Este año es igual. De acuerdo con el proyecto de ley presentado al Congreso de la República, el sector Ambiente y desarrollo sostenible participa con el 0,6% del total de la inversión asignada para la vigencia 2016, equivalente a 252 mil millones de pesos. En este marco, se consideraron como puntos neurálgicos: conservación, manejo y protección del Sistema de Parques Nacionales Naturales, el licenciamiento ambiental y la producción de información hidrológica, meteorológica y ambiental.

Teniendo en cuenta estas cifras ¿Qué hay de nuevo para decirle a un Gobierno que no entiende la importancia de proteger lo que garantiza la vida de todo lo que vive en el territorio? En los últimos meses las noticias frente al sector parecían ser catalizadoras para que la política ambiental en el país se tomara en serio: la tragedia en Tumaco a raíz del derramamiento de crudo, la protección de zonas para la conservación del país y el compromiso de reducir en 20% las emisiones de gases de efecto invernadero hicieron creer de alguna manera, que era posible que el gobierno Santos diera un giro en lo que siempre se hace frente al medio ambiente.

Sin embargo, lo que demuestra el país de la “responsabilidad fiscal” es que invertir en el entorno no genera propaganda inmediatista para divulgar, y por lo menos en la mayoría de funcionarios públicos aún no hay conciencia. Basta con recordar la votación final del Plan Nacional de Desarrollo a finales de mayo de este año (Ver: Minería y licencias exprés al PND, el medio ambiente el gran perdedor), donde a pesar de que la proposición para prohibir la minería en páramos había sido acogida, el lobby y la maquinaría lograron excluirla del texto final.

Lo bueno de todo y lo diferente del mensaje es que si bien no hay plata para medio ambiente y tal vez no la habrá, son los ciudadanos, las comunidades quienes demuestran que las cosas se pueden hacer diferentes. Por ejemplo: 2.700 pequeños y medianos ganaderos en 14 departamentos del país le están apostado a cambiar la ganadería extensiva por los sistemas silvopastoriles y en Chocó, más exactamente en la parte que limita con el Mar Caribe, decenas de líderes comunitarios están cuidando sus bosques y desarrollando modelos de financiación sostenible.

La tarea de tener un país más responsable con los recursos no es fácil si se tiene una visión de corto plazo. Si algo han demostrado estos proyectos, es que confían en el mañana y sobre todo confían en ellos. Onécimo González uno de los líderes del consejo comunitario de ACAPA dijo en una reciente visita a Bogotá que “la confianza es el bálsamo para generar desarrollo” y a Colombia y quienes tienen el poder de decisión aún les falta mucho en estos dos campos.

Así que si bien no hay plata para el medio ambiente desde el Estado, desde que haya personas dispuestas a trabajar, organizaciones responsables, además de una empresa privada realmente convencida de que el medio ambiente es una inversión rentable, habrá un camino para seguir trabajando y no solo llorar por lo que no es, no fue y no será.

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