*consultora en política y responsabilidad corporativa WWF Colombia.

Menos del 3 por ciento de agua del planeta es apta para el consumo humano: 97 por ciento es salada y gran parte de la restante se encuentra en glaciares. El recurso que se caracterizaba por ser el más abundante y renovable está sufriendo serias amenazas. 

El hombre necesita agua para todas sus actividades cotidianas, industriales y económicas. Y sobre todo, para la vida. Sin embargo, la población y el consumo han crecido de tal manera que en ciertas regiones del planeta se presenta una severa sobreexplotación o contaminación grave de las fuentes de agua. A esto se suma que solo el 1 por ciento del agua se renueva cada año por medio del ciclo hidrológico, que permite que el agua evaporada de la superficie terrestre regrese a los acuíferos por medio de la lluvia.

Es una realidad que los volúmenes de agua disponibles no crecerán. Y es momento de emprender estrategias que nos permitan llevar a cabo el desarrollo de nuestra civilización de manera sostenible y no quitándole la oportunidad a las siguientes generaciones de disfrutar de los recursos que la naturaleza nos brindó.

Por siglos las civilizaciones se han organizado alrededor de ríos y lagos para garantizar que el agua fuera el eje de su desarrollo. Luego, los avances tecnológicos y de infraestructura les permitieron adaptar los cuerpos de agua: hacer presas, canalizaciones y desvíos. Muchas de estas obras de infraestructura se hicieron sin tener en cuenta criterios ambientales. Los resultados fueron: contaminación, escasez de agua y graves afectaciones a la biodiversidad acuática altamente dependiente del mantenimiento de los flujos naturales. 

La huella hídrica, a diferencia de otros indicadores de uso de agua, evalúa el consumo real del recurso a lo largo de la cadena de suministro de una actividad humana. Por ejemplo, para producir una taza de café se utilizan en promedio 140 litros de agua. Esta cifra tiene en cuenta desde el agua que se utiliza en los cultivos cafeteros hasta la que se utiliza en la producción del café tostado. Es decir, todos los usos directos e indirectos del agua para crear un producto.

Pero más allá de la cifra de litros de agua, la huella hídrica nos ayuda a conocer el consumo detalladamente. Nos dice cuánto y dónde se ha consumido o contaminado una fuente de agua como resultado de una actividad humana.

Más de un tercio de la población mundial vive en cuencas que experimentan un severo estrés hídrico por lo menos durante un mes al año. Colombia, aunque es reconocido como un país rico en recursos hídricos, también está expuesta a este tipo de dificultades, ya que los problemas y conflictos asociados al agua usualmente no son causados por la cantidad sino por su distribución inequitativa. 

En Colombia la mayoría de la población migró y se asentó desde la costa caribe hacia la zona andina tomando el río Magdalena como ruta de navegación principal. Esto determinó el impulso industrial del área hidrográfica del Magdalena-Cauca. Hoy, más del 65 por ciento de la población y actividades económicas se ubican en esta área hidrográfica, que cuenta con menos del 15 por ciento de la oferta de agua de Colombia. 

La escasez de agua en zonas altamente pobladas le pone retos al país que no se limitan a las decisiones políticas, sino que involucran a los sectores productivos y a los consumidores. Pero entonces, ¿cómo un consumidor, un negocio o un gobierno pueden contribuir?

Para el sector privado es un incentivo económico reducir su consumo de agua. Cuando una empresa mide su huella hídrica obtiene información valiosa que no solo le permite ser más eficiente y reducir sus costos de producción sino que le da información sobre la fuente y el lugar geográfico donde se está consumiendo el agua (dentro y fuera de la planta de producción). Con estos datos, el sector empresarial conoce en qué punto de la cadena de producción tiene un mayor riesgo hídrico y puede desarrollar planes que le permitan custodiar el agua en la cuenca de manera responsable e inclusiva. 

Los consumidores también tienen un rol clave al exigirle a las empresas que no solo utilicen menos agua sino que se involucren en cuidar el ecosistema y las comunidades que se benefician de él. A medida que los consumidores se interesen más en estos productos las empresas estarán más motivadas en llevar a cabo estas acciones y divulgarlas. 

Es importante que gobiernos, empresas y consumidores sean responsables con su consumo de agua. La huella hídrica es una herramienta útil para garantizar el uso sostenible del recurso en el tiempo. Además, sirve para identificar todos los actores involucrados y los territorios más impactados. 

Colombia es un país con regiones increíblemente ricas en recursos naturales. Sin embargo, cuando el desarrollo económico y humano se empieza a ver amenazado por sequías, inundaciones, enfermedades asociadas a la contaminación o deterioro de la pesca, es que empezamos a preocuparnos por el estado del agua.

Todos necesitamos agua para vivir pero cada vez hay menos para nuestro consumo. Hay poca agua y está en riesgo. Nadie quiere vivir con sed. Todos temen de la sequía. Garantizar el agua para las generaciones futuras es un gran desafío. Para lograrlo, se necesita voluntad política, compromiso empresarial y la conciencia de los consumidores. 


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