*Exdirector del Inderena.

Por eso, los europeos se interesaron en conquistar a los pueblos de orfebres que convertían el oro en multitud de objetos para invocar lo sagrado, adornaban sus cuerpos y alegraban sus vidas.

Ellos fueron los quienes recogieron de miles de ríos y quebradas las pepitas de oro, los fragmentos que flotaban en sus aguas o que se habían depositado en sus arenas. También inventaron la orfebrería prehispánica y los que, todavía hoy, nos sirven de tarjeta de presentación como un pueblo que fue artista. Parte de la actual tragedia minera consiste en que esta actividad persiste y se desarrolla en sus formas más agresivas, la conversión del oro en placer de vivir se ha reducido y confinado en el país a las emociones primarias de quienes adquieren los lingotes y los convierten en billetes.

No sabemos cuándo se iniciaron las guerras por el oro en este país. Es posible que la fragmentación que encontraron los españoles, la ausencia de imperio, fuera el resultado de la amplia distribución del mineral en casi todo el territorio, así como su influencia en la existencia de numerosos equilibrios de poder, consolidados por las igualmente equilibradas distribuciones del agua y de las posibilidades de cazar, además de cultivar raíces y frutos. Los aztecas y los incas lograron unificar sus países con monarcas omnipotentes, porque podían controlar las riquezas del territorio; así, en lo que hoy  en día es territorio Colombiano, eso era más difícil, incluso imposible. 

Esas dificultades del ejercicio de una autoridad central empezaron a confirmarse en los primeros años de la colonia, cuando se dieron cuenta los administradores españoles que no habían logrado controlar todo el territorio. Ellos mismos  acuñaron la frase de ‘se obedece pero no se cumple’ y los sucesivos visitadores enviados por la corona explicaron a los monarcas que aún había ‘indios de guerra’ que hacían muy difícil enviar a Europa todo el oro que habían fundido. Ellos pensaban que la mayoría de los objetos creados por los orfebres todavía se usaban en cultos religiosos secretos o se utilizaban entonces como moneda subversiva.

No es necesario explicar cómo esas interrelaciones entre minería y guerras continúan en la Colombia actual, pero si es preciso hacer énfasis en las relaciones de estos procesos con el concepto de patrimonio ecológico. Los ecosistemas que deben protegerse no solo están constituidos por la materia viva, la flora y la fauna; lo abiótico, lo químico y lo físico forman parte fundamental del patrimonio ecológico. Oro, carbón, níquel, hierro, calizas, granitos, arcillas, arenas y tierras raras,  todos estos minerales interactúan con el agua, el aire y las células para crear nuestros ecosistemas. Extraer grandes cantidades de minerales disminuye sin remedio el patrimonio ecológico de la nación y el Gobierno, quien actúa como representante de todos los propietarios, es el responsable de su deterioro. Son los ciudadanos futuros y sus gobiernos los que sufrirán cuando el oro se agote.

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