Luisa PIzano.

Muy a menudo se dice que invertir en educación es clave para mejorar la sociedad y cambiar al mundo. Pero es importante destacar que la educación como herramienta de cambio solo alcanza su poder transformador cuando está orientada a cultivar personas excelentes, que sean capaces de pensar críticamente y desplegar su autonomía moral. 

Cuando me refiero a personas excelentes, pienso en seres humanos sensibles y responsables de ellos mismos, de otros y del medioambiente; personas que han desarrollado su dimensión socio-afectiva y que respetan y aceptan a los demás por sus opiniones, por su color de piel, su orientación sexual, sus creencias, su edad, su clase social o su nacionalidad; personas perseverantes, disciplinadas, automotivadas, con capacidad de corregirse y de volverlo a intentar. Personas capaces de convivir éticamente y de trabajar en equipo.

Desarrollar un pensamiento crítico, o sea la posibilidad de tomar decisiones, de juzgar, de evaluar, de comparar y de contrastar, es otra de las misiones que debe tener una educación transformadora. Para pensar críticamente y tomar una posición, las personas deben tener una buena base de conocimiento que les permita ser ciudadanos globales. Por ejemplo, no se puede entender el proceso de paz en Colombia sin conocer la historia y la memoria del país y el cómo en otras sociedades se ha alcanzado de diversos modos. Tampoco se pueden proponer soluciones creativas a los problemas de la vi da real si no se tiene la capacidad de pensar desde las distintas disciplinas. ¿Cómo se resolvería este u otro problema desde la física, la economía, o la filosofía? ¿Qué nos aporta la literatura? ¿Qué sabemos de estas disciplinas para generar soluciones creativas a los problemas de la vida real?

Por último, nuestros niños deben, en su paso por el colegio, empezar a construir su propia autonomía moral: esta es la transformación más compleja de todas porque requiere adquirir simultáneamente la capacidad de pensamiento crítico. Para tener autonomía moral la persona ha de poder distinguir lo que está bien de lo que está mal; lo que nos hace bien y lo que nos hace daño como individuos y como sociedad, desde una perspectiva amplia y generosa que trasciende los propios intereses.

¿Qué se requiere para lograr estos tres pilares de una educación transformadora? Profesores buenos y ejemplares, ya que muchos de los temas indicados no se aprenden ni en los libros ni en el internet, sino a través del ejemplo y de los años escolares con personas que demuestren sus convicciones y valores a través de sus propias vidas. Pero también profesores formados en sus propias disciplinas que estén dispuestos a enseñar, a pensar y no solamente a memorizar y repetir (pensamiento crítico). Además, nunca sobra tener un currículo (qué enseñar, cómo y para qué, con qué textos y materiales, etc.) que guíe y muestre la dirección de las acciones del colegio y que ojalá incorpore el uso de la tecnología. Y finalmente, unos padres de familia que nos exijan a los educadores un verdadero cambio para que sus hijos sean buenos ciudadanos, pensantes y con mucha coherencia entre sus valores y sus acciones. 

*Egresada de Matemáticas Puras de la Universidad de Los Andes, exrectora  y cofundadora del Colegio Los Nogales y consultora en Educación.

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