*especialista en economía verde de WWF Colombia.

"Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad", dijo Neil Armstrong hace 45 años al pisar la Luna. Ese pequeño paso dejó una huella imborrable.

Imaginemos la huella que dejan todos los pasos de 7.000 millones de personas en la Tierra y los de los millones que ya murieron. Estas acciones poco a poco van reduciendo los recursos que tenemos disponibles para nuestra supervivencia. Para conocer la magnitud de dicho impacto sobre el planeta se mide la Huella Ecológica, uno de los indicadores que utiliza el Informe Planeta Vivo.

Lo interesante de la Huella Ecológica es la simplicidad con la que mide el impacto. El indicador calcula en hectáreas globales (hag) el área que usamos en actividades productivas como cultivos, pastoreo, suelo urbanizado, zonas pesqueras, bosques productores, entre otros. Pero también mide el área de bosque que necesitamos para capturar las toneladas de carbono que emitimos, que corresponden a la Huella de Carbono, y que causan el cambio climático. 

De hecho, la Huella de Carbono es el principal componente de la Huella Ecológica  en el mundo. El cambio climático ha sido reconocido como uno de los principales problemas que el ser humano enfrenta en el momento, por lo que uno de sus retos más importantes es cambiar la forma de generar energía y hacer una transición que deje de lado el uso de combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, y pase a utilizar energías renovables. 

Lo anterior es relevante para Colombia porque somos un país que depende económicamente de la explotación de sus recursos naturales, especialmente del petróleo y el carbón. Entonces, cualquier acción para reducir la Huella de Carbono a nivel mundial tendrá impactos en la economía colombiana. 

Actualmente, nos presentamos a nivel mundial como un país limpio en materia de emisiones. Esto es parcialmente cierto. Por un lado, casi el 70 por ciento de la matriz eléctrica del país es hidroeléctrica: esto hace que Colombia sea responsable de un porcentaje muy pequeño de las emisiones globales. Sin embargo, esta afirmación no tiene en cuenta las emisiones de carbono provenientes de la combustión del petróleo y carbón extraído en el país, ya que esta actividad se hace principalmente en otros países. 

En Colombia, la Huella de Carbono viene creciendo en los últimos años y se espera que lo siga haciendo en casi todos los sectores, esto se refleja en que es el segundo componente más importante para la medición de la Huella Ecológica. Por ejemplo, para el 2040, en los sectores minero-energético y agropecuario se esperan aumentos de emisiones de gases efecto invernadero de un 70 por ciento y 30 por ciento sobre los niveles de 2004, respectivamente. A ese paso, ¿será que podremos seguir diciendo que somos un país limpio en materia de emisiones de gases efecto invernadero?


Actualmente, lo que más pesa en la Huella Ecológica colombiana es el área utilizada para pastoreo debido a la deforestación para expandir la frontera agropecuaria y a las emisiones de metano producidas por el ganado. Esto no resulta extraño si se observan las grandes extensiones de terreno con pocas vacas. Es imprescindible mejorar la eficiencia por hectárea del sector ganadero y desarrollar mejores prácticas productivas (como sistemas silvopastoriles). 

Según el Global Footprint Network, la Huella Ecológica del país es de 1,9 hag per cápita, similar a la de otros países andinos. En el caso colombiano, la huella ecológica es menor a su biocapacidad, que corresponde a 3,86 hag per cápita. Esta última se refiere a la capacidad que tiene el área explotada de renovarse y seguir proveyendo los recursos que necesitamos y que son vitales para nuestra subsistencia. 

En Colombia la Huella Ecológica está aumentando como consecuencia del crecimiento poblacional. Esto implica un enorme reto para el país. Si nuestras políticas de desarrollo siguen dejando este tipo de indicadores a un lado, no vamos a lograr que la huella ecológica no exceda la biocapacidad. En otras palabras, nuestro desarrollo dejará de ser sostenible. 


Varios países ya pasaron el umbral en el que la Huella Ecológica es mayor que su biocapacidad y, de hecho, si todos viviéramos como lo hacen en Qatar o Estados Unidos, necesitaríamos 4,8 y 3,9 planetas, respectivamente. En el momento se necesita 1,5 ya que se talan árboles a una mayor velocidad del tiempo que tarda reforestar, se pescan más peces de lo que los océanos pueden reponer y se emite más carbono a la atmósfera del que los bosques y océanos pueden absorber. 

Esto es insostenible. Solo tenemos el planeta que Neil Armstrong pudo ver desde el espacio. La huella que él dejó es reconocida por toda la humanidad. Esperemos que la huella de cada uno de nosotros sea positiva y cuando nos vayamos nos sintamos orgullosos del impacto que dejamos en la única casa que todos hemos habitado: La Tierra. 


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