| 2014/01/22

Lazos Familiares

El año 2014, aparte que será un año futbolero y electoral, ha sido designado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, en donde se pretende reconocer (una vez más) su importancia en la seguridad alimentaria mundial.

Ricardo Sánchez, Ex Viceministro de Agricultura y actual director de Seguridad alimentaria de The Nature Conservancy
Ricardo Sánchez, Ex Viceministro de Agricultura y actual director de Seguridad alimentaria de The Nature Conservancy

El año 2014, aparte que será un año futbolero y electoral, ha sido designado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, en donde se pretende reconocer (una vez más) su importancia en la seguridad alimentaria mundial, la conservación del medio ambiente, el desarrollo rural y busca mejorar los niveles de bienestar para los 500 millones de productores “familiares”, que producen el 70 por ciento de los alimentos a nivel mundial.   

Pero más allá de celebrar esta designación anual (¿alguien se acuerda que el año 2013 fue el Año Internacional de la Quinua, el 2012 el de las Cooperativas o el 2008 de la Papa?), no se debe seguir asociando la agricultura familiar a unos pequeños productores sin esperanza o como sinónimo de la pobreza rural, sino a un conjunto de empresarios rurales, capaces de innovar, aumentar su productividad, vender, ahorrar, ganar dinero, y mejor aún, que todos estos pasos los hagan uniendo lazos familiares para crear empresas.

En muchas regiones de Colombia, los procesos de reforma agraria se han dado por juicios de sucesión, trayendo como consecuencia (aparte de pérdida de ecosistemas valiosos) fragmentación de la propiedad (y de la familia) y un microfundio improductivo. 

Ante esta situación, es cuando los productores se limitan (como lo vimos hace seis meses en la papa y en el café), a pedir apoyos vía  precios de sustentación, cuando quizá lo más viable (y duradero) sea pedir apoyos para crear empresas familiares (o veredales) y que les permita diversificar, penetrar nuevos mercados, generar valor agregado y crear sectores y territorios sostenibles. 

Para la construcción de sectores sostenibles en regiones que predomina la agricultura familiar, la innovación y las tecnologías de información en el agro son necesarias: el Waikato Innovation Park de Nueva Zelanda es una muestra de cómo la unión de productores, centros de educación e investigación, tecnologías de la información  y consumidores finales pueden trabajar juntos para liderar procesos transformadores en los sectores pecuarios. Colombia está recibiendo apoyo técnico por parte de Waikato para poder convertir una zona netamente de agricultura familiar en el Departamento de Nariño en una de agricultura familiar empresarial. En sistemas de información, una de las plataformas más utilizadas en la India (Farmer Book), llegará a Colombia este año, donde agricultores pueden intercambiar, en tiempo real, problemas y soluciones como en  acceso a mercados, uso eficiente del agua, o manejo integrado de plagas. 

Pero a diferencia de los mundiales de fútbol o de los procesos electorales (que son cada cuatro años), la agricultura es un proceso diario y permanente y para ello necesitamos de herramientas como la innovación de Waikato o la información de Farmer Book en tiempo real. Por eso, más allá de la declaratoria de este año como el de la Agricultura Familiar, hay que buscar que estos agricultores (pequeños, medianos o grandes) creen empresas innovadoras y sostenibles, y que cambien ese diminutivo de “mi finquita” por el superlativo de  “mi fincasa” (como siempre ha pregonado Ramón Zuluaga, experto en seguridad alimentaria). 

Y es esa palabra “fincasa”, la que todo agricultor de este país debe empezar a consolidar con su familia, con su vecino, con su socio, con su vereda: “Finca S.A”, sociedad anónima, para que inicien una contrareforma agraria en torno al microfundio improductivo e insostenible. 

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