M.Sc. en Ecología Industrial / Fundadora de www.circularinnovation.com / @juanacamacho @circularinnova

Actualmente, los líderes más prominentes del mundo están repensando los fundamentos de nuestro modelo económico. Esta transición de un modelo lineal basado en la infinitud de nuestros recursos a uno circular que reconoce los límites físicos de nuestro planeta, ofrece una oportunidad para que el país dé un salto hacia el desarrollo sostenible. La nueva economía se basa en elementos que nos son familiares, pero que en algún momento fueron tachados de pre-modernos y que debemos valorar.

Algunos la llaman la economía azul, otros la economía circular y algunos más la economía colaborativa. Lo único cierto es que es una economía diferente a la que enseñan en la universidad. Quienes se atreven a nombrarla son jóvenes emprendedores, jóvenes consultores, jóvenes investigadores, en general jóvenes que han sufrido una década de crisis financiera, crisis social y crisis ambiental. Son personas que se dedicaron a estudiar y a trabajar por un mundo diferente, con la idea de sostenibilidad en la cabeza.

Esta nueva idea de economía es en esencia diferente a lo que enseñan los textos. No se basa en el individuo sino en lo colectivo, pero no en el sentido del fracasado modelo socialista o el idealismo comunista. Está más enfocada en lo que hoy denominamos el ´crowd´ o la ´masa´, esa fuerza que se ha formado en los últimos 10 años gracias al internet y a las “sagradas” redes sociales. Esta nueva economía reconoce el poder de este ente (que unas veces salva la vida de personas y otras las destruye, todo en segundos) y lo utiliza para crear valor, satisfacer necesidades y movilizar recursos a través de plataformas virtuales, intercambios y movilizaciones.

Complementando lo expuesto anteriormente, esta economía se enfoca en la cooperación más que en la competencia. En la clase de principios de economía, cuando los primíparos empezábamos a entender de qué se trataba eso de la economía, lo primero que aprendíamos era que había una mano invisible que coordina a todo el mundo. Esa mano invisible era la competencia y detrás de ella, el egoísmo individualista. Luego de 200 años de convencer al público de esto, las investigaciones en economía y comportamiento, en sicología y economía y en otros muchos campos están demostrando un sinnúmero de desviaciones de este patrón. Por el contrario, los nuevos modelos de organización y empresa reconocen la importancia de trabajar en colaboración para crear valor. O como lo explica el profesor Juan Camilo Cárdenas: “la mano invisible del mercado combinada con la mano dura del Estado y el apretón de manos de la sociedad”.

En tercer lugar, esta nueva economía piensa en sistemas no en sectores y reconoce que hace parte de un todo más grande que ella: la sociedad y el planeta. Ello tiene como consecuencia que los profesionales en esta nueva economía no pueden pensar solo en términos económicos, mucho menos financieros; tienen que entender los aspectos sociales y ambientales de cualquier actividad económica. Esto significa que las decisiones no las toma un solo experto sino un equipo que puede pensar en términos complejos y no simples como alguna vez nos enseñaron.

La nueva economía significa una oportunidad para transformarnos como sociedad hacia la sostenibilidad.

¿Qué color es su vestido?

Holanda ha sido declarada recientemente ´hotspot´ de este nuevo modelo de economía y no es raro. Se trata de un minúsculo país que tiene muy limitados recursos naturales: un área equivalente a la del departamento del Chocó (46.000 km2), aloja 40 veces su número de personas. Según la Ecological Foodprint Network, en 2011 ese país necesitó 14 veces su área para suplir las necesidades de su población. Dados los riesgos que eso significa, los políticos, las empresas y en general los ciudadanos de esta nación se pusieron la meta de transformar su economía de manera que el uso de recursos sea lo más eficiente posible.

Esto se traduce en la implementación de modelos que promueven actividades como la reutilización, la reparación y la remanufactura de productos. Nuevos negocios como la minería urbana (recuperar los minerales valiosos presentes en edificios, electrodomésticos, etc.) y la logística en reversa (servicios para recoger productos al final de su vida útil) emergen, mientras otros renacen como el alquiler de ropa y de electrodomésticos o también conocidos como sistemas producto-servicios.

Y aunque Holanda parece un ejemplo difícil de seguir para un país tan ´rico´ como Colombia, si pensamos nuestras ciudades como pequeñas Holandas, este modelo puede tener sentido. Ciudades como Montería, Pereira o Yopal, entre muchas otras, tienen potencial para convertirse en centros de desarrollo más sostenible que atraigan población de ciudades más grandes. Y esto se debe a que allí existen aún los valores que esta nueva economía fomenta y sobre los cuales se fundamenta: colaboración, confianza e integración en contraste con valores típicos de grandes ciudades como la competencia, la independencia y desconfianza. Si la sociedad de estas pequeñas ciudades adopta este nuevo modelo basado en la economía colaborativa y circular, nuevas oportunidades aparecen y los errores de nuestras grandes urbes podrían evitarse.

Los grandes cambios, generalmente vienen de abajo, de la gente y sus iniciativas. Y esta nueva economía también viene de allí. Las bibliotecas de ropa u objetos son un ejemplo de estos nuevos modelos de negocio o las empresas que hacen talleres de “upcycling” para darle nueva vida a los objetos en desuso. Compartir el carro, la casa o el tiempo también hacen parte de esta nueva economía. Espacios de co-working que usan eficientemente oficinas o empresas dedicadas a recuperar materiales también son ejemplos a seguir. Y en el país ya se están empezando a crear políticas que pueden favorecer esta nueva economía, como el programa Cierra el Ciclo o la aplicación del principio de responsabilidad extendida del productor en la ya madura Política de Producción y Consumo Sostenible.

Muchas condiciones existen para que se dé esta transición en el país, y podría ser la ventana para favorecer el desarrollo regional que tanto necesita nuestra macro-cefálica nación. Esta es una invitación no para el gobierno, sino para todos los jóvenes emprendedores en política, negocios y acción social a pensar en las oportunidades que la nueva economía azul, circular o colaborativa nos ofrece para crear otro ´mundo´.

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