre varios temas es a la que se enfrentará el mundo en los próximos años. Lo que queremos con esta agenda es: menos charla, más acción.

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