| 2017/03/14

Parques Nacionales y turismo: hacia una solución

Si le damos a la directora de Parques y a la viceministra de Turismo la autoridad y el campo libre para que negocien de buena fe, serán capaces de desarrollar una política de turismo en parques aceptable para sus instituciones y favorable a los intereses del país.

Parques Nacionales y turismo: hacia una solución

Amo Colombia con todo mi corazón. Desde la primera vez que leí la Guía de aves de Colombia de Steve Hilty supe que tenía que venir. No me importó que la gente dijera que este país era un lugar peligroso, lleno de carteles de droga y guerrillas. La belleza deslumbrante de los parques nacionales y la amabilidad arrolladora de la gente me dejó una huella indeleble, una que, en retrospectiva, cambió el rumbo de mi vida. Después de mi primera visita en el 2001, y sabiendo que existían lugares en este planeta como la Sierra Nevada de Santa Marta, me costaba pensar en algo que no fuera Colombia.

Empecé a pensar mucho en que eventualmente Colombia llegaría a ser un país en paz, que pudiera seguirle los pasos a naciones como Costa Rica y usar el ecoturismo y el avistamiento de aves para mejorar la calidad de vida de la gente y financiar el trabajo continuo de conservación de su increíble biodiversidad. En el verano del 2003 conocí a Marta Hernández, la directora del Parque Nacional Natural Tayrona. Me dedicó toda una mañana, en la que contestó con paciencia mis preguntas con respecto al parque y me dio ideas para proyectos de investigación. Pocos meses después quedé consternado al recibir la noticia de que había sido asesinada por paramilitares. En los años siguientes tuve la fortuna de volver a Colombia y colaborar con la Unidad de Parques Nacionales investigando sobre mecanismos de sostenibilidad financiera en áreas protegidas y siendo guardaparque voluntario, probablemente una de las mejores experiencias de mi vida.

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Desde el 2013, y tras vincularme a la Sociedad Nacional de Audubon --una organización que se dedica a la conservación de aves y sus hábitats--, mi primera prioridad como Director del Programa para Latinoamérica fue comenzar a trabajar en Colombia. Desde entonces hemos trabajado con varias organizaciones del gobierno como Parques, Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT), FONTUR, y ProColombia, y con ONGs como la Asociación Calidris y Patrimonio Natural para avanzar la conservación de aves en Colombia. Una de las áreas a la que le hemos dedicado mucho esfuerzo es la de aviturismo, dado su potencial como herramienta de conservación y de desarrollo económico. En un periodo de tiempo relativamente corto, hemos avanzado varias iniciativas clave: construir la Ruta de Aviturismo del Caribe Colombiano, publicar La paz es mucho más que palomas, un estudio pionero sobre los beneficios económicos del turismo de aves y contribuir a que el gobierno lanzara el 26 de octubre de 2016 la Estrategia Nacional de Aviturismo, que tiene como meta convertir a Colombia en el destino número uno de observación de aves en cinco años.

Me alarmé cuando leí la noticia de una propuesta agresiva del MinCIT con respecto al turismo en los parques nacionales. El decreto presentado en noviembre propone que el MinCIT desempeñe el papel de administrar, regular y planificar actividades que tengan que ver con los “recursos turísticos naturales” de los parques nacionales. Mucho se ha escrito ya acerca de la propuesta desde que Semana Sostenible anunció la noticia, sin embargo, me gustaría sumar mi opinión y ofrecer algunas recomendaciones.

Primero, algunos puntos para orientarnos:

  1. El argumento en el que se basa la propuesta del MinCIT de que los parques son “recursos turísticos naturales” es evidentemente erróneo. Los parques existen para proteger y administrar los recursos naturales (tales como el agua, el suelo, la flora y la fauna) y los servicios que prestan. Parte de este manejo puede y debe incluir el turismo, así como también maneras de mejorar la vida de las personas, en particular aquellos que viven dentro de los parques y en sus zonas de amortiguación. Sin embargo, usar los “recursos turísticos naturales” como punto de partida no es válido; o como ustedes dicen “no tiene presentación”.
  2. El status-quo, o la política existente de parques y su actitud respecto al turismo necesita evolucionar a medida que Colombia entra en la era del posconflicto. Una mejor estrategia para el turismo en los parques haría mucho por garantizar la expansión y la sostenibilidad financiera del sistema de parques, sin permitir en ellos la construcción de hoteles funestos u otros proyectos inadecuados de infraestructura que socavan los esfuerzos de conservación y no benefician a las comunidades locales.
  3. Abrir los parques de manera prematura al desarrollo y la inversión privada en un intento impaciente de capitalizar un boom turístico es una receta para el desastre y una invitación a la corrupción. No pongamos el patrimonio natural del país en un “fast track” a la ruina. Animemos a la gente a trabajar en conjunto para negociar una mejor manera de manejar el turismo en los parques naturales que beneficie a todo el país.

