*Director de Dejusticia y del Observatorio de Justicia Ambiental (OJA)

Me explico: el plan que surgió de la cumbre no es un tratado internacional convencional, con obligaciones duras y uniformes para todos los países, sino una colección de promesas de los gobiernos nacionales sobre acciones para reducir las emisiones de carbono en sus territorios.

Esas acciones variarán de país a país. Algunos cerrarán para siempre sus plantas de energía basadas en carbón (como Inglaterra antes de 2025). Otros seguirán reemplazando energía sucia por energía limpia (como Alemania, que ha demostrado que el carbón no tiene futuro porque se puede reemplazar con energía solar y eólica). Otros, como Colombia y Perú, asumieron el compromiso de cuidar sus selvas y bosques atrapadores de dióxido de carbono.

Aquí es donde lo que hagamos en Bogotá o Leticia define el futuro del planeta. Las metas prometidas en París pueden quedar en el papel. O pueden comenzar el camino que evite que el calentamiento global supere los dos grados centígrados que los científicos han advertido que sería el máximo que la Tierra podría soportar antes de que entremos en la sexta extinción de especies, que sucedería a la que acabó con los dinosaurios y sería la primera causada por una de esas especies (nosotros).

El factor que puede marcar la diferencia es que usted y yo --y los lectores de Semana Sostenible, los demás ciudadanos preocupados, y las comunidades indígenas y campesinas que han venido trabajando por un planeta sostenible desde siempre— emprendamos iniciativas propias y presionemos al gobierno para cumplir las promesas para conservar los bosques. 

Para ser concreto: el gobierno colombiano, a nombre de todos nosotros, se comprometió en buena hora a eliminar la deforestación neta en la Amazonia, a cambio de 100 millones de dólares que entregarán el Reino Unido, Noruega y Alemania si se cumple la meta. Y está pensando si acepta 200 millones adicionales para hacer lo mismo en el resto del país, consciente de que las cifras recientes muestran que la tala de árboles subió 16 por ciento en el último año.

El acuerdo de París es global, pero las acciones serán locales. Lo más difícil viene ahora, cuando tendremos que solucionar los problemas profundos de gestión ambiental en Bogotá, y de corrupción y desidia en Leticia y el resto de la Amazonia y el país. El mundo estará atento.

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