Aproximadamente una vez al año, periodistas de los principales medios informativos viajan a las Islas Marshall, una remota cadena de islas volcánicas y atolones de coral en el Océano Pacífico, para informar en tono alarmista sobre la progresiva desaparición de este país insular debido al cambio climático. Sus mensajes suelen estar llenos de una emoción irracional, sugiriendo que los residentes están huyendo de los atolones debido a su rápido hundimiento bajo el mar.

Sin embargo, una nueva investigación demuestra que esto no es cierto, ni responde a una información precisa. Admitiendo que las conclusiones extraídas de la investigación no ponen en duda que el calentamiento global sea real, o que los líderes y científicos del mundo no deban hacer frente a los efectos adversos del cambio climático, es necesario reconocer que la exageración no beneficia a nadie.

Mediante el uso de fotografías aéreas históricas e imágenes por satélite de alta resolución, científicos de la Universidad de Auckland, Murray Ford y Paul Kench, han analizado recientemente los cambios producidos en el litoral de seis atolones y de dos islas de arrecifes de coral en medio del océano en las Islas Marshall. Su estudio, revisado por pares y publicado en la edición de septiembre de 2015 de la revista Anthropocene, reveló que desde mediados del siglo XX, en realidad, la superficie total de las islas ha aumentado.

¿Cómo es posible esto? Parece evidente que el aumento del nivel del mar reducirá la superficie terrestre. Sin embargo, hay un proceso de acumulación, producido por el coral roto por las olas, que se convierte en arena en estas islas de litoral bajo, contrarrestando así la reducción de la masa terrestre. La investigación pone de manifiesto que este proceso está en realidad superando la erosión causada por la subida del nivel del mar, lo que tiene como consecuencia una cantidad neta de superficie terrestre mayor.

Este proceso no solo se produce en las Islas Marshall. Los investigadores concluyen que en los “recientes estudios sobre el cambio en el volumen de litoral en los atolones, hay pocas evidencias que prueben la erosión generalizada de islas de arrecifes de coral. Por el contrario, varios estudios han documentado una notable progradación (crecimiento) y  cambios de posición de las islas desde la mitad del siglo XX,  teniendo como consecuencia un aumento neto de la superficie”. El más famoso de estos estudios, publicados en 2010 por Paul Kench y Arthur Webb, de la Comisión de Geociencias Aplicadas del Pacífico Sur en Fiji, ponía de manifiesto que de 27 islas del Pacífico, un 14% habían perdido superficie. Sin embargo, un 43% había incrementado la superficie terrestre y el resto de islas se mantenían con el mismo nivel.

Los representantes de las Islas Marshall han hecho hincapié en la necesidad de una fuerte acción global sobre el clima. La presidenta, Hilda Heine, ha declarado a los periodistas que los residentes de toda la vida están dejando el país porque el cambio climático amenaza su existencia. Es cierto que aproximadamente un tercio de la población se ha trasladado a los EE.UU, pero por razones más mundanas que el cambio climático.

El 52,7% de la población de las Islas Marshall vive por debajo del umbral de la pobreza, según el Banco Asiático de Desarrollo. Solo un 39,3% de la población con 15 años de edad o más, tiene empleo. En el informe de derechos humanos de 2015 sobre el país insular, el Departamento de Estado de Estados Unidos incluía entre los problemas significativos “la corrupción del gobierno y la violencia doméstica”, junto con “el abuso infantil, el tráfico sexual y la falta de disposiciones legales que protejan los derechos de los trabajadores”. Junto con estos factores principales, está el hecho de que los ciudadanos de las Islas Marshall tienen una fácil vía a la inmigración a los Estados Unidos y pueden vivir, trabajar y estudiar en ese país sin necesidad de un visado.

Es comprensible que los líderes de las Islas Marshall prefieran hablar sobre el calentamiento global. Pero el periodismo hace un flaco favor al sugerir, erróneamente, que el aumento del nivel del mar es la causa de la emigración. 

Los formuladores de políticas que quieren ayudar a los residentes de las Islas Marshall deben enfocarse en la capacidad de hacer frente a las condiciones meteorológicas adversas, mediante la mejora de infraestructuras y la preparación ante posibles tormentas. Abordar cuestiones como la pobreza, la sanidad, la corrupción y la violencia doméstica podrían lograr aún más objetivos. Definitivamente, aquellos que tratan de ayudar deben tener una visión más amplia y ver el panorama general.

(*) Bjorn Lomborg es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”. Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. Además, es profesor visitante de la Copenhagen Business School.

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