Foto: Ricardo Ospina/Tomada de Semana.com

Ayer desayuné con la entrevista del exsenador Carlos Ferro y su esposa Marcela con los panelistas de Blu Radio. Después de que ella declaró que el video y sus consecuencias pertenecen exclusivamente a la esfera privada de su familia, Felipe Zuleta le preguntó a Ferro ¿Usted sabía que su esposa era tan verraca?

La decisión de la esposa del Sr. Ferro de perdonarlo es tan personal como el video en el que se ventilaron sus coqueteos con un policía. Ambos debieron haber sido igual de privados. Independientemente de que el perdón siempre es una buena decisión. La de Marcela de perdonar a su marido no la hace, bajo circunstancia alguna, más mujer, más valiente o mejor mamá.

Cada quien sabe cuáles son los términos de intercambio de su matrimonio, si en el de ella cabe esa decisión, allá ella. No la haría menos mujer o mala mamá dejarlo. Simple y sencillamente, no es cosa pública. El perdón de la esposa no equivale al perdón de la ley. Ferro deberá ser investigado no por sus indiscreciones ni sus preferencias sexuales sino por su abuso de poder.

Ahora, por puros fines recreativos, cierren sus ojos y contemplen por un instante que la exsenadora, ahora Viceministra Ferro es mujer. La señora es esposa y madre de familia. Se publica como resultado de una pésima decisión periodística un video de ella y su escolta o chofer (sea hombre o mujer) acordando en términos muy gráficos y literales un encuentro sexual. Queda entre lineas que la funcionaria tiene una activa, creativa y diversa vida sexual por fuera del matrimonio.

Su marido al día siguiente la perdona en vivo en radio y televisión.

  1. ¿Qué pensaría usted del marido?
  2. ¿Qué pensaría usted de que ella siguiera a cargo de sus hijos?
  3. ¿Qué pasaría con su carrera?

Cada quien podrá escenificar las respuestas a esas preguntas en su mente y de acuerdo con sus valores. Si un sonado caso costarricense nos da alguna evidencia, la Viceministra sería objeto de despido, divorcio y posiblemente pelea de custodia sobre sus hijos. Costa Rica es lo suficientemente parecido a Colombia como para que podamos pensar que algo similar pasaría en Colombia.

Es muy cómodo enmarcar a la imaginaria Viceministra Ferro en el estereotipo de puta, uno de los pocos que se les permite a la mujer en nuestra cultura. Esa misma cómoda simplificación que sucedió con Marcela Pineda, quien en el ciclo mediático de un día ha quedado enmarcada como virgen y mártir y por lo tanto madre y esposa ejemplar. Mientras el rol de la mujer sea perdonar de manera sumisa, eso la hace más mujer. Ahora, además de parir, servir, limpiar, cocinar y dar teta, también es de mujeres "de verdad" perdonar. 

Caer en la trampa de simplificar un tema tan complejo es peligroso. Ni hubiera hecho menos hombre al esposo imaginario de la Viceministra Ferro perdonar a su esposa por su creativa y mordaz vida extramarital, ni hace más mujer a Marcela perdonar a Ferro.

Ahora, si vamos a defender lo privado hagámoslo de manera coherente. En las ultimas 24 horas pareció que lo privado solamente se refiere a al contenido soez que nos provoca enorme incomodidad, pero no a las lindas historias de amor en las que hay final feliz y sentimos paz en nuestras barriguitas. 

*La columnista agradece los comentarios de Rosario Gómez y Ana María Peláez, entre otros, a una nota en Facebook. Sin ellos no hubiera sido posible construir esta nota.

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