¿Qué se puede hacer para encaminar las cosas en la dirección correcta?

Primero, veamos qué experiencias han sido exitosas en Colombia y en el exterior.

Existen ejemplos exitosos de proyectos de ecoturismo de base comunitaria en el sistema de parques colombiano y otros que muestran gran potencial. Otún Quimbaya y los estupendos guías de aves de la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco son un gran ejemplo—Jimmy Monsalve (el excepcional y elocuente líder de Yarumo Blanco)-  y compañía, no están recibiendo a mochileros de bajo presupuesto, sino a observadores de aves que gastan en promedio 310 dólares al día (a propósito, no tengo nada en contra de los mochileros; yo nunca dejaré de serlo). Existen muchos ejemplos más en los que se están haciendo las cosas bien. En el departamento de La Guajira, los Wayú y las comunidades afrocolombianas del Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos están demostrando que invertir en las comunidades y formar a guías y futuros emprendedores da resultado, incluso en los contextos más difíciles.

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El MinCIT, con su Programa de Transformación Productiva, por ejemplo, y otras agencias como FONTUR y ProColombia han hecho una gran labor direccionando la estrategia de turismo de Colombia en la dirección correcta, hacia un turismo de naturaleza con actividades como el avistamiento de aves, el buceo y otras que crean demanda para la inversión en la conservación y canalizan un mercado para generarlo.

Suelo ser reacio a decir: “En Estados Unidos hacemos tal y tal cosa, hagámoslo igual en Colombia”. Pero con respecto a los parques nacionales, sí hemos acertado. Se ha dicho que los parques naturales han sido la mejor idea que ha tenido Estados Unidos, ya que en 1872 Yellowstone fue establecido como el primer parque nacional del mundo. Los parques de ‘gringolandia’ son gobernados por la Ley Orgánica de 1916 que declara que “en áreas conocidas como parques, monumentos, y reservas nacionales” el propósito del Servicio de Parques Naturales es “Conservar el paisaje y objetos naturales e históricos, así como la fauna silvestre presente en ellos, y posibilitar el disfrute de los mismos de tal manera y por tales medios que los parques queden intactos para el disfrute de las generaciones futuras”. En este mandato está implícito el equilibrio entre la conservación y la recreación. Un desafío es que el concepto de recreación va cambiando. En 1916 no existían las motos de nieve, los vehículos todoterreno ni los drones—para no mencionar los selfie sticks—.

Sin embargo, hay que integrarlos de tal manera que no impidan que las generaciones futuras (o actuales) gocen de los parques. Se puede aprender bastante de la gestión de parques en Estados Unidos: existen buenos ejemplos y otros no tan buenos. Del lado alentador se encuentra la gestión de albergues emblemáticos en lugares como Yellowstone y Glacier National Parks, que son manejados de manera eficiente y transparente por concesiones que generan fondos para la conservación a través de donaciones voluntarias y entregan a la vez servicios y productos profesionales para sus visitantes.

En segundo lugar, apoyemos (e informemos) una negociación que avance los mejores intereses del país. En el clásico libro sobre la negociación Getting to Yes: Negotiating Agreement without Giving In (Obtener el sí: el arte de negociar sin ceder), Roger Fisher y William Ury subrayan cuatro principios centrales para la negociación eficaz: 1) Separar a las personas del problema (Propuesta a los medios: dejen de presentar el tema en tono sensacionalista como una batalla entre  dos personas o instituciones); 2) Centrarse en los intereses y no en la postura de cada parte (A la mayoría de las personas les interesa promover la conservación de los parques y el desarrollo económico de las zonas circundantes sin degradarlos); 3) Generar una variedad de opciones antes de llegar a un acuerdo (Existe una amplia gama de herramientas  y posibilidades y hay muchos casos de éxito de los cuales se puede aprender); y 4) Basar el acuerdo en criterios objetivos (estudios científicos y económicos, leyes, la Constitución, etc.).

Tengo plena confianza en que si le damos a la directora de Parques Julia Miranda y a la viceministra de Turismo Sandra Howard la autoridad y el campo libre para que negocien de buena fe, estas dos líderes dedicadas, competentes y fuertes serán capaces de desarrollar una política de turismo en parques no solo aceptable para sus respectivas instituciones, sino favorable a los intereses del país tanto en nuestra generación como en las futuras.

 

*Las opiniones aquí expresadas son las del autor y no representan necesariamente las de la Sociedad Nacional de Audubon. (Director del programa latinoamericano de Audubon)

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