*Luis Gilberto Murillo - Ministro de Ambiente (Foto: Juan Carlos Sierra / Semana Sostenible)

Tras la firma oficial del acuerdo de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc, Colombia ha dado varios pasos adelante en distintos temas, pero particularmente en uno, trascendental para nuestro futuro como Nación: el Medio Ambiente.

Mucho se ha hablado de quiénes han sido las víctimas principales del conflicto que ahora termina. Pero es posible que el daño que ha sufrido el país en materia de recursos naturales, esté todavía por evaluar de manera cierta. Ojalá una buena tajada de los recursos presupuestales destinados a la confrontación vayan a la recuperación de los ecosistemas afectados por los actores que intervinieron en el conflicto a lo largo de estos años.

Un reciente informe publicado en la revista Semana Sostenible sostiene con razón que “mientras los datos de la tragedia humanitaria que han provocado 55 años de conflicto, y la responsabilidad de cada grupo armado en ella siguen saliendo a la luz, hay una víctima que no aparece en ninguno de los informes: el Medio Ambiente”.

Los daños relacionados con esta tragedia son elocuentes y por eso considero que ha llegado la hora de dar vuelta a la página y buscar que este rico país encuentre una manera de hacer sostenible su hábitat.

Las estadísticas conocidas son demoledoras y ellas hacen forzoso que entremos en razón ante el desafío que enfrentamos: en los últimos 35 años se derramaron 4.1 millones de barriles de petróleo; cerca de 760 mil barriles vertidos entre 2009 y 2015, afectaron de manera grave el agua y el suelo en 129 municipios. En el 40% de las poblaciones en conflicto se ha detectado extracción ilícita de minerales; entre 1990 y 2015, la deforestación de más de tres millones de hectáreas ocurrió en localidades azotadas por la violencia; y solo el año pasado, el 4.6% de esa deforestación se dio en Parques Nacionales Naturales como La Paya, la Serranía de La Macarena y el Nudo de Paramillo, entre otros.

En la idea de revertir esta tendencia destructiva, nos proponemos impulsar varios proyectos que, estamos seguros, contribuirán a mejorar gradualmente el ecosistema nacional: pondremos en marcha el programa  ‘Bosques de Paz’, enfocado en vincular a un determinado número de excombatientes de las Farc como guarda-parques en zonas protegidas;  desarrollaremos el programa de generación de Negocios Verdes, con recursos por más de cuatro millones de euros aportados por la Unión Europea; fomentaremos iniciativas como Visión Amazonía, un programa de paisajes sostenibles del Fondo BioCarbono; en Putumayo adelantaremos un proyecto  piloto de recuperación de zonas degradadas por impactos ambientales relacionados con petróleo; también le daremos realce a la declaración conjunta de interés firmada por Colombia, Noruega, Alemania y Reino Unido, para realizar acciones de monitoreo, control y vigilancia de los sistemas renovables y no renovables del país.

Estas son apenas algunas de las muchas estrategias a las que les apostaremos para enfrentar el enorme reto ambiental que nos espera, pues tenemos claro que los cultivos ilícitos son una de las principales causas de la deforestación, especialmente en los Parques Naturales Nacionales.

Las acciones descritas anteriormente apuntan a cumplir tres mandatos fundamentales contenidos en el Acuerdo de Paz: delimitación y estabilización de la frontera agrícola, protección de áreas de importancia ambiental y solución al problema de los cultivos de uso ilícito.

Para priorizar las tareas, el Ministerio de Ambiente avanza con la oficina encargada del posconflicto en la posibilidad de que excombatientes de las Farc, comunidades campesinas y etnias indígenas, se vinculen a las tareas de conservación ambiental a través de las corporaciones autónomas, previa formación en el Sena y en algunas universidades especializadas.

Desde luego el reto no es menor. Nos espera una labor titánica para ganarles la partida a los depredadores de nuestro invaluable hábitat. Con el concurso de todos les daremos una nueva oportunidad a ríos, llanuras, montañas, nevados, y en general a los campos colombianos. Ahí está el futuro y el Acuerdo de Paz, firmado en Cartagena, se convierten en un mandato obligatorio que estamos dispuestos a honrar.

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