| 2015/09/03

La subienda en megavatios

Conservación ambiental y desarrollo no deben ser actividades antagónicas. Podemos imaginar nuevas realidades donde la intervención antrópica permite potenciar sistemas naturales, bajo criterios éticos de respeto a la naturaleza y la vida.

La subienda en megavatios

Hace poco sucumbí a la tentación de comprar un celular inteligente, desde entonces entiendo la fascinación compartida por estas máquinas, las nuevas formas de comunicarnos y de administrar la vida misma a través de la digitalización de la rutina y la información personal concentrada en una abstracción llamada nube, sin embargo, este no es el objeto de este texto. Lo que motiva mis reflexiones es la preocupación constante por la batería del celular y la búsqueda de una fuente de energía, un enchufe, para evitar la experiencia del estrés que se altere el sistema con la ruptura de las comunicaciones.

Pensar la energía es pensar en el origen y el elemento que hace posible la vida, desde una concepción teológica, biológica o artificial. La energía, en cualquiera de sus formas, ha permitido el avance de la humanidad y es la que permitirá la explotación o la limitante de sus posibilidades como especie.

Recientemente, el Programa Internacional Geosfera-Biosfera (IGBP) publicó los nuevos gráficos de la ‘Gran aceleración’, esta tendencia del antropoceno que empezó en la segunda mitad del siglo XX. (Vea: El antropoceno: la edad de los humanos)

Los gráficos fueron desarrollados con el fin de entender la estructura y funcionalidad de nuestro planeta a través de una serie de tendencias socioeconómicas bajo una visión de Sistema Tierra. En su primera versión, que incluía información hasta el año 2000, uno de los 12 gráficos era el número de restaurantes McDonald’s en el mundo, como indicador de globalización. Este fue remplazado en su nueva versión, con información hasta el 2010, por un gráfico de uso de energía, un indicador importante que da cuenta de los impactos humanos en la Tierra y es un componente central de la sociedad contemporánea. (Vea aquí los gráficos)

El antropoceno se ha caracterizado por la quema de combustibles fósiles y sus impactos ambientales asociados; sin embargo, países de todo el mundo han reconocido la importancia de explotar fuentes de energía renovable y limpia frente al deterioro ambiental y a la previsión de escasez del petróleo. Por el contrario, a otros les preocupa que los temas ambientales amenacen la generación de energía para una población mundial en constante crecimiento, que hoy supera los 7.000 millones de personas. 

Sin duda alguna, una escasez energética afectaría no solo el crecimiento económico de las naciones, sino un cambio radical en la manera en que habitamos el mundo, para bien o para mal. No obstante, mantener los modos actuales de producción energética es una amenaza a la vida misma. 

El papel de los ríos

Hoy en día, el 78% de la energía renovable en el mundo proviene de plantas hidroeléctricas, lo que representa el 17% de la generación energética global. Sin embargo, los impactos acumulativos de la construcción de diques y embalses sobre ríos, especies y ecosistemas acuáticos han sido poco conocidos hasta el momento. Los ríos representan apenas el 1% de la superficie de la Tierra, pero albergan los ecosistemas más biodiversos y productivos del planeta. Todos tenemos un vínculo directo o indirecto con los ríos, pues de ellos proviene el agua que consumimos, que se usa en la producción de nuestros alimentos, y por supuesto, que genera energía eléctrica. 

En Colombia, en la cuenca del Magdalena, se encuentran actualmente 27 proyectos hidroeléctricos grandes y medianos que tienen la capacidad de producir 9.000 megavatios -MW, el 70% de la energía hidráulica del país. En los próximos años se espera aumentar esta producción a cerca de 17.000 MW, a través de la instalación de 30 posibles nuevos proyectos más. 

Mientras alcanzamos una reducción significativa en nuestro consumo energético, si se remplazara la energía hidroeléctrica mundial con fuentes fósiles tradicionales como el carbón, se vería un incremento de 2.800 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono al año, o 1.600 si se remplazara con gas. 

La demanda energética se vale del uso de los recursos naturales para suplirla; por lo tanto, la conservación ambiental y el desarrollo no deben ser pensados como actividades antagónicas. En cambio, podemos imaginar nuevas realidades, casi biónicas si se quiere, con escenarios en los que la intervención antrópica nos permite potencializar las posibilidades y funcionalidades de los sistemas naturales, bajo criterios éticos de respeto a la naturaleza y la vida. De lo contrario veríamos conservacionistas viviendo a oscuras y empresarios sin agua para beber. 

En una cuenca como el Magdalena, en donde se produce el 80% del PIB nacional, se asienta el 70% de la población del país y aproximadamente 50.000 familias dependen de sus pesquerías. 

En una cuenca como el Magdalena, en donde se produce el 80% del PIB nacional, se asienta el 70% de la población del país y aproximadamente 50.000 familias dependen de sus pesquerías. Identificar las relaciones que se presentan por uso del agua a escala de cuenca es un imperativo para negociar y decidir sobre el uso y valor que le queremos dar a nuestros ríos frente a los diferentes conflictos por el agua: energía hidráulica-pesquerías; producción industrial-agua para consumo; distritos de riego-ecosistemas resilientes. En últimas, hidroenergía por diseño es una invitación a pensar la subienda en peces y megavatios.

Nota del autor: Las opiniones expresadas en esta columna son a título personal y no reflejan posturas institucionales.

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