*Director Ejecutivo de Volans / Director de SustAinability

En los años ochenta asistí a uno de los almuerzos de trabajo más estresantes en los que he estado. Fue presidido por una compañía minera norteamericana que operaba en las Montañas Rocosas. Les había avisado con anterioridad a los encargados de la comida que soy vegetariano, pero más tarde una fuente interna me informó que habían decidido servir carne solo para ver qué pasaba. Como quería hablar de los impactos de su operación y tener legitimidad ni siquiera pestañeé mientras me comía mi plato. 

Hoy es increíble cómo han cambiado las cosas. Solo para dar un ejemplo, a la fecha vemos compañías mineras que compiten por estar en esos primeros lugares del índice Dow Jones de Sostenibilidad. 

Sobre el tema del oro tuve el privilegio de ser parte del consejo de la iniciativa El futuro del oro del The Guardian Sustainable Business en 2013. En ese momento mis colegas del consejo y yo aprendimos que el producto que más sirve para ser reciclado en el mundo es el oro, ya que nunca se corroe y puede ser usado y reusado para todo: desde dinero y joyería, hasta tratamientos médicos. 

Como reportó el diario británico The Guardian en 2013: “El Consejo global del oro dio a conocer su estándar de oro libre de conflictos en octubre de 2010 para incrementar los estándares de la industria y para establecer buenas prácticas que pueden ser replicadas”. Este estándar busca evitar que las compañías mineras del mundo financien guerras. 

Para países como Colombia, el mayor reto no se relaciona con el manejo que se le dé a los impactos de la megaminería, sino con el trabajo que se haga con operaciones de minería artesanal ilegal mucho más pequeñas. Años atrás recuerdo haber leído que el sector artesanal minero en Colombia tenía 200.000 mineros que producían 30 toneladas de oro cada año. Solo en el Nordeste antioqueño hay 17 pueblos mineros donde residen entre 15.000 y 30.000 mineros ilegales.

Los peligros a los que se han enfrentado estas personas, debido a los grupos guerrilleros y paramilitares, los han obligado a procesar sus minerales en sus pueblos. Esto tiene impactos en el aire; sube los niveles de mercurio dentro de las compraventas de manera inimaginable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Colombia ocupa el primer lugar como el país en el que más contaminación se genera por cada minero ilegal. 

Las grandes compañías tienen, por supuesto, un papel importante que desarrollar en miras de ayudar al gobierno a enfrentar dichos problemas y estándares, tal como el emitido por el Consejo Global del Oro. Pero aún hay una pregunta por responder, una duda que tenemos, por ejemplo, quienes participamos activamente en la cumbre del Foro Económico Mundial (FEM).

Rachael Bartels, cabeza los asuntos mineros en la firma de consultoría Accenture, dice que el sector minero tiene la posibilidad de jugar un papel vital en la construcción de un futuro sostenible. “Es una industria con impactos globales que opera en todos los continentes, menos en la Antártida, y provee materiales que se encuentran en casi todos los productos que consumimos. Es una industria que se ha enfrentado a grandes retos ambientales y sociales, lo que le permite tener la experiencia y habilidades para llevar la sostenibilidad a las operaciones de las empresas. Finalmente, con proyectos que toman décadas, esta es una industria acostumbrada a operar con perspectivas a largo plazo, que son el corazón de la sostenibilidad”. Con esto como preámbulo, la pregunta de la que hablaba es: ¿Pueden los mineros de hoy volverse, entonces, los custodios de la sostenibilidad del mañana?

